Nacionales

13 septiembre, 2019

13 de septiembre: día de les bibliotecaries

Esta fecha se conmemora en Argentina al recordar el artículo firmado por Mariano Moreno en la Gazeta de Buenos Aires en 1810, donde se anunciaba la inauguración de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, antecesora de la Biblioteca Nacional.

Sol Martínez*

@SolMar1936

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Poco se sabe de la tarea de les bibliotecaries, bibliotecólogues o profesionales de la información, o solo se les imagina en la tradicional imagen de la mujer con rodete detrás del mostrador de un biblioteca o de la entrañable bibliotecaria escolar, sin embargo esta disciplina abarca muchas más tareas que la sola entrega y guarda de los libros físicos en los estantes. 

Desde su origen, la bibliotecología tuvo la obsesión de conseguir la organización de la producción intelectual y de la clasificación del conocimiento. Detrás de los órdenes que vemos en los estantes de las bibliotecas con códigos incomprensibles se hallan estas clasificaciones. 

Las más utilizadas son las clasificaciones decimales (CDD y CDU) que aspiran a abarcar todas las ramas del conocimiento y asignarles un código que hiciera recuperable cada libro a partir de ese ordenamiento. Con el tiempo, con las nuevas tecnologías y la mayor circulación de la información, las tareas se fueron transformando, diversificando. 

Hoy, les profesionales de la información son quienes impulsan las iniciativas de Acceso Abierto, de Software Libre, de las licencias de derechos distintas al Copyright como la licencias Copyleft y Creative Commons. Además, son quienes diseñan los metadatos que hacen recuperable la información que circula en las redes, en bases de datos, en repositorios digitales, catálogos en línea, etc.

Una característica a destacar de esta disciplina es que es ejercida y desarrollada mayoritariamente por mujeres. En el plano de la investigación en ciencia de la Información resuenan los nombres de María Moliner autora del Diccionario de uso del español, enfrentada a la Real Academia Española (RAE) y su mirada estática de la lengua. Josefa Sabor, referente de la profesionalización de la disciplina en Argentina, y muchísimas otras. Sin embargo, al considerarse trabajo de mujeres, la convierte en una profesión subvalorada, muy poco promovida y conocida, tanto que muchas veces las profesionales debemos responder a la pregunta insistente de si es necesario estudiar para ejercerla. 

Generalmente debemos padecer que lleguen a tener renombre hombres ilustrados elitistas en lugar de las miles de bibliotecarias que defienden día a día el derecho al acceso a la información, así como que muchas instituciones no convoquen a bibliotecarias para el desarrollo y diseño de repositorios y bases de datos sino a profesionales orientados a la informática, con los problemas conceptuales que esto conlleva.

El vaciamiento de la Biblioteca Nacional

En sus 209 años la Biblioteca Nacional solo había sido dirigida por bibliotecarios durante dictaduras militares. Tal es el caso de José Edmundo Clemente quien se desempeñó como mano derecha de Jorge Luis Borges entre los años 1955 y 1973, y como director entre los años 1976 y 1979 y Horacio Hernán Hernández, médico y bibliotecario cordobés, de 1979 a 1984. 

Recién en 2018 por primera vez una profesional en el área ocupa la dirección en democracia y se la agrega una novedad más, por primera vez es una bibliotecaria mujer: Elsa Barber, quien fue directora por varios años del departamento de la carrera de Bibliotecología y Ciencia de la Información de la UBA.

Podría resultar más que auspiciosa la designación de Barber en tamaño cargo, y así se vivió cuando fue nombrada vicedirectora durante la gestión de Horacio González. Más allá de las críticas a su desempeño en la carrera de Bibliotecología y Ciencia de la Información, traía un halo de esperanza frente a un período de penosa desidia por el que estaba atravesando la Biblioteca Nacional. 

Durante la gestión Gónzalez-Barber se logró avanzar con el catálogo de las colecciones y ponerlo a disposición en línea, se construyó una biblioteca digital de más de 7000 títulos en acceso abierto, se organizaron archivos personales históricos de decenas de personalidades relevantes de nuestra cultura, se puso en pie el Museo del Libro y de la Lengua, se publicaron decenas de títulos con editorial propia, entre reediciones y originales, todo gracias al trabajo de jóvenes profesionales de bibliotecología, historia, letras y otras carreras afines contratados durante ese período.

A partir de la asunción de Cambiemos en el gobierno, en diciembre de 2015, Horacio González renunció y Barber asumió de manera interina hasta la toma de cargo de Alberto Manguel. Durante el breve período en el que estuvo al mando fue responsable de 250 despidos, sin que esto le produzca ninguna contradicción ni con su adscripción a la gestión anterior ni con la defensa de la profesión. 

Una vez asumido Manguel, volvió a su cargo de vice y fue corresponsable de la baja de proyectos, el vaciamiento del Museo del Libro y de la Lengua y el recorte general del presupuesto. De Manguel, un empresario editorial que vivió toda su vida en el exterior, no sorprendió este accionar, sin embargo, de parte de Elsa Barber tal vez se esperaba otro desempeño. 

Su pertenencia de género y su formación profesional en este caso no fueron garantía de empatía ni defensa de las profesionales despedidas. El feminismo claramente no les viene innato a las mujeres y ella es ejemplo de esto. Incluso ha expresado públicamente su postura acerca de que el hecho de que sean más mujeres que varones quienes somos bibliotecarias constituye un problema para la investigación por la poca inclinación de éstas hacia el desarrollo teórico. 

En el tiempo que lleva como directora, desde el año pasado hasta ahora, siguió con este derrotero de vaciamiento de la Biblioteca: firmó contratos escandalosos de compra de software privado en vez de utilizar los recursos humanos propios; siguieron los despidos, incluso de trabajadores con licencias médicas de largo tratamiento dejándolos sin cobertura, tras es el caso de la trabajadora Analía Chaparro, quien se enteró de su despido estando internada en el sanatorio Itoiz de Avellaneda y falleció 20 días después, en mayo de este año.

Barber, en definitiva, no ha tenido problema de ser durante estos años quien llevó adelante el trabajo sucio de despedir trabajadores y desguazar la Biblioteca. Pero no lo hizo en nuestro nombre. Preferimos referenciarnos en quienes dedicaron y dedican su vida a mantener viva la cultura y acercarla a nuestro pueblo como derecho humano y no como mercancía.

* Bibliotecaria CAICYT/CONICET

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