América Latina

29 julio, 2019

¿Por qué Evo Morales puede perder las elecciones?

Susana Bejarano es una joven periodista boliviana. Conduce el programa de análisis político “Esta casa no es hotel”, que sale los domingos por la Red ATB en horario central. En esta entrevista con Notas analiza las razones por las cuales Evo Morales podría perder las elecciones presidenciales de este año, a pesar de que su economía es la que más crece en la región.

Susana Bejarano es una joven periodista boliviana. Conduce el programa de análisis político “Esta casa no es hotel”, que sale los domingos por la Red ATB en horario central. En esta entrevista con Notas analiza las razones por las cuales Evo Morales podría perder las elecciones presidenciales de este año, a pesar de que su economía es la que más crece en la región.

Sólo después de ese ejercicio de entendimiento de la profunda transformación que ha vivido Bolivia bajo el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), se permite dar cauce a esta profunda reflexión.

– ¿Por qué un gobierno como el de Evo Morales, que mantiene el mayor crecimiento económico en la región desde hace seis años, puede perder la elección presidencial?

– No solamente es un tema de los mejores índices económicos. La microeconomía también se ha llevado bien y esto tiene que ver con que la política de redistribución y el modelo económico diseñado por el MAS ha hecho que a todos los bolivianos nos llegue este bienestar. No solamente estamos hablando de construcción de grandes carreteras o de plantas industrializadoras, lo que se refleja en números macro, sino que la política de redistribución lo que ha conseguido es que la gente tenga más dinero en el bolsillo y esto ha transformado la sociedad significativamente.

– ¿Entonces cuáles son las razones por las cuales está en duda el triunfo electoral?

– Primero, creo que los bolivianos nos hemos acostumbrado a vivir mejor, entonces aquello que hemos ganado ya no se lo queremos deber a nadie, ya no me lo cobres. Es lo mismo que cuando un padre le dice al hijo “yo he logrado que tú estudies” y una vez que ya has terminado los estudios dices “bueno, ya, es verdad que me has pagado la universidad, pero me lo vuelves a reclamar y no te vuelvo a ver más”.

Ha habido un momento errático de la comunicación del gobierno entre 2015 y 2017, que exigía que el boliviano le agradezca a Evo. Pero nadie quiere agradecer nada a nadie, pues es el gobierno y tiene la obligación de trabajar por la gente que lo ha elegido. Creo que ese ha sido un factor, pero no el determinante.

Lo otro que ha sucedido es que Morales realizó el referéndum de repostulación muy pronto. Venía de ganar una elección con un discurso de industrialización, de crecimiento. “Bolivia corazón energético” era el discurso del 2014, y en el 2015 te aventuras a convocar a un referéndum para seguir quedándote, pero la gente te acababa de votar el año anterior con más del 60% de los votos. Creo que psicológicamente predispone mal a los bolivianos: “Espera un poco, te acabo de confiar el Estado, ¿no? Y creo que lo puedes hacer bien, espérame un ratito, veré qué haces en este tiempo y luego te planteo si quiero que te quedes”.

Mira, tú tienes la elección de 2014 en octubre, las municipales en abril de 2015 y en septiembre ya se lanza el referéndum que se votará en febrero de 2016. Entonces, evidentemente existe una saturación del votante. Es decir, yo no voy a ir a votar mil veces al MAS. Hubo una mala lectura. Ningún votante va cada tres meses a votarte porque sí.

También las formas en las que se lanzó el referéndum, ya que es la organización social la que intenta imponerlo, cuando en tu gobierno se había ampliado la clase media y ese sector tal vez no se siente demasiado representado por la organización social. Lo que se parece más a Bolivia ya no es la organización social, sino más bien la clase media, aunque sigas teniendo prácticas de la organización social, aunque sigas militando allí y sigas siendo parte de ella, aunque tus padres sean dirigentes. Entonces la gente, aunque el origen sea la organización social o el sindicato, había dado un salto a “clasemedianizarse”.

Hay nuevos accesos y por lo tanto nuevos imaginarios. Y la oposición fue efectiva sobre esos nuevos imaginarios, de ya no parecer esa forma de representación conflictiva sino más bien más ciudadana, más globo, más Mauricio Macri. Justamente Macri gana las elecciones en ese tiempo y eso también tiene un efecto, por el tipo de campaña que plantea, por el tipo de sociedad que te propone, de la meritocracia, de que hay que sacar a estos chorros, a estos grasas.

