América Latina

22 julio, 2019

Florestán Fernandes, sin miedo de ser socialista

Por Gabriela Giacomelli. A 99 años de su nacimiento, Florestan Fernandes es retomado una y otra vez como ejemplo de vida y como intelectual revolucionario por el movimiento popular brasilero. La Escuela internacional de formación de cuadros fundada por los Sin Tierra en ese país, lleva su nombre como homenaje y prueba de la vigencia de su pensamiento.

Por Gabriela Giacomelli*. A 99 años de su nacimiento, Florestan Fernandes es retomado una y otra vez como ejemplo de vida y como intelectual revolucionario por el movimiento popular brasilero. La Escuela internacional de formación de cuadros fundada por los Sin Tierra en ese país, lleva su nombre como homenaje y prueba de la vigencia de su pensamiento.

Sin embargo, en nuestro país, las referencias a su vida son escasas y suele ser más conocido como “el padre de la sociología brasilera”. Pero Florestan Fernandes no es ni sociólogo ni brasilero, o al menos no es solo eso.

Es difícil articular un escrito breve sobre este personaje sin que la demanda analítica del registro quiebre la maraña de una vida, pensamiento y obra densamente integrados junto con la evolución histórica de las marchas y contramarchas de nuestro pueblo. Fue sociólogo y doctor por la Universidad de San Pablo (USP) y es autor de una vasta producción académica. Pero, como él mismo dijo, su propia vida fue su obra más importante, así como su reflexión sociológica es previa a su tránsito por la USP e incluso a su escolarización.

“Nunca me hubiese sido el sociólogo en el que me convertí sin mi pasado y sin la socialización pre y extra escolar que recibí, a través de duras lecciones de la vida (…) Inicié mi aprendizaje ‘sociológico’ a los seis años, cuando nececité ganarme la vida como si fuera un adulto y penetré, por las vías de la experiencia concreta, en el conocimiento de lo que es la convivencia humana y la sociedad”, recordaba.

Y completaba: “El niño estaba perdido en ese mundo hostil y tenía que replegarse sobre sí mismo para encontrar, en las ‘técnicas del cuerpo’ y en los ‘trucos de los débiles’, los medios de autodefensa para la supervivencia. Yo no estaba solo. Estaba mi madre. Sin embargo, la suma de dos debilidades no hace una fuerza. Éramos barridos por la ‘tempestad de la vida’ y lo que nos salvó fue nuestro orgullo salvaje”.

La praxis del intelectual orgánico

Florestan nació en San Pablo el 22 de julio de 1920, hijo de María Fernandes, en un parto de riesgo por problemas de malnutrición. Por una concatenación de hechos, en la que se combinó la fortuna y la virtud, logró insertarse en la universidad y erigirse como una eminencia intelectual. No obstante, siempre mantuvo coherencia con su origen de clase en el campo de las ideas, entendiendo que aquí tampoco es posible la neutralidad y que todo desarrollo teórico es “orgánico” a algún sector de una sociedad signada por la contradicción.

La adopción del marxismo como marco ideológico y metodológico fue, según él mismo, lo que le posibilitó esta “fidelidad” entre origen, pensamiento y acción. El marxismo de Florestan Fernandes es un ensayo de reconstrucción y reelaboración permanente. Acusado por algunos de ecléctico, retoma fuentes clásicas de esta tradición como herramientas vivas para pensar e interpretar la sociedad capitalista de la periferia.

Desarrolló una serie de categorías histórico conceptuales tales como “revolución dentro del orden y revolución contra el orden”, “autocracia burguesa”, “revoluciones interrumpidas”, “contrarevolución”, para intentar explicar las formas que asumen, en su articulación con estructuras de poder anteriores como el racismo, la esclavitud y el colonialismo, la explotación y dominación capitalistas en las naciones latinoamericanas.

A su vez, los análisis y escritos de Florestan se abocaron a comprender y analizar de qué manera el vínculo de dependencia hacia afuera va configurando, a partir de las condiciones existentes en nuestros países, una estructura determinada de relaciones sociales y políticas. Las relaciones “macro” se confunden con lo local, y lo local sólo puede ser comprendido a partir de su fundición con relaciones globales.

