Batalla de Ideas

23 agosto, 2019

Linchamientos: ¿por qué es más fácil la violencia hacia el más débil?

El asesinato de un adulto mayor por parte de dos empleados de Coto lleva a reflexionar sobre la violencia social y como esta se ejerce exclusivamente de arriba hacia abajo.

Crédito: La lente militante

Lionel Martín

@soylio

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A raíz de conocerse que dos trabajadores de la cadena de supermercados que más “nos conoce” golpearon hasta matar a Vicente Ferrer, un hombre de 68 años acusado de hurtar unos alimentos por un valor que no llegaba a los mil pesos, resulta oportuno reflexionar sobre posibles causas de hechos como este, más allá de las relaciones sociales de producción propias del capitalismo actual. 

León Rozitchner afirmaba en su libro El terror y la gracia que “la dictadura militar nos impuso desnudamente su violencia ofensiva. Una vez pacificados, rendida toda resistencia, nos instalaron en la democracia, donde esa misma violencia permanece oculta pero mantiene y prolonga su eficacia. En la democracia neoliberal y capitalista se prolonga en la política la misma guerra, pero por otros medios: por medios económicos”.

En el caso de Coto, más allá de la responsabilidad individual del vigilador tercerizado y del empleado del local, se sabe que hay órdenes implícitas por parte de la empresa que fomentan la resolución violenta de este tipo de conflictos bajo la amenaza concreta de sanciones y descuentos de salario por faltantes de mercadería, como muestra la investigación de la socióloga Paula Abal Medina reseñada en el portal Cosecha Roja. A esto se le suma el potente e ilegal arsenal que se encontró hace unos años en la sede central de esta empresa, noticia que puede encontrarse en pocos medios, gracias a los millones invertidos en pauta publicitaria por Don Alfredo para mostrar las ofertas de la semana y de paso tapar información no deseada, como ocurre con el asesinato de San Telmo.

Este caso despertó la empatía hacia la víctima en el sentido común mayoritario, dado que se trataba de un adulto mayor, presuntamente senil, acusado de hurtar alimentos a una de las mayores cadenas de supermercados del país en un contexto de profunda crisis económica y aumento de la pobreza y la inflación. Esto explica por qué la noticia no fue asociada en ningún momento con la palabra “linchamiento”, ya que en nuestro lenguaje este término está asociado al concepto de “justicia por mano propia” y connota cierta justificación de acciones que deberían ser nombradas de otra manera para ser coherentes con nuestro Código Penal.

La Real Academia Española define la acción de linchar como “ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo”. El origen de la palabra remite hechos ocurridos durante la Guerra de Independencia de EE.UU. en los que se ejecutó a un grupo de personas acusadas de ser leales a la colonia británica por orden del dirigente independentista Charles Lynch. 

Más allá del motivo que origine un linchamiento, es más común que la víctima sea pobre a que sea rico, que sea alguien desprotegido y sin vínculos sociales que le brinden amparo a que los tenga. Y es más probable que los linchadores ocupen un lugar de mayor privilegio en la estructura social que su víctima, o que al menos así se autoperciban.

En casos similares si la acusación es por el robo de cualquier otro objeto no comestible y el presunto autor del delito tiene la “desgracia” de ser joven y pobre, la mencionada empatía huye de la víctima hacia los victimarios y los medios masivos tienden a amplificar un amarillismo irresponsable que omite destacar que la tortura y el asesinato son delitos muchísimo más graves que el que pudo haber cometido la persona capturada.

La antropóloga Rita Segato llama “pedagogía de la crueldad” a la lógica que sostiene “el paradigma de explotación actual”, que supone “una variedad enorme de formas de desprotección de la vida humana”, y sobre todo “una disminución de la empatía entre personas que es el principio de la crueldad”. Sostiene que la fase actual del capitalismo (de precarización y de rapiña) depende en gran medida de la pedagogía de la crueldad y que nos acostumbremos a ese espectáculo. 

La fase actual del capitalismo depende en gran medida de la pedagogía de la crueldad y que nos acostumbremos a ese espectáculo

Si bien Segato se refiere a la espectacularización de las coberturas mediáticas de los femicidios, para el caso de linchamientos o torturas grupales también aplica el argumento de que el público no es “cruel y rapiñador” per se, sino que opera una pedagogía de rapiña y despojo sobre los cuerpos por la forma particular de mirar y mostrar de estos medios.

A más de tres décadas del retorno de la democracia los resabios autoritarios de la última dictadura perduran en las fuerzas de seguridad y se materializan en cada caso de gatillo fácil, potenciados desde la llegada al Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich con su impronta “bolsonarista”. 

¿Por qué la mención a los crímenes cometidos por el Estado? Porque es el propio Estado el que viola con frecuencia la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo y al mismo tiempo tiene el deber de juzgar a civiles o uniformados que cometan delitos como torturar o matar. En paralelo también subsiste la cultura del “algo habrán hecho” en una parte de la sociedad que avala implícita o explícitamente tanto la violencia institucional como los linchamientos. ¿No es acaso el germen perfecto que alienta la violencia en manos de civiles contra una persona acusada de algún delito menor?

Otra pregunta importante que deberíamos hacernos como sociedad es, aunque parezca obvia la respuesta, ¿por qué a los delincuentes poderosos nadie los lincha ni tortura? 

En la escena final del film español La lengua de las mariposas las familias de un poblado, presas del terror, fingen repudiar públicamente a don Gregorio y a los demás republicanos que han sido capturados por el ejército franquista. Es un miedo explícito y consciente a correr la misma suerte. Pero ¿qué ocurre cuando el miedo se vuelve sutil, cuando se ha hecho carne en los cuerpos y olvidamos su origen? ¿Es posible pensar en una “pedagogía del miedo” como complementaria de la formulación de Segato?

Desarmar esa “pedagogía del miedo” quizás nos ayude a entender el mecanismo de dominación que tiene como sentido implícito direccionar nuestra bronca hacia “el más débil”, porque ha sido internalizado el miedo al “poderoso”. Algo inconfesable de admitir: que la mayoría de las veces el culpable de nuestra opresión es de aquel a quien inconscientemente le tememos. 

Parafraseando a León Rozitchner: “Cabe, sin embargo, partir de ese sentimiento que se produce en nosotros, hacernos cargo de él para no terminar, impotentes, dirigiendo esa agresión contra nosotros mismos… Pensar esa violencia, impotente y contenida, para darle un cauce diferente”.

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