Batalla de Ideas

9 agosto, 2019

Una elección trascendental

El domingo se juegan cosas relevantes. No habiendo competencia alguna para dirimir candidaturas presidenciales al interior de las alianzas, estas PASO se han convertido en una gran encuesta nacional. Con un mapa político polarizado, harán las veces de una primera vuelta y las generales de octubre funcionarán casi como un balotaje.

Martín Ogando

@MartinOgando

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El 80% del electorado se concentra en dos grandes opciones: las fórmulas encabezadas por Alberto Fernández y Mauricio Macri. La otrora “avenida del medio” se ha deshilachado por completo y Lavagna aparece escuálido. Entre agosto y octubre trabajarán para terminar de desplumarlo de un lado y del otro. Teniendo en cuenta que, a diferencia de las PASO, en las generales se excluye el voto en blanco para el cálculo de los porcentajes finales, el candidato que supere el 40% este domingo quedará en las puertas de un triunfo en primera vuelta.

Hay optimismo y tensión en ambos bandos. En el Frente de Todes por la unidad del peronismo y el despliegue territorial que eso garantiza, por la amplitud lograda y porque casi todas las encuestas lo dan entre dos y siete puntos arriba a nivel nacional. Se apuesta a que la dura realidad económica que viven millones de votantes termine por perforar la experticia electoral oficialista y el apoyo de la mass media.

En el macrismo el optimismo también tiene su asidero: porque viene recortando diferencias que fueron más holgadas, porque mientras logre maniatar al dólar estarán con vida, porque la política se traslada del terreno en el que han mostrado una sucesión de fracasos, -la gestión-, a su zona de mayor confort, -la campaña electoral-.

Teniendo en cuenta que, a diferencia de las PASO, en las generales se excluye el voto en blanco para el cálculo de los porcentajes finales, el candidato que supere el 40% este domingo quedará en las puertas de un triunfo en primera vuelta.

Con tendencias favorables a Fernández – Fernández muy consolidadas en el sur y el norte, la cosa parece resolverse en la región central país. Con 37% del padrón electoral la Provincia de Buenos Aires es siempre decisiva. El Frente de Todes apuesta a una distancia indescontable a partir del fuerte predicamento de Cristina, sobre todo en el Conurbano, y del refuerzo massista en la Primera Sección. Axel Kicillof tiene el enorme desafío de derrotar al principal tanque cambiemista.

La Rosada aspira a blindar la Ciudad de Buenos Aires para además evitar el balotaje local, mientras que la sociedad entre F-F y Matías Lammens busca superar el 30% y reeditar la vieja vitalidad del progresismo porteño.

En Córdoba ya se descuenta una performance muy mejorada del peronismo nacional, respecto de las elecciones de 2015. Alberto cerró allí su campaña el jueves. La incógnita es si Juntos por el Cambio logra sostenerse alrededor del 50% o retrocede.

¿Será Santa Fe el fiel de la balanza? El interrogante mayor está puesto en la orientación que asuman los 668 mil votos socialistas de la provincia, aunque también en qué tan homogéneo sea el traslado de votos de Omar Perotti hacia Les Fernández. En el peronismo pronostican victoria. Alberto y Cristina hablaron el miércoles frente a una multitud en el Monumento a la Bandera.

Lo mismo pero más rápido

Caminamos hacia una elección crucial para el destino de las clases populares. Pugna por relegitimarse un proyecto que desplegó inusitada agresividad PRO-empresarial y que deterioró las condiciones de vida, los ingresos y las expectativas de futuro de la gente trabajadora. El fracaso económico y social del Cambiemos no resiste evaluación alguna y a esta altura hasta cansa repetir los números. La vuelta al FMI y el endeudamiento no sólo basculan como un gran lastre financiero sino que recrean condiciones de subordinación directamente vergonzosas. Si no hubiera mediado la resistencia de una sociedad con altos niveles de movilización y organización las consecuencias serían aún más penosas.

Pero en la cabeza de Macri esto recién empieza. Repetimos hasta el cansancio, -porque lo repiten ellos-, que este gobierno no vino meramente a aplicar un ajuste o a recomponer circunstancialmente las ganancias de bancos y exportadores. Vinieron a eso pero también a más.

