Cultura

12 septiembre, 2019

Queríamos tanto a Daniel Johnston

Cantautor, dibujante, músico de culto: en todas esas categorías brillaba este artista ícono del rock under y Lo-fi que falleció este martes a los 58 años. Su composiciones enredadas en fantasmas propios -entre nostálgicas y enigmáticas- conservarán su sello desgarrado y poético.

Mariano Cervini

@marianocrv

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La vida de Daniel Dale Johnston (Sacramento, 1961 – Chester, 2019) parece haber sido dura y sin concesiones como su música. Diagnosticado desde muy joven de trastorno bipolar, hizo del arte una manera de aplacar el dolor de la existencia. Empezó en los setenta, grabando sus propios temas en cassettes vírgenes en un reproductor Sanyo de 59 dólares. Dibujaba las tapas de sus trabajos y los repartía a todo aquel que quisiera un ejemplar con una voz que parecía tan desesperada e irreal como una cascada de piedras para el alma.

Su universo de letras de superhéroes y dibujos animados en apariencia naif esconden una profundidad pocas veces alcanzada y mucho menos comprendida por el público mainstream y las discográficas que alguna vez intentaron un trato con ese músico raro que tomaba toneladas de gaseosa Montain Drew. En 1994, su álbum Fun fue grabado por la prestigiosa Atlantic Records, que canceló su contrato luego de vender la ínfima cantidad de seis mil ejemplares.

Criado en Chester -una ciudad de unos tres mil habitantes al noroeste de Virginia Occidental- sus canciones ganaron cierto reconocimiento local cuando en 1985, la cadena MTV realizó un especial de músicos locales de Austin, Texas, donde Johnston pasaba su primer y único año de universidad en la Abilene Christian University.

El estudio fue interrumpido por su trastorno bipolar que iba creciendo. Johnston alucinaba situaciones. Su padre, que había sido piloto en la Segunda Guerra Mundial, tenía un aeroplano. En una ocasión, mientras volaba con su hijo de copiloto después de un concierto en Austin, casi se matan porque Daniel tuvo un episodio y tiró las llaves al vacío.

Inspirado inicialmente en Los Beatles y John Lennon, sus canciones se oscurecen y piden ayuda a Jesucristo, Frankenstein, El Capitán América, Casper el Fantasma, El Diablo y algún amor platónico. Una inexplicable fijación con el número nueve que recuerda al White Album se presenta en varios temas sin preguntas ni respuestas. El dolor convertido en redención, súplica o tal vez burla satánica o tan sólo un irse desangrando.

Johnston comenzó a ser admirado por músicos como Tom Waits, Eddie Vedder, David Bowie y hasta Kurt Cobain usaba una remera con el dibujo de Hi, How Are You, el sexto álbum grabado en cassette en 1984.

“Ayer mismo estaba genial de espíritu; sus tobillos estaban hinchados pero se veía y se sentía realmente bien”, declaró a la AFP su hermano y mánager, Dick.  Tal vez valga la pena recordarlo con ese espíritu siempre. 

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