Deportes

3 septiembre, 2019

¡No Pasarán!: la extraordinaria historia del Clapton CFC

Fundado hace más de un siglo, siempre amateur y con un grupo de hinchas que se rebeló contra el empresario que regenteaba el club para fundarlo otra vez como cooperativa, al este de Londres una institución deportiva marca un nuevo rumbo en la época del fútbol-negocio.

Nicolás Castelli

@NicoCastelli3

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Si hay un caso especial en la lista de clubes de fútbol que luchan contra el capitalismo dentro y fuera del campo de juego, ese es el del inglés Clapton Community Football Club (CFC). Propiedad de una cooperativa formada por sus hinchas que además levantan las banderas contra “el sexismo,  la homofobia, la xenofobia y el fascismo”, promueven torneos contra la discriminación y a favor de la diversidad, pelean contra la gentrificación en su barrio y hasta homenajearon en su camiseta a la Segunda República Española y las brigadas internacionalistas.

Aunque fue fundado en el este de Londres hace 141 años -en el famoso barrio multicultural y obrero East End, cuna también del West Ham United- el Clapton CFC es un club de solo tres años. No se trata de un contrasentido sino de una historia que refleja la tradición de lucha de este “nuevo” club de tradición obrera y popular.

Es el caso de una institución en la que sus hinchas lucharon contra los empresarios que lo compraron, rompieron con él y lo reinventaron para que siga fiel a los valores que le dieron origen hace más de un siglo.

***

En 1878 nació el Downs FC que al poco tiempo adoptó el nombre de Clapton FC. Animador en los comienzos del fútbol de la capital inglesa su estadio, el The Old Spotted Dog (Viejo perro moteado), era el más antiguo de Londres. El club posee en su haber un hito histórico en el fútbol británico: fue el primer club inglés en jugar un partido internacional en 1890 contra un conjunto belga al que derrotó por 7 a 0.

Toda su vida jugó en las divisiones amateurs, sus miembros nunca quisieron dar el salto al profesionalismo por temor a desaparecer como sucedió con otros equipos y por el orgullo de tener jugadores que jueguen por los colores y no por un sueldo. Es tal vez el único sobreviviente de una época donde al fútbol lo movía la pasión por el deporte. Como si el Alumni argentino de los hermanos Brown jugara hoy en la primera D con el mismo espíritu de comienzos del siglo pasado. 

Durante mucho tiempo el promedio de gente que se acercaba a ver los partidos no pasaba de 30 personas. Hasta que hace 8 años atrás todo cambió y el club pasó a ser un fenómeno que en 2018 llegó a ser noticia en los diarios del mundo por una particular iniciativa. De 30 pasaron a 800 personas en una liga donde nadie supera los 100 espectadores.

La historia comenzó cuando un grupo de amigos que no podían seguir a sus equipos profesionales de la Premier League encontraron en el Clapton FC un lugar para ver fútbol. Llevando mucho color, ruido y consignas de izquierda a las centenarias gradas del viejo perro moteado -algo poco habitual en los demás clubes de la ciudad salvo en el Crystal Palace del sur- fueron de a poco sumándose a la movida hinchas cansados también del fútbol negocio. Atraídos por el ambiente familiar, amateur y de barrio que rodea al club.

Todo iba bien, hasta que un turbio empresario inglés, Vincent Mc Bean, lo compró y comenzó una guerra con los hinchas.

La primera batalla fue cuando el nuevo dueño quiso aumentar la entrada de 6 a 7 libras a mitad de la temporada y sin previo aviso. Como respuesta, las y los simpatizantes decidieron boicotear la asistencia a los partidos.

Subidos a cajones de cerveza, muebles o sillas, se las rebuscaban para mirar desde afuera del estadio sin darle un peñique a Mc Bean quien finalmente tuvo que dar marcha atrás con su decisión.

Hinchas del Clapton viendo los partidos desde afuera del estadio

Pero en 2017, el dueño decidió liquidar la entidad que gestionaba el Old Spotted Dog para vender una parte de los terrenos, que estaban aumentando su valorización, a emprendimientos inmobiliarios que buscaban gentrificar el East End. 

Para que se entienda que quiere decir gentrificación, se trata de procesos por los cuales se trata de cambiar un barrio, con su cultura y tradición, por un lugar cheto y de moda. Una elitización que se lleva puesto todo. En la ciudad de Buenos Aires, el macrismo viene llevando adelante este tipo de procesos en varias zonas del sur porteño.

Otra vez a la guerra y boicot a los partidos, pero esta vez logrando que los demás clubes de la divisional, en solidaridad, no dejen entrar a los hinchas a sus respectivos juegos. Algo único en el fútbol mundial, que todos los equipos de una liga se organicen para defender los terrenos de uno de ellos contra la especulación inmobiliaria.

Cansados, enfurecidos y luego de batallar judicialmente contra su propio club, los hinchas decidieron romper y crear el Clapton CFC como una cooperativa para que la institución “viva por y para su comunidad” y no “como el otro club que se hace llamar Clapton”, tal como afirma Rob Coan, uno de los miembros.

Recordando la epopeya republicana

Ya con el clube en sus manos, el año pasado fueron noticia en varios suplementos deportivos de diarios y revistas especializadas del mundo cuando, luego de una asamblea, decidieron un diseño para la camiseta con la leyenda “No Pasarán” y los colores de la bandera de la república española. 

La camiseta “está inspirada por los colores de la bandera de la República Española y adornada por las estrellas de tres puntas  de las Brigadas Internacionales, que viajaron a España intentando contener la oleada fascista del General Franco”, explican en la web del club.

Camiseta homenaje a la República Española y las Brigadas Internacionalistas

“Soy un gran defensor del fútbol dirigido por aficionados y ésta es una acción brillante”, dijo al respecto Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista británico.

Con el visto bueno de la Brigades Memorial Trust, organización que se dedica a mantener viva  la memoria de los 2500 brigadistas internacionales que llegaron a España desde el Reino Unido e Irlanda para combatir al fascismo, la idea era vender unas 400 camisetas, pero terminaron siendo más de cuatro mil, la mayoría en España. 

Sin embargo, cuando se les consulta acerca de repetir otra iniciativa por el estilo aseguran que no quieren convertirse en “el club de las camisetas comercializables” a pesar de la gran cantidad de libras que entraron a sus arcas.

“El objetivo es nuestra gente. Nuestra primera prioridad es tener un equipo de fútbol femenino y poder crecer con otros deportes”, sostiene Coan y asegura que actualmente se ha despertado un interés por los clubes de barrio como el Clapton debido a que “el precio del futbol profesional poblado de turistas y ricos ha acrecentado el valor de lo que hacen equipos como el nuestro respetando los valores tradicionales”.

Actualmente juegan en el Wadam Lodge Stadium al que en una asamblea rebautizaron “Stray Dog” (Perro Callejero). Mientras, esperan volver al viejo perro moteado -motivados por la consigna que hace 83 años inspiró a los combatientes republicanos de Madrid- para detener el avance de los negociados que quieren terminar con el espíritu del club y el barrio.

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