Cultura

6 agosto, 2019

La última de Almodóvar: andá a buscarla al ángulo Netflix

La última semana salió de cartel en los cines argentinos Dolor y Gloria, la más reciente obra del director español que da una muestra de belleza cinematográfica que por contraste lleva a pensar en la calidad de las decenas de producciones que salen por streaming diariamente.

Ramiro Acevedo

@raminaturalista

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El acceso por streaming a contenido audiovisual modificó las reglas del juego de la industria del cine. Casi con frecuencia diaria las plataformas presentan más y más contenidos. De las opciones existentes Netflix parece ser la más orientada al volumen de contenido, con producciones propias constantes que en muchos casos parecen no resistir los estándares mínimos de calidad de guión.

En ese mundo de cantidades, big data y fan service Dolor y Gloria de Pedro Almodóvar destaca aún más. Hubiera sido hermosa en cualquier momento, pero en nuestro mundo audiovisual el contraste la favorece. La producción española es una muestra de las capacidades de su director, innegablemente, pero también del resultado que puede brindar una producción “a la antigua”.

La trama

Salvador Mallo (personificado por Antonio Banderas) es un director de cine español con un reconocido pasado en términos de crítica y éxito de sus producciones. En el último tiempo se ha retirado por una serie de dolores que lo aquejan y que no le permiten encarar el desafío físico que un rodaje supone.

Pero ante la reposición de uno de sus primeros trabajos entra en una búsqueda por lidiar con sus dolores reexaminando aspectos de su vida personal y profesional.

Biografía, ¿sí o no?

No es una película biográfica, al menos no en el sentido de recorrer la vida del personaje con cierta cronología o de rememorar la vida desde el presente. Es un collage, que se compone con fragmentos inspirados en la vida del director real (Almodovar) y ficticio (Mallo).

Paterna

La infancia de nuestro personaje tiene lugar en esta comunidad valenciana entre unas construcciones muy especiales. Salvador vive con sus padres en una cueva, una casa subterránea con una única fuente de luz en una ventana en el techo (un tragaluz), paredes irregulares y un color blanco como de yeso que hace de fondo. En ese fondo blanco con luz direccionada los colores y las escenas que selecciona Almodóvar destacan. 

La sexualidad

Dolor y gloria construye la orientación sexual de su protagonista con una calidad abrumadora. Evita los lugares comunes y la va componiendocon paciencia, con un hilo narrativo que va del presente a la infancia, de la infancia al pasado reciente y demás.

Los momentos de su infancia, de los primeros contactos con el cuerpo de otros, son para no olvidar nunca.  

Las actuaciones

Banderas hace todo bien. No lo recuerdo tan destacado en ningún otro trabajo. Tose, se atraganta, se impacienta, se renueva, tiene recaídas, se esperanza. Todo lo hace con maestría.

Penélope Cruz personifica a la madre de Mallo. Una madre dedicada, determinada y amorosa que acompaña a su hijo en los extremos de la trama. Al inicio de la película tiene una escena muy musical en la que canta junto con otras mujeres ante los ojos curiosos de Salvador. Hermosa.

Olvidable Leonardo Sbaraglia, a mitad de camino entre porteño canchero y la nada.

Formas modernas

El cine inició como un espectáculo de circo. El asombro ante el domador de leones, el malabarista y la capacidad técnica de reproducir el movimiento con una cámara. Magia. En esos momentos la trama era un aspecto incipiente, lo importante eran las formas y las luces, asombrar.

En ese aspecto Dolor y gloria es prehistórica, o al menos recurre a ese asombro por los colores y las formas con vocación prehistórica. Tiene una composición de formas geométricas modernas y racionalistas (mucha recta, ángulo recto, cortes a 45 grados) que parece propia de Mad Men.

Rojo sangre

Los estados de ánimo son colores. Y para eso Almodóvar usa un rojo brillante, que te atrapa los ojos. Está en la ropa, los muebles, las telas, las pinturas, las manchas. Nada de estos colores pasteles o mate de la actualidad. Un rojo que brilla, que se hace oscuro. Sangre coagulada.

La recursividad y el homenaje al cine

Como hiciera Scorsese con Hugo, Almodóvar se toma su tiempo, en su película más autorreferencial quizá, para recordarnos que ama el cine. Ama hacerlo y lo añoraba.

El cine es un deporte de contacto que -si se hace con pasión- te consume físicamente. Pero por él y solo por él, vale la pena ponerse en condiciones. Entrenar.

Y también lo ama como producto, como resultado de esa noble profesión de contar historias, de contar la vida. Por eso al final las cosas se confunden.

El arte de contar historias

En estos tiempos el séptimo arte está en revisión. La industria te lo lleva a tu casa como contenido audiovisual, el mismo rótulo que se usa para los videos de YouTube en los que se explica como arreglar la tostadora. La nostalgia a veces es conservadora y otras veces buen criterio.

Dolor y gloria no es una película antigua, por suerte. Es actual. Habrá otras, pero al menos hoy con las cosas como son nos recuerda que está el entretenimiento (que por supuesto, está buenísimo) y también las historias para recordar.

La ironía

Habiendo salido ya de los cines todo parece indicar que Dolor y Gloria se distribuirá por Netflix en los próximos meses. Si es así, valdrá la pena poner en suspenso la cuarta temporada de la serie del momento (que ya dejó de ser divertida en la segunda) para que le cuenten una historia hermosa. En todo caso, nos deberemos dedicar también (en futuras entregas) a ver que más tiene Netflix que no sea volumen.

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