Deportes

20 agosto, 2019

El FC Union Berlin: una Cuba en la Bundesliga

Por primera vez en la historia el equipo del este de la capital alemana llegó a la primera división del fútbol local. Una historia de resistencia y lucha contra el fútbol moderno hiper mercantilizado.

Nicolás Castelli

@NicoCastelli3

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Vivimos en un mundo donde todo puede ser convertido en un negocio millonario para ganancias de unos pocos, donde el dinero es sinónimo de poder y de éxito, donde cualquier actividad o ámbito puede ser factible de ser mercantilizable por la voracidad insaciable del capital. 

El fútbol, el deporte más popular del mundo, no es ajeno a esto. Los clubes más poderosos son verdaderas empresas con planteles y jugadores millonarios. La billetera grande compra talento y asegura títulos, y en algunas ligas la competitividad queda restringida a un puñado de equipos/empresas que se reparten los campeonatos temporada tras temporada y donde un Prode no tendría sentido.

Pero el fútbol, como decía el periodista Dante Panzeri, es la dinámica de lo impensado, donde lo imprevisto del juego hace que a veces el pobre le gane al rico dejando en evidencia que en definitiva, por más parafernalia de millones, la esencia es el juego y en la cancha se ven los pingos. Ahí no siempre ganan los millones.

“No sienten la camiseta”, “Solo juegan por la plata”, son algunas de las frases que se escuchan desde las tribunas cuando los resultados, que se esperan de los millones, no se dan. O cuando en el marco del resultadismo y el exitismo, la ideología del fútbol-negocio donde lo único que vale es ganar, no se les admite ningún error a los jugadores “porque ganan millones, solo tienen que patear una pelota y no despertarse a las 5 de la mañana a levantar bolsas en el puerto”.

Lo impensado del juego -donde la equivocación y perder, son parte- no tiene lugar en el exitismo que los medios propagan todos los días.

Pero un Real Madrid necesita de un Rayo Vallecano como Boca de un Almagro. De esos clubes chicos, con planteles modestos, de barrio y de clase trabajadora, para que el show parezca a veces un juego competitivo.

Entre estos hay algunos que levantan las banderas contra el fútbol actual y su industria millonaria, en defensa del juego por sobre el negocio, del potrero contra la hiperprofesionalización, hacen de la función sociocomunitaria del club una militancia y del sentido de pertenencia un valor que no tiene precio. Uno de estos clubes es el FC Union Berlin.

Un club del este, rebelde y obrero

Recientemente ascendido a la Bundesliga (la primera división en el fútbol alemán) por vez primera en  cien años de existencia, al Unión Berlín se lo conoce con este nombre desde 1966 cuando la capital alemana ya estaba dividida por el muro y en plena Guerra Fría. Ubicado en el distrito de Köpenick, al sureste, el Unión Berlín jugó en la liga de la República Democrática Alemana (RDA).

En la Alemania comunista surgida luego de la Segunda Guerra Mundial el fútbol no siguió siendo igual. Conforme al nuevo sistema, la liga se reorganizó y se crearon equipos que respondían a diferentes sectores de trabajadores de acuerdo a su actividad: los clubes de obreros de ferrocarril eran los llamados Lokomotiv, los de la electricidad Turbine o los de agricultura Traktor, por ejemplo. También algunos clubes respondían a dependencias estatales. Por ejemplo, los Dynamo correspondían al  Ministerio de Seguridad.

Aunque no estuvo controlado por ningún colectivo laboral o ministerio del Estado, el Unión Berlín era un club de los trabajadores, principalmente metalúrgicos, que por su hinchada obrera se ganó el apoyo del sindicato único que existía en la RDA. Pero tenía una particularidad, también fue refugio de muchos disidentes.

“No todos los hinchas del Unión son enemigos del Estado, pero todos los enemigos del Estado son hinchas del Unión”, solía  decirse en esa época al este del muro.

Esto mismo le trajo una fuerte rivalidad con el BFC Dynamo, el equipo de la Stasi (los servicios de inteligencia), controlado por Erich Mielke, el jefe del Ministerio de Seguridad.

El Unión y el Dynamo eran el superclásico del futbol del este. Pero en aquellos años, el club de la Stasi era el equipo potencia y muticampeón de la RDA. La mayoría de las veces por presión y dudosos fallos arbitrales que lo favorecían. La prensa no informaba de estas manipulaciones, lo cual no dejó de fomentar el descontento incluso dentro de las filas del Partido Socialista Unificado (SED).

Con la caída del muro y la unificación alemana en 1990, los clubes del este fueron mandados al descenso. El Dynamo todavía deambula en la cuarta categoría del fútbol germano. El Unión, luego de ser rescatado de la quiebra en el 2004 por sus propios hinchas, este fin de semana jugó su primer partido en la primera división.

El 0-4 en contra que sufrió es lo menos importante de este evento rodeado de hechos e historias que a la prensa hegemónica del exitismo y la falsa cultura del aguante no le interesa destacar.

Lucha de pases, lucha de clases

El fixture quiso que el primer partido de la historia del Unión Berlín en la Bundesliga sea contra su contraparte: el RB Leipzig, también de una localidad del este.

Se trata de un club de solo 10 años de existencia que abrazó el capitalismo sin dudarlo y hoy es propiedad de Dietrich Mateschitz, creador de la marca de bebidas energéticas Red Bull y que lo llevó de la quinta división a la primera. De ahí las siglas camufladas en el nombre oficial (RasenBallsport Leipzig). El fútbol moderno contra el fútbol de antes, el que se vendió a la multinacional contra el que todavía defiende el barrio y su cultura.

Contra lo que indica la escuela del tablón, a veces acrítica y funcional al negocio, los hinchas del Unión debutaron en la Bundesliga manteniéndose en silencio durante los primeros 15 minutos del encuentro en protesta por lo que representa el RB Leipzig: el fútbol del capitalismo actual.

“Duele tener que celebrar nuestro estreno en este contexto. Sin embargo, es una gran oportunidad para demostrar que somos un triunfo para la Bundesliga porque estamos preparados para luchar por nuestros valores y nuestra cultura de club”, explicaban en un comunicado los hinchas.

En un estadio donde el marcador todavía se cambia a mano, en la previa al partido los hinchas dieron una muestra del arraigo y pertenencia de la institución con la comunidad mostrando pancartas con fotos de los hinchas fallecidos que no llegaron a ver este momento histórico.

“Al fútbol profesional se lo puede salvar desalentando su materialismo”,  escribía Panzeri, otro que vivió firme en sus ideales. Aunque hoy parezca una batalla utópica en un fútbol que mueve millones, sin clubes como el FC Unión Berlín no habría por dónde empezar.

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