Cambiemos es un ariete del capital para operar una transformación profunda en la sociedad argentina, para disciplinar de manera duradera a las clases trabajadoras y populares, para desmantelar derechos y bloqueos institucionales a la expansión del capital. Su obsesión es terminar con lo que los economistas liberales Llach y Gerchunoff llamaron hace ya muchos años “la pasión igualitaria” de la sociedad argentina. Si ganan, su receta es “lo mismo pero más rápido”: reforma laboral, reforma previsional posta, tratados de libre comercio y mayor desregulación comercial, agenda proyanqui al palo.

Dicho esto no hay análisis posible sin toma de posición, no hay prescindencia justificable ni “Corea del Centro”. Votar y llamar a votar para derrotar a Macri el domingo es actuar en defensa propia.

No van a perder, hay que ganarles

La alternativa no es un proyecto popular que enamore a millones con promesas de transformación. La unidad, pluralidad y heterogeneidad alcanzada en el Frente de Todes anima modestos optimismos y alegrías. Sin embargo, prima la moderación por sobre la épica, y la misma austeridad que ronda la campaña se promete para lo que viene.

Si Alberto gana vamos a ver más composición de fuerzas y conciliación, que enfrentamientos con el gran capital o el patrón del norte, más negociación del ajuste que administración de la bonanza. Un gobierno de transición entre algo muy malo y quién sabe qué cosa.

Lo que Alberto expresa como símbolo de esta apuesta ya ha sido reseñado en otro artículo. Los equilibrios entre cristinismo y sectores tradicionalmente conservadores del PJ dan alguna pista más. Sin embargo, pocas veces un candidato peronista recogió de manera tan generalizada el apoyo de progresistas, organizaciones sociales y vertientes de la izquierda. Ni Néstor ni Cristina alcanzaron semejante unanimidad.

No hay análisis posible sin toma de posición, no hay prescindencia justificable ni “Corea del Centro”. Votar y llamar a votar para derrotar a Macri el domingo es actuar en defensa propia.

Puede parecer paradójico pero no lo es. En el fondo hay una explicación bien sencilla y se llama relación de fuerzas, es decir la situación netamente defensiva en la que ha sido colocado el conjunto del campo popular. La unidad por el espanto que genera el sólo hecho de pensar en cuatro años más de este gobierno es un punto de partida insuficiente, pero inteligente y necesario. Las expectativas son moderadas. Se sabe que un futuro gobierno deberá operar sobre una base macroeconómica restringida y una alianza contradictoria. Desde los sectores de izquierda y los movimientos populares no se descartan futuras confrontaciones, pero se espera al menos un respiro. Bienvenido sea ese convencimiento de que hoy, cuánto peor es peor, porque ese alivio es el mismo que están buscando los sectores más golpeados de nuestro pueblo.

Dentro de estas condiciones Alberto no desentonó y demostró ser un candidato más que solvente. Se presentó como ese hombre de la conciliación, dispuesto a escuchar a los gobernadores pero también a sindicalistas y movimientos sociales, se mostró como garante de gobernabilidad pero también con gesto cómplice hacia una juventud que pedirá por más, se expuso como distinto de Cristina (y enfatizó que está al mando del barco), pero muy cerca de su amiga, con la que más nunca se volverá a pelear. Toda una declaración de intenciones.

Vamos a un domingo de final abierto. La aventura reeleccionista de Mauricio llega con nafta gracias al ayudín del FMI-Trump y con una factura que pagaremos todes. Mientras el dólar no se escape la política mandará, y el equipo PRO se moverá en el terreno que mejor conoce y maneja. La política jamás se agotó en un plato de lentejas, y ese no es un invento de Durán Barba ni las fake news. La política siempre supone disputas de sentido y allí se despliegan estrategias con resultados relativamente contingentes.

Por eso no van a perder, por eso hay que ganarles. Por eso no alcanzará con reseñar variables económicas, sino que habrá una disputa por las explicaciones, las responsabilidades, los orígenes y las formas de torcer dichas variables. No solo costo y beneficio, sino expectativas sobre un porvenir. Aspiraciones, prejuicios, esperanzas, reclamos de orden y aspiraciones de transformación, en el mismo lodo todos manoseaos.

Mientras tanto vayamos el domingo a votar. Votemos contra Macri, cualquier otra cosa es un suicidio político.

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