Batalla de Ideas

16 agosto, 2019

Alberto en el país de las maravillas

¿Qué escenarios se abren ante un eventual gobierno de Fernández-Fernández?

Fernando Toyos

@fertoyos

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La semana que comenzó el 12 de agosto viene siendo una de las más intensas de los últimos tiempos. La espuma del triunfo electoral de la fórmula Fernández-Fernández el domingo 11 -votada y celebrada por millones- fue abruptamente cortada por una devaluación del orden del 30% que supone un trago amargo para todo aquel que perciba sus ingresos en moneda nacional. 

Desde estas páginas, comenzamos la semana con una crónica de la noche electoral, en la que nos reunimos para celebrar lo que sentíamos, junto a la mayoría de la población, como un enorme alivio, un desahogo. Ya concluyendo la misma, trataremos -a decir del comunista italiano Antonio Gramsci- de complementar el “optimismo de la voluntad” que transita aquellos párrafos con algo de “pesimismo de la razón”.

Es la economía, estúpido

Las necesidades que impone la acumulación de capital a escala global hacen inviable la reedición del ciclo 2003-2007, en el que se combinaron la recomposición del salario real con el sostenimiento de la ganancia empresaria. Lejos de esta bonanza coyuntural, el capitalismo de hoy reclama un feroz ajuste sobre el salario, tarea puntillosamente ejecutada por Cambiemos, que redujo a la mitad el salario mínimo medido en dólares.

La devaluación de un 30% del peso, consumada esta semana, constituye una nueva transferencia del sector asalariado hacia el capital. El candidato favorito para octubre considera razonable el nuevo precio del billete verde, ¿qué dice esto acerca de la política económica que piensa implementar si resulta electo?

Matías Kulfas, economista de confianza de Alberto Fernández, descartó el retorno a una política de control cambiario (mal llamado “cepo”) y reafirmó la voluntad de pago al FMI. Guillermo Nielsen, también asesor de Fernández, dio en julio una extensa e interesante entrevista al periodista Jorge Fontevecchia, en la cual vertió una serie de definiciones que ubicarían a la política económica del próximo gobierno en la senda de una “continuidad con cambios”.

Tildando de “ignorante” y de “marxista disfrazado de keynesiano” al candidato a gobernador Axel Kicillof, Nielsen califica a Fernández como alguien que “respeta la ortodoxia” y comenta que han tenido reuniones con el ultraliberal Javier Milei. 

Kicillof, por su parte, reconoció que él y el candidato a presidente “no piensan exactamente igual” en materia económica, y puso en duda la necesidad de la devaluación que se consumó este lunes. Ambos, sin embargo, coinciden en la necesidad de retornar a políticas que fomenten la producción industrial, favoreciendo la generación de empleo y elevando la capacidad de consumo, asfixiada por la elevadísima tasa de interés del Banco Central.

A raíz de lo que vimos hasta aquí, no parece demasiado aventurado imaginar un gobierno de corte neodesarrollista, depurado de los “elementos populistas” del kirchnerismo. En este planteo, la recomposición salarial podría ser subordinada al equilibrio fiscal y la productividad.

El triunfo de FF en el tablero de ajedrez de Washington

Una de las razones de mayores alegrías que el domingo nos dio a quienes nos sentimos parte de la Patria Grande, radica en que el triunfo arrollador de la principal oposición en las primarias podría expresar un muy significativo punto de quiebre en la ofensiva neoliberal que azota la región.

Desde 2009, con el golpe de Estado que desplazó a Manuel Zelaya en Honduras, se consolidó progresivamente un espacio político de perfil derechista y alineado a Washington, como oposición a los gobiernos que –sean progresistas, nacional-populares o de izquierda- coincidían en cierta impugnación al neoliberalismo. Los EE.UU., envueltos en una guerra comercial con China, buscan recuperar el control de lo que consideran su “patio trasero”, contando con aliados incondicionales en presidentes como Iván Duque (Colombia), Jair Bolsonaro (Brasil) y Sebastián Piñera (Chile).

Macri, que llegó al poder derrotando limpiamente al “populismo”, estaba llamado a jugar un rol clave en la estrategia de la Casa Blanca, como lo demostraron los numerosos gestos del ex presidente Barack Obama y su sucesor, Donald Trump. Los gestos de Fernández -como visitar al expresidente brasileño, Luis Inácio “Lula” Da Silva, en prisión- se distancian de la política exterior cambiemita, que implicó un retorno a las “relaciones carnales” con el país del norte, más allá de las desafortunadas declaraciones del candidato acerca de Venezuela.

El diputado opositor Juan Guaidó, por su parte, había manifestado su apoyo a a Juntos por el Cambio para las PASO.

Aborto legal para no morir: los derechos se conquistan en la calle

Por último, pero no menos importante, Fernández ratificó su voluntad política para legalizar el aborto si resulta electo. Las históricas movilizaciones del año pasado, cuando el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo se debatió en el Congreso, se ven reflejadas en el cambio de parecer de un sector político que no avanzó en la consagración del derecho de las mujeres sobre su cuerpo. 

La lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es un excelente ejemplo de una ley general de la política: si bien mucho se define en los resultados de las elecciones y los consejos de los asesores tienen su influencia, cualquier político que se precie debe tomarle el pulso a la relación de fuerzas de manera constante. Más aún considerando que el nivel de movilización obrera y popular de la Argentina hacen de este país una maravillosa excepción: este elemento resultó decisivo en la resistencia al macrismo, como en la conquista de los derechos que el kirchnerismo ejecutó desde el Estado.

La amplia diferencia, que nadie pronosticó, a favor del Frente de Todes, es también una señal en este sentido. Si los resultados de octubre resultaran más ajustados, Alberto Fernández, caracterizado por su perfil componedor, tendría más margen para darle lugar a los sectores conservadores del (muy amplio) armado que acompaña su candidatura.

Nuestra mayor garantía está en mantenernos en la calle defendiendo nuestros derechos, poniendo también nuestros esfuerzos por consolidar una victoria electoral tan contundente que resulte imposible de desoír.

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