El tránsito de la sociedad colonial a la sociedad capitalista en América Latina define una burguesía débil, que carece del papel revolucionario que Marx le designara en el marco de la destrucción del Antiguo Régimen europeo. La debilidad y conservadurismo objetivo de las burguesías latinoamericanas las desplazan de su papel constructivo de cara a reformas democráticas consideradas típicas de la sociedad capitalista, y dejan un vacío que abre paso al protagonismo popular.

La dialéctica entre la lucha por reformas y el horizonte revolucionario es quizás el centro de la reflexión de Florestan y el lente a través del cual podríamos comprender su legado.

Florestan piensa, escribe y actúa para la revolución, no como destino irrefutable de nuestra Patria Grande, sino como un horizonte en construcción cuya vivacidad se constata con la imposibilidad del capitalismo, en todas sus formas, de resolver “el drama humanitario” que azota a nuestro pueblo. El término “revolución” tiene una profundidad y complejidad que es desarrollada a lo largo de toda su obra y sistematizada en el breve escrito ¿Qué es la revolución? recientemente publicado por la editorial argentina Batalla de Ideas.

La crítica desde el ojo de la tormenta

El militante e intelectual brasilero nos ofrece un arsenal de herramientas dirigidas a la acción de los sectores organizados de las clases populares, que emerge dentro de un contexto particular de fracaso de la resistencia armada contra la dictadura brasilera (1964-1985), y de reascenso de la lucha popular, sindical y política con la emergencia de un poderoso movimiento sindical y de trabajadores rurales. Al volver de su exilio en 1972, su mayor preocupación es, justamente cómo encauzar esta revitalización de la lucha en una dirección revolucionaria.

Toma nota de un vacío partidario y de la enorme fragmentación de la izquierda en pequeños grupos incapaces de percibir las transformaciones en curso y priorizar el movimiento de masas por sobre la autoconstrucción y autorreferencia.

El surgimiento del Partido de los Trabajadores (PT) encabezado por Lula da Silva va a asumir ese rol histórico y saldar la demanda del movimiento socialista, funcionando como factor aglutinante de las fuerzas dispersas. Florestan Fernandes se integra al PT y asume la labor parlamentaria. Bajo la consigna “contra las ideas de la fuerza, ¡la fuerza de las ideas!”, fue elegido en 1987 como diputado federal y reelecto en 1991 con el lema “sin miedo de ser socialista”.

Desde este involucramiento activo en la arena política Florestan continuó sus reflexiones y disputó de cara a lo que él consideraba los grandes desafíos de la revolución brasilera y latinoamericana.

Ya en sus últimos años de vida, cuando el PT logró un avance importante en el campo institucional, elaboró una serie de críticas que advertían riesgos de burocratización y subordinación de la lucha de clases a la lógica del sistema político partidario y el consecuente descuido de la formación de cuadros y lucha de masas. Pero no lo hizo desde su escritorio sino desde “el ojo de la tormenta”, asumiendo siempre las contradicciones.

Lo que preocupó centralmente a Florestan fue cuál era el modo de acumulación de fuerzas que podía potenciar al movimiento socialista sin limitarlo ni sacrificar posiciones. En este marco, la temática de la alianza de clases cobró un protagonismo creciente. Sostenía que había que priorizar la lucha de clases por sobre la alianza de clases. Esto no significa el rechazo a las alianzas sino su comprensión bajo el parámetro de la lucha de clases y no de caracterizaciones abstractas.

Su mirada táctica y estratégica siempre buscó aferrarse a los movimientos contradictorios y caóticos de la lucha de clases, ya que, desde su perspectiva, es este el punto de partida no solo para el establecimiento de alianzas sino, fundamentalmente, para la delimitación general de los desafíos y objetivos de la organización popular.

Rescatar la vida y obra de Florestan Fernandes en esta coyuntura, de un renovado embate contra las ideas marxistas, el sindicalismo y la persecución política, judicial y mediática hacia posiciones mínimamente críticas, es parte de una gran tarea de reconstrucción y reformulación de nuestros proyectos emancipatorios. Para esto, quizás nos sea más fructífero recordarlo, no tanto como un sociólogo brasilero, sino como un revolucionario latinoamericano.

* Traductora y autora del prólogo del libro “¿Qué es la revolución?” de Florestán Fernandes. Batalla de Ideas (2019).

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