– ¿Qué implicancias tiene en la sociedad ese salto a la clase media de un sector importante de la población?

– De alguna manera, también a partir de los nuevos accesos sociales, se invadieron esos espacios donde antes el mundo popular no participaba. Tú vas a los centros comerciales y ya no son un lugar para una clase determinada sino lugar donde acceden económicamente todos. Hace aproximadamente unos diez años atrás esa fotografía tú no la veías.

Evidentemente, en muy poco tiempo, ha habido una sensación de avasallar espacios. Unos barrios que estaban construidos para una clase social, hoy día ya no lo están. Aquí vas a escuchar mucho “se llenó de masistas, puro masistas por allá”. Reemplazaron “puro indios” por “puro masistas”. Lograron que ser masista sea sinónimo de ser indio. Entonces en la calle ya no insultaban al “indio de mierda”, sino que decían “masista de mierda”.

Parte del ascenso social está conectada a la práctica del racismo, entonces a mí me han discriminado y el salto social que yo doy es el poder de discriminar. Aunque ahora hay una ley que rige contra esa discriminación pero, ¿cómo en un país en el siglo XXI hay que aclarar eso? Pero se ha tenido que aclarar, porque en muchos espacios había gente a la que no dejaban entrar por cómo lucía, eso ha pasado hace muy poco en Bolivia, ya que hablamos de una transformación que sólo tiene diez años, tiempo en que los imaginarios sociales no se transforman tan fácilmente.

Entonces, tenemos una comunicación fallida y el romance con el Evo, digamos, finaliza por varias razones. No digo que se rompe, pero hay un quiebre importante. Sale la denuncia del caso Zapata, más allá de que luego se demostró que era falso el hijo no reconocido que le quisieron enganchar a Evo, quien ya no era el hombre incorruptible que todos pensaban.

En todo el tiempo de gobierno sí hubo, por parte del propio Morales, esa idea de que como indio hay que trabajar mucho, porque es la oportunidad de que el indio se reivindique como una persona trabajadora y no como una persona floja. Era muy fuerte esa idea de juzgar que el indio es flojo. Era la oportunidad de mostrar que es una persona que dice la verdad, porque siempre está esa lógica del indio mentiroso, que te va a robar, todo ese prejuicio construido durante 500 años. Entonces imagínate tú deshilar eso en diez años, pues es muy difícil. Esa deconstrucción que era brillante, se vio tremendamente afectada con el caso Zapata.

– ¿Cómo afectó concretamente ese caso al gobierno?

– El tema no es que la chica haya mentido, sino lo que le afecta a la imagen de Morales. Miente, porque no sabe si tiene la guagua o no tiene la guagua. Entonces, no era que no mentía. Lo que afecta son estas sensibilidades, que luego cuando se descubre que todo era una mentira no retroceden, porque la gente no quiere que retroceda, porque no quieres tener la idea de un indio correcto. Esto viene a darte elementos para creer lo que tú ya querías creer. Es parte del racismo estructural que existe en Bolivia.

¿Con qué cosa tú pruebas que Evo es un mal gobernante? El referéndum del 21F. ¿Y qué está vinculado al 21F? La mentira, el caso Zapata. Yo intento explicar qué es lo que realmente hay detrás de eso. Porque efectivamente en el 21F han ganado la elección, ganó que Evo no se postule otra vez. Pero no es eso lo que le duele a la gente, el respeto al voto es lo que manifiestan como ficha de campaña.

Lo que tú ves es una atomización de la oposición en ocho frentes, porque los ocho creen que se puede volver al gobierno. Lo que da cuenta esto es que el punto no es que la democracia esté en juego, sino que es vigorosa. Habrá un grupo que sí se siente afectado en su voto, pero a la mayoría lo que le afecta del 21F es que le confirma ciertos mitos que ratifican la idea sobre el otro que existe en Bolivia. Una idea que parecía desaparecida. Pero en Bolivia el racismo no es inexistente, sino que es un hecho latente.

Manuel Díaz, desde La Paz – @GringoManu

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