Batalla de Ideas

2 septiembre, 2019

Argentina siglo XXI: Un sistema económico-financiero fracturado

La crisis económica que atraviesa el país no se podrá solucionar atacando y emparchando sus consecuencias, sino que depende de una modificación de las lógicas de funcionamiento del propio modelo económico.

Lucas Becerra*

@becerra_UNQ

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En el último mes hemos sido testigos de un fuerte proceso de aceleración de deterioro de las variables económicas fundamentales: devaluación del tipo de cambio nominal; aumento de las tasas de inflación, el riesgo país y la tasas de interés; caída del valor de los activos bursátiles; formación bruta de capital por el piso y, por supuesto, descenso del producto bruto interno. 

Todas estas variables no son más que indicadores que nos dan información sobre la situación crítica que atraviesa la economía argentina, pero no son “los problemas”. Son, si quiere, la superficie del problema.

Ninguno de esto indicadores va a mejorar si se busca solucionarlos en los propios términos cuantitativos de la medición: no se resuelve el riego país negando el riesgo de default (cosa que además ocurrió el pasado jueves 29 de agosto) como no se reduce la inflación fijando precios máximos a las mercancías. 

Un buen diagnóstico de los problemas efectivos permite entender y, por extensión, ejecutar políticas adecuadas que, como resultado derivado conducen a la reducción de la tasa de inflación, estabilizan el tipo de cambio y aumentan el precio de los títulos de deuda.  

Aquí analizaremos los problemas efectivos que han fracturado el sistema económico-financiero de Argentina. Problemas generados por un diseño erróneo de la política monetaria, financiera y cambiaria por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) durante el gobierno de Cambiemos y que el próximo gobierno deberá resolver si quiere salir de esta “crisis”.

Banco Central en situación de quiebra financiera

El BCRA se encuentra en una situación financiera en la cual sus ingresos (los intereses que obtiene por sus activos) son significativamente menores a los egresos que eroga (los intereses que paga por sus pasivos).

Dado que sus ingresos están denominados en moneda extranjera y sus egresos están denominados en pesos, una devaluación del tipo de cambio corrige el desequilibrio de su saldo financiero. Esto lo sabe la entidad y cualquier agente económico que revisa los estados contables de la institución.

Toda institución financiera es sólida no solo por sus stocks (sus reservas) sino principalmente por sus flujos. En pocas palabras, el BCRA solo tiene ganancias contables ficticias producto de la propia devaluación que nominalmente combate. 

En ese sentido no solo no es sólido, sino que ningún agente económico cree que lo sea. Y es por esto que no tiene capacidad efectiva para hacer frente a los movimientos del mercado de cambios. 

Pero peor aún, la necesidad de un BCRA que necesita una devaluación sostenida del tipo de cambio no constituye ningún incentivo a que los argentinos se deshagan de sus dólares, es decir, compren pesos (lo que apreciaría el tipo de cambio). La ausencia de un “techo” en la cotización del dólar y el nulo riesgo de una apreciación cambiaria obtura la oferta de dólares, lo que retroalimenta el círculo vicioso de devaluaciones continuas. 

El problema cambiario no es una cuestión de que los argentinos culturalmente preferimos el dólar, de que somos un sistema bimonetario, de que no confiamos en el peso. La tensión sobre el tipo de cambio es responsabilidad de la política monetaria del BCRA.

Banca comercial (pública y privada) en riesgo de corrida por acción de la política monetaria

Desde que el BCRA decidió en 2018 eliminar la “bomba de las LEBACs” con la emisión de Letras de Liquidez (Leliqs) no hizo más que construir un nuevo riesgo sistémico al sector financiero. Las elevadas tasas de interés (sumada a una alta velocidad de rotación) de las Leliqs llevó a la siguiente trampa: los bancos comerciales compran estas letras y reciben una tasa de interés (supongamos 70%), para financiar esa compra utilizan los plazos fijos de los ahorristas (a quienes le pagan alrededor del 50%). La diferencia de tasas es la suculenta ganancia financiera de los bancos, que se constituye como un poderoso incentivo para perpetuar la situación.

Este mecanismo, impulsado por la propia autoridad monetaria, constituye una situación de enorme riesgo: si el BCRA decide reducir las Leliqs para sanear sus estados de resultados, o simplemente reducir drásticamente la tasa de interés, los bancos no podrían afrontar el pago de los intereses de los depósitos de plazo fijo. Lo que implicaría un quebranto de la banca comercial.

Claro que, antes que llegáramos a esta situación, la corrida financiera ya habría acabado con el sector financiero y el tipo de cambio ya se habría disparado debido a que los ahorristas se protegerían comprando dólares. 

Dinámica fiscal disociada del mercado de crédito local

Altísimas tasas de interés en pesos presentan un problema adicional. El Tesoro de la Nación (el Ministerio de Economía) enfrenta una gran dificultad de tomar deuda en pesos a un costo razonable; y por lo tanto decide endeudarse en dólares a una tasa mucho más baja.

El problema aquí es que la dinámica que favorece al BCRA (una devaluación corrige su saldo financiero) es la misma que daña el resultado financiero del Tesoro (erogaciones en dólares e ingresos en pesos). Puede entonces notarse rápidamente la inconsistencia fundamental, BCRA y Tesoro muestran dinámicas cambiarias-financieras disociadas.

Revaluación de activos denominados en moneda extranjera como fuente privilegiada de riqueza

Por último, el proceso devaluatorio más el proceso inflacionario tienen como resultado que los agentes privilegien como fuente de aumento de riqueza la “revaluación de sus activos”, en especial aquellos denominados en moneda extranjera. En términos simplificados, los agentes compran activos (dólares billete, inmuebles, bonos extranjeros) esperando a que el proceso devaluatorio revalúe sus activos dolarizados en términos de cantidad de pesos y licúe sus pasivos en pesos en términos de dólares.

Dado este mecanismo, el proceso devaluatorio (con su consecuente inflación) es conveniente para aquellos agentes privados cuyos activos están dolarizados y sus pasivos en pesos. De aquí entonces es que no todos pierden con la crisis financiera cambiaria: una parte de los agentes privados (el 10% más rico de Argentina) gana en términos sistémicos.

Es por esto que la crisis económica-financiera no se resuelve vendiendo reservas del BCRA, con ajuste fiscal, buscando un tipo de cambio de “equilibrio”, con una política de shock. Si no se logran desarmar las inconsistencias señaladas, el sistema seguirá en estado crítico y cualquier medida será paliativa de corto plazo pero explosiva en el mediano y largo.

* Licenciado en Economía, doctor en Ciencias Sociales, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) e investigador asistente del Conicet radicado en el Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología de la UNQ

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