El Mundo

6 agosto, 2019

La crisis paraguaya y el subimperialismo brasileño

Un acuerdo binacional a espaldas de la población, pero también de la casta política local; negociados que favorecen a funcionarios del actual Gobierno; y la amenaza un juicio político al presidente Mario Abdo Benítez por firmar un “pacto entreguista” de la soberanía nacional.

Santiago Mayor

@SantiMayor

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La crisis política reciente en Paraguay se remonta al 24 de mayo de este año. Ese día, en un secretismo absoluto, el embajador paraguayo en Brasilia, Hugo Saguier, y Pedro Miguel da Costa e Silva, encargado de Negociaciones Bilaterales del gobierno de Jair Bolsonaro, firmaron un nuevo convenio para la utilización de la represa binacional de Itaipú.

Esta es la obra de infraestructura hidroeléctrica más importante del mundo considerada como un orgullo nacional en Paraguay.

Sin embargo, el escándalo se desató exactamente un mes después, con la renuncia del titular de la Administración Nacional de Energía (Ande), Pedro Ferreira. Este se negó a ratificar el acuerdo por considerarlo perjudicial para el Estado paraguayo. Según denunció Fabián Cáceres, gerente técnico de Ande que también dejó su cargo, lo firmado implicaba un sobrecosto para el país de 250 millones de dólares.

A esto se sumó otra denuncia de que, el único artículo que podía favorecer a Asunción, fue excluido por los propios negociadores paraguayos. El mismo estipulaba que podían vender parte de la energía a distintas empresas brasileñas.

Inmediatamente distintos legisladores y legisladoras de la oposición, pero también algunos oficialistas, comenzaron a cuestionar la falta de información. “¿Por qué el presidente Mario Abdo no informó al Congreso el pasado 1º de julio, ante el Congreso, del acuerdo firmado en mayo, siendo de gran trascendencia para la Nación?”, preguntó el senador Jorge Querey a través de Twitter.

Al poco tiempo la Cámara Alta aprobó una resolución exigiendo al Ejecutivo que renegociara la explotación de Itaipú con “la más amplia participación de la ciudadanía y los Poderes del Estado”.

No obstante, el escándalo fue aumentando de nivel y derivó en que, la semana pasada, presentaran su renuncia el canciller Luis Castiglioni; el nuevo jefe de Ande, Alcides Jiménez; el embajador Saguier; y el director paraguayo de la represa, José Alderete.

El presidente, por su parte, intentó cerrar así el conflicto. Sin embargo la gran mayoría de los partidos opositores entre los que se destacan el Partido Liberal Radical Auténtico y el Frente Guasú, iniciaron las tratativas para impulsar una destitución parlamentaria del jefe de Estado.

La crisis se agudizó cuando el movimiento Honor Colorado, que responde al ex presidente Horacio Cartes y es parte del oficialismo, decidió sumarse al intento de impeachment.

De hecho la situación hizo tambalear al vicepresidente, Hugo Velázquez, que aparece como uno de los principales involucrados en una negociación que le traería beneficios personales. Es que el negociador José Rodríguez González fue mencionado como asesor legal del número dos del Gobierno paraguayo y se difundieron chats entre ambos que los involucran en negociados en torno a la represa.

Fue entonces que Abdo Benítez decidió, junto a Bolsonaro, cancelar el acuerdo sobre Itaipú.

El negocio de Bolsonaro

El principal conflicto del convenio que fue anulado tenía que ver con que históricamente Paraguay no consume toda la energía que le corresponde de Itaipú, por lo que a lo largo de los años ha vendido ese excedente a Brasil a través de una empresa estatal paraguaya.

Sin embargo, en esta nueva negociación esa energía extra iba a ser exportada a través de una compañía brasileña. La firma, sería propiedad de un miembro del Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro. “Esta vinculación con el escándalo en Paraguay abrió una crisis interna en el PSL”, aseguró el periodista Kennedy Alencar en radio CBN, que pertenece al grupo Globo.

Información similar difundió la prensa paraguaya, que mencionó a la empresa Leros Comercializadora. De acuerdo a los chats de Rodríguez González con el ex titular de Ande, Ferreira, esta sería directamente propiedad del propio Bolsonaro.

La prepotencia brasileña y el sueño de un Paraguay títere

La construcción de Itaipú comenzó a construirse en la década de 1960 y un acuerdo de 1966 reconoció la soberanía paraguaya sobre el 50% así como su derecho a exportar energía. 

Sin embargo, a lo largo de los años se firmaron diversos tratados siempre complejos, con denuncias cruzadas entre los países sobre malos manejos. Recién en 2009, con los presidentes Lula de Silva en Brasil y Fernando Lugo en Paraguay, se intentó desarrollar un plan de integración energética con perspectiva regional. 

No obstante Brasilia siempre apostó a controlar el manejo de la represa e imponer fuertes condiciones a un país que, históricamente, considera un satélite.

El año que viene se van a cumplir 150 años de la llamada guerra de la “Triple Alianza” que se dio entre 1865 y 1870. Fuerzas conjuntas de Brasil, Argentina y Uruguay invadieron territorio paraguayo con el respaldo del Reino Unido.

Más allá de las excusas formales respecto a diferencias sobre la navegación de los ríos y una presunta intervención de Paraguay en una crisis interna uruguaya, el objetivo de fondo del conflicto bélico fue destruir el proyecto autónomo impulsado por Asunción.

Para ese momento gobernaba el mariscal Francisco Solano López que había sucedido a Carlos Antonio López y a José Gaspar Rodríguez de Francia. Estos tres mandatarios paraguayos habían impulsado un desarrollo industrial inédito para ese entonces por fuera de Europa y América del Norte. 

Líneas de telégrafo y ferrocarril se extendían por el país. Además tenía fundidoras de hierro, armerías, astilleros e industria textil con tecnología británica.

Sin embargo, el industrializado pero pequeño Paraguay no pudo contra los invasores. La guerra diezmó por completo su población (el 90% de los varones fueron asesinados) y derivó en la instalación de un gobierno títere afín a Brasil. 

Desde entonces la potencia sudamericana ha intentado controlar la política y economía de su vecino, sin embargo -y a pesar de que ya transcurrió un siglo y medio- la guerra sigue muy presente en la memoria popular paraguaya que no resigna su soberanía.

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