Batalla de Ideas

10 septiembre, 2019

La encrucijada feminista en el movimiento sindical

En la última reunión del Consejo del Salario hubo solo una mujer representando a los sindicatos: Claudia Baigorria. A pesar de los enormes avances de los últimos años, las mujeres y disidencias siguen encontrando fuertes límites dentro de las estructuras gremiales.

Laura Oringa

@lauroringa

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En los últimos años, la potencia de la cuarta ola feminista y disidente viene logrando poner de manifiesto la necesidad de transitar hacia nuevos paradigmas a la hora de construir organización y consenso, así como nuevos espacios de representatividad que guarden correlación con esta resignificación de lo colectivo en los múltiples planos de la sociedad. 

Esta capacidad innegable de cuestionar las viejas lógicas que las mujeres y disidencias hemos sabido instalar es directamente proporcional al arraigo que el patriarcado haya conquistado en cada lugar donde plantó su semilla. El sindicalismo, entendiendo su relevancia en Argentina dadas las altas tasas de sindicalización que sostiene a nivel regional y mundial, aparece en escena como uno de los movimientos donde “la revolución de las hijas” se encuentra en una encrucijada: con grandes potencialidades por el sujeto histórico que representa, las tradiciones revolucionarias que lo constituyen y la relevancia en muchas de las luchas que han cuestionado los órdenes impuestos, por un lado, y también con limitaciones respecto a la crisis propia que el movimiento obrero atraviesa y, sumado a eso, la real voluntad de resignificar el ejercicio del poder por parte de quienes continúan dirigiendo centrales y gremios, por el otro. 

No se trata de desconocer los niveles de participación y protagonismo que las mujeres han conseguido disputar como dirigentas sindicales, sino darnos la tarea para seguir repensando cuánto de aquello que decimos querer transformar se materializa con la misma efervescencia, en les otres y en nosotres. 

El Consejo del Salario convocado hace algunas semanas por el Ministerio de Producción para intentar consensuar sin éxito con empresarios y sindicatos la actualización del Salario Mínimo, Vital y Móvil en medio de la crisis económica profundizada con la devaluación del 12 de agosto, explicita la brecha entre el discurso y la realidad del feminismo “desbordando” el sindicalismo. En la mesa de negociación por la parte gremial, fueron casi exclusivamente varones quienes tuvieron lugar para discutir. 

Decimos casi porque Claudia Baigorria, secretaria adjunta de la CTA Autónoma, fue la única mujer que participó de la instancia. No es casual que haya sido esa central la única que convocó como tal a las calles el mismo 30 de agosto para movilizar a las puertas del Ministerio de Producción junto con los movimientos sociales, en paralelo a la discusión que puertas adentro estaba definiendo el destino de millones de familias en situación de pobreza e indigencia de cara a los próximos meses.

Vale el ejercicio de detenernos en esta escena y analizarla para entender a qué nos referimos cuando hablamos de una brecha entre lo que pregona y lo que efectivamente permea en el sindicalismo hoy en relación a la avanzada feminista.

Representatividad

Las estadísticas ponen de manifiesto las enormes desigualdades a las que mujeres y disidencias nos enfrentamos a la hora de formar parte del mercado (ganando un 27% que nuestros pares varones); peor aún, cuando no somos parte y es el Estado quien debe garantizar nuestras condiciones mínimas de subsistencia.

Quedó demostrada la desidia y desinterés ante la reciente suspensión y reprogramación de 1,5 millones de personas por parte de ANSES de la Asignación Universal por Hijo/a (AUH). Este beneficio es actualmente cobrado en un 97% por mujeres que, además, han aumentado exponencialmente su endeudamiento en un 92%.

Sin embargo, “el pacto de caballeros” se explicita de manera abrupta: si no estamos sentadas en la mesa al momento de dar estos debates, ¿cómo podemos asegurar que estén representadas nuestras necesidades e intereses?

El 35% de aumento del SMVyM en tres tramos homologado por el gobierno y la pasividad por parte de los dirigentes sindicales ante la posible transición de cara a diciembre, son una pista a seguir.

Legitimidad

Desde aquella consigna en octubre del 2016, “Mientras la CGT tomá el té, nosotras tomamos las calles”, que se materializó en el primer paro al gobierno de Macri, cada vez hace más evidente el desfasaje entre un feminismo que viene imponiendo agenda y desbordando las calles (como sucedió el último 28 de mayo ante una nueva presentación del proyecto de ley por la legalización del aborto) pero se encuentra ausente en las mesas chicas donde siguen siendo los mismo de siempre tomando las decisiones. 

El escenario electoral y la participación de mujeres y disidencias en las listas abrió una profunda discusión al interior del movimiento feminista acerca de cuán real es nuestra capacidad de transformar las formas de ejercer el poder “desde adentro”. Mientras tanto, es donde no avanzamos cuando siguen imperando cómodas y sin prisa esas viejas prácticas.

Feminismo popular

Los ejes presentados antes dejan mucho para pensar acerca de todo lo que nos falta recorrer, pero entre tanto neoliberalismo es aún más importante pararnos sobre los nuevos pisos que hemos alcanzado para dar pelea. La reunión del Consejo del Salario fue la primera que tuvo representación de los Movimientos Populares y de las y los trabajadores de la Economía Popular. 

La emergencia social y alimentaria que están atravesando los sectores más vulnerables hace de su debilidad un flanco de lucha; acá también son las mujeres y disidencias quienes reciben con mayor fuerza el impacto de la crisis y, a la vez, quienes nos demuestran que las ollas en las barriadas, las cooperativas, los comedores, las guarderías, son herramientas no solo económicas para atravesar esta dura realidad sino organizativas. Como dice Jacqelina Flores, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), “nuestro objetivo no pasa sólo por llevar un plato de comida a nuestros hijos, lo primordial pasa por ser comprendidos como sujetos políticos”. 

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