Cultura

3 septiembre, 2019

Cobra Kai: el ataque ochentoso de YouTube Originals

Se trata de una serie web que cuenta con dos temporadas, de 10 capítulos de media hora cada uno. Con muy buen resultado retoma la historia de Karate Kid (1984) luego de 30 años de rivalidades catalizadas en el aburrimiento de los nuevos ricos y la frustración white trash. Desde hace unos días puede verse gratis por YouTube. MUY BUENA.

Ramiro Acevedo

@raminaturalista

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Desde su concepción Cobra Kai estuvo pensada para ser distribuida por internet, específicamente por YouTube, la plataforma audiovisual de Google. La incorporación del gigante informático a la competencia por los servicios de streaming (distribución de contenido audiovisual por internet) conforma un teatro de operaciones ya concurrido de potencias como Netflix, Amazon Prime, HBO, FOX y otros. En noviembre de 2019 se lanzará en EE.UU. el servicio de streaming de Disney (llamado Disney Plus), que promete sacudir el mercado ya que representa el avance sobre el negocio de la distribución de contenidos de quizá el más grande productor actual.

La novedad de YouTube es que el acceso a los contenidos es gratuito, Cobra Kai está disponible para cualquier usuario y solo te cobra en caso de que quieras su servicio premium (sin publicidades).

La trama de la serie es sencilla y efectiva. Tras treinta años de los sucesos originales de Karate Kid nos encontramos con un fracasado Johnny Lawrence. El pobre hombre no solo perdió con Daniel Larusso la final del torneo de karate del Valle (un genérico suburbio de Los Ángeles), sino que desde entonces su vida está en una espiral descendente. Vive en la mugre, come pizza en el mall, toma cerveza barata, tiene un trabajo horrible del que encima lo rajan y un auto que tuvo onda hace 30 años. En ese tiempo además tuvo un hijo al que no ve. 

Ya en el fondo del pozo Johnny toma una decisión: la respuesta está en refundar Cobra Kai, el dojo de karate en el que estudió de adolescente y le dio sus herramientas para la vida: pega primero, pega fuerte, sin piedad. Se transforma entonces en el Sensei Lawrence, originalmente con un único estudiante: Miguel, un adolescente de origen ecuatoriano al que -cuando no- lo fajan sus compañeros de escuela más pudientes.

Mucho más que un spin off

Lo más destacable de Cobra Kai parece ser lo siguiente: no es un spin off. Este término se usa para ficciones que suceden en el mismo universo que otra, pero no continúan su historia principal. Por ejemplo, en el mismo universo narrativo de Harry Potter J. K. Rowling creó Animales fantásticos y dónde encontrarlos. En esa ficción hay magos, muggles, seres fantásticos, pero de Harry Potter ni noticias. 

Y Cobra Kai no es eso, no abre una nueva historia sino que establece que los sucesos de Karate Kid son el primer capítulo de una extensa novela. El tiempo largo de esta nueva narración permite complejizar los personajes. Daniel Larusso expone sus miserias de nuevo rico. Logró establecerse como empresario, vive en un barrio cerrado y padece los pequeños conflictos acordes a su vida: problemas de condominio, un hijo que no sigue sus pasos, le usan la pileta y está aburrido en el fondo. 

Para describir a Johnny Lawrence, protagonista de la historia y adversario de Larusso, necesitamos otro concepto anglosajón: White trash.  Es un término estadounidense utilizado para referir a sectores de la población blanca que no tienen perspectiva de salir de la pobreza y viven en una decadencia cultural con elementos de machismo, homofobia, racismo, xenofobia, alcoholismo, comida chatarra y consumo de medios amarillistas. 

Uno de los buenos logros de Cobra Kai es desarrollar una perspectiva crítica hacia esas realidades desde el humor. Lawrence es white trash y la historia lejos de absolverlo lo enjuicia. Lo muestra como una persona de buenas intenciones pero lleno de prejuicios bobos, ignorante, machista, atrasado y derrotado por la vida.

Sus progresos, si es que los tiene, los logra a través de sus estudiantes. No le queda otra que tomar estudiantes mujeres, nerds, pelirrojos, latinos, comprarse un smarthphone y usar Tinder. No es el encanto de lo tradicional, es la burla a un casi cincuentón medio tonto.

La serie aborda la problemática del bullying y lo hace bien. Las y los estudiantes de Johnny provienen de ese origen, se encuentran padeciendo esas situaciones y aunque él les tenga desprecio no tiene más opción que aceptar perdedores.

Hasta ahí nada nuevo. Pero lo logrado de Cobra Kai es que a través de giros de la trama permite ver el bullying como una estructura sociocultural, como algo que existe más allá de las personas y cuya manifestación individual, en todo caso, es una mera contingencia. 

Y ya no puede ser coincidencia que estos ajustes que la trama hace entre la Karate Kid de 1984 y la actual serie suceden a través del personaje de Johnny. Si hay redención en Cobra Kai no es la de Johnny, es la de la ingenuidad boba de la película de hace más de 30 años.

Finalmente, en estas épocas de nostalgia ochentosa el recurso a la música, la ropa, la estética y hasta las formas de la narrativa de esa década están presentes, pero de una forma saludable, que no viene a recordarnos que todo tiempo pasado fue mejor. Más allá de esa generalidad hay momentos en los que Cobra Kai queda un poco vieja en la forma de narrar, especialmente cuando retoma el exagerado drama adolescente de su precuela.

Dictamen final

Cobra Kai muestra tener bien trabajado su guión. Se enrosca en el sobredrama pero no se hace confusa. Esa muestra de calidad destaca en una escena en la que Johnny narra los sucesos de Karate Kid desde su punto de vista: el de un pobre joven atacado por un nuevo estudiante que no duda en golpearlo, asaltarlo en la fiesta de Halloween, recurrir a su maestro de karate para terminar la violenta gesta y aún hoy humillarlo con sus carteles publicitarios.

El cierre de la temporada dos nos deja un cliffhanger tremendo. Va lentamente cultivando la curiosidad y revisionando los hechos de la Karate Kid original (que a esta altura hay que empezar a referenciar como la previa de Cobra Kai) y en el capítulo final nos deja contando los días hasta la temporada tres (que se estrena en 2020).

Cobra Kai es ingeniosa. Expone fuertes recursos de guión para adaptar una historia retro a problemas actuales y revisita su antecesora con humor y sin reverencias. Un producto orientado a entretener y bien logrado en ese fin.

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