Europa

18 julio, 2019

La España donde el gallo negro era grande pero el rojo era valiente

En 1936 era un secreto a voces en toda España que se avecinaba un golpe de Estado contra la República del Frente Popular democráticamente electo en febrero de ese año. Fue un 18 de julio cuando la guerra civil estalló en lo que fue la antesala de la lucha contra el fascismo en todo el mundo.

En 1936 era un secreto a voces en toda España que se avecinaba un golpe de Estado contra la República del Frente Popular democráticamente electo en febrero de ese año. Fue un 18 de julio cuando en el marco del alzamiento militar comandado por Francisco Franco -en confabulación con la Falange de José Antonio Primo de Rivera y otros jefes militares- se sublevaron ciudades y zonas estratégicas de la península para derrocar al gobierno.

Comenzaba así la guerra civil española al no lograr los sublevados su objetivo inmediato de hacerse con el control del país y terminar con “los rojos”. Un conflicto que duraría hasta 1939 y que rápidamente se haría internacional. La Italia fascista y la Alemania nazi darían su apoyo a Franco y la Unión Soviética a la República, mientras que Francia y el Reino Unido se mantendrían distantes.

Pero también, en forma voluntaria al principio y después organizados en Brigadas Internacionales promovidas por los Partidos Comunistas, hombres y mujeres de todas partes del mundo acudieron a España a luchar contra el fascismo en ascenso.

Llamada por los historiadores como una “guerra mundial en miniatura”, la guerra civil española fue una prueba de laboratorio de concepciones bélicas que luego se aplicarían en la Segunda Guerra Mundial: la guerra total y de aniquilamiento con bombardeos a poblaciones civiles. La muerte y destrucción que Picasso inmortalizaría en su Guernica como símbolo de la barbarie.

Las dos Españas en ebullición

“Españolito que vienes
Al mundo, te guarde Dios
Una de las dos Españas
Ha de helarte el corazón”
Antonio Machado, 1917

El mundo en la década del ’30 era un mundo en crisis, donde las tensiones se agudizaban cada vez más y las posiciones ideológicas se polarizaban al ritmo de una economía quebrada luego de la crisis de Wall Street en 1929.

El descreimiento hacia el sistema democrático como solución a esta situación comenzaba a extenderse cada vez más por derecha y por izquierda. Europa era un polvorín que terminaría de estallar en 1939 con la guerra mundial.

En este contexto, España en abril de 1931 proclamó la Segunda República (la primera había sido un breve interregno democrático en 1870). Desde 1902, la península ibérica era una monarquía constitucional donde el poder en el Parlamento se lo turnaban liberales y conservadores sin lugar para terceros. Unos y otros representaban los intereses del clero, la nobleza, los terratenientes y sectores de la burguesía.

Por fuera de toda representación parlamentaria, pensadores, artistas y demás figuras de la cultura luchaban por la modernización política y cultural de España. Un país sumido en el atraso económico, con una población mayormente rural y donde la Iglesia era un factor de poder relevante, un actor político de peso que tenía en sus manos la educación de un pueblo donde la mitad de la gente era iletrada.

A la España católica, oscurantista, monárquica y militar se le oponía la España laica, moderna y republicana. Franco y Federico García Lorca.

La monarquía del rey Alfonso XIII era incapaz de contener esta bomba de tiempo y por eso en 1923 se instauró con gobierno militar con Primo de Rivera a la cabeza. Sin embargo, este también se vería incapaz de contener la situación y en 1930, con la complicidad del rey, se realiza un nuevo golpe dentro del golpe.

Pronto la dictadura de Primo de Rivera caería en un descrédito mayor que el del rey Alfonso XIII. El movimiento republicano fue ganando adeptos incluso entre los conservadores y el monarca, acorralado, llamó a elecciones en 1931 donde triunfó ampliamente una coalición republicana-socialista.

La República y su etapa más radical

Se daba inicio así al llamado Bienio Reformista (1931-1933) de la Segunda República, el periodo de mayores reformas progresivas y vanguardistas en lo social y en lo educativo que tuvo la experiencia republicana.

En materia de género, se auspició el voto femenino, el divorcio, la regulación del aborto; se suprimió la enseñanza obligatoria de la religión en las escuelas. Para combatir el 45% de analfabetismo que afectaba a la población, se dispuso un programa de construcción de 7 mil escuelas, además de aumentar sueldos y cargos docentes.

Para superar el atraso educativo, era necesario infraestructura escolar y modernizar la educación. Se eliminaron los castigos corporales y se incorporó la enseñanza de lenguas regionales. Fue la época de las misiones pedagógicas ambulantes inspiradas en experiencias anarquistas y socialistas; se llevaban bibliotecas, radios y obras de arte a los rincones más aislados y olvidados del territorio.

En materia económica, se implementó la jornada laboral de 8 horas para los trabajadores rurales, se prohibió expulsar arrendatarios de las fincas y se creó un Instituto de Reforma Agraria para dar tierras a 70 mil familias por año.

El Frente Popular y el estallido

“Se encontraron en la arena
los dos gallos frente a frente
El gallo negro era grande
pero el rojo era valiente”
Chicho Sánchez Ferlosio

A pesar de las medidas progresivas, el primer gobierno republicano sería tensionado por derecha como por izquierda. Hubo elecciones y los republicanos de izquierda fueron desplazados dando lugar a lo que se llamó el Bienio Negro, un periodo hegemonizado por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA).

Se dio marchas atrás con muchas de las medidas más progresivas del gobierno anterior y la conflictividad social aumentó. En 1934 tuvo lugar la insurrección de los mineros de Asturias, donde las dos mayores centrales obreras, la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) y la anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), unían fuerzas a partir de una lectura en común: se venía el fascismo en España y en toda Europa y era necesaria una respuesta revolucionaria.

Se tomaron fábricas y se organizaron comunas. Finalmente, el levantamiento fue ferozmente reprimido con fusilamientos, torturas y violaciones.

En 1936 se conformó el Frente Popular, impulsado por Manuel Azaña -ex presidente de la república en su etapa progresiva- y los socialistas con la idea de recuperar el programa del Bienio Reformista y de liberar a los presos de la Revolución asturiana. Este mismo año, en febrero, hubo elecciones y lograron imponerse por sobre una alianza de derechas. Meses después, la bomba estalló y las dos Españas lucharían a muerte.

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