El Mundo

24 septiembre, 2019

Ocupación y educación: Palestina tiene menos analfabetismo que Israel

La presencia militar israelí en los territorios palestinos plantea una gran cantidad de problemas para la población. La violencia directa es la más evidente, sin embargo las dificultades para acceder a derechos básicos, como la educación, son también una constante.

Leticia Silvestri

@letisilvestri

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La ocupación israelí afecta la libertad y el carácter biológico de la vida de los palestinos y palestinas. Bombardeos, detenciones arbitrarias, presos políticos, son palabras que en los medios de comunicación se suelen ver asociadas con los territorios de Gaza, Cisjordania o Jerusalén Este.

Sin embargo lo que es más invisible a los ojos de la prensa internacional es el carácter “ocupado” de la vida cotidiana, las limitaciones que un ciudadano cualquiera tiene para ir a trabajar, estudiar, vistar al médico o simplemente divertirse.

En este sentido la educación es un aspecto central. Para graficar la importancia que tiene para los palestinos y palestinas el acceso a este derecho humano fundamental, es necesario tener en cuenta que más del 50% de la población son menores de 18 años, es decir en edad escolar. Asimismo, la formación política, social y ciudadana del pueblo palestino constituye un factor fundamental en su crecimiento y liberación.

Esto se manifiesta en los datos que destacan que Palestina está, desde hace años, entre los cinco países más alfabetizados de Medio Oriente (por arriba de Egipto, Arabia Saudita, Turquía y del propio Israel). Mientras en el mundo árabe, el promedio de analfabetismo es del 24,8% y en el mundo en general, del 13,8%, entre palestinos y palestinas el número es de apenas 2,8%.

Esto se logra aún cuando el acceso a la educación está limitado en la cotidianidad del territorio cisjordano, tanto por límites directos como indirectos.

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Los primeros incluyen a todos los obstáculos que impiden acceder –de manera física- a los establecimientos educativos. Un ejemplo de estas restricciones son las calles cerradas en la ciudad de Hebrón (Al-Khalil) que impiden que niños y niñas lleguen a su escuela. Lo que sucede de manera frecuente y sin aviso. De un día para el otro, una calle cualquiera puede ser declarada “zona militar cerrada” por motivos de “seguridad” generalmente inexistentes.

Muchas veces, se trata del único camino seguro para los menores para llegar a las instituciones educativas, dado que otras vías más largas podrían ponerlos en peligro de acosos o ataques de colonos israelíes. Lo mismo sucede en zonas rurales, con bloqueos de rutas de acceso a pueblos enteros. Cuando una zona es declarada “cerrada”, sólo pueden transitar por ella soldados israelíes (aunque frecuentemente se ven colonos que las utilizan sin ser desalojados).

Otra de las imágenes que es común ver a diario consiste en soldados (armados con fusiles M16) rodeando escuelas, custodiando sus puertas y bloqueando el paso a pie de los niños y niñas que entran y salen. Es posible llegar a ver alrededor de 15 soldados patrullando una escuela a la que están entrando 300 estudiantes. Caminan a lo largo de las veredas angostas que los alumnos utilizan para llegar al establecimiento, impidiéndoles el paso, provocándolos con lenguaje verbal o corporal, o simplemente llevando el arma en posición horizontal, apuntando a quien está enfrente.

Estos mismos soldados son los que, con la excusa de que alguno de esos chicos puede haber tirado piedras en algún lugar días atrás, los detienen, los revisan, los suben a sus jeeps maltratándolos y, si finalmente se dan cuenta de que no se trataba de quien buscaban, los sueltan. Si, por el contrario, un estudiante resulta parecer “sospechoso” de algo, es posible que lo arresten.

“La semana pasada uno de nuestros estudiantes recibió un tiro en la rodilla cuando estaba saliendo de la escuela, por un enfrentamiento con soldados que estaba ocurriendo a más de 100 metros”, cuenta Ahmad, docente de la escuela de Burín, al norte de Cisjordania. 

Después de estas situaciones, está claro que las y los jovenes empiezan a tener miedo de ir a la escuela. La mayoría de los estudiantes hostigados por las fuerzas israelíes son adolescentes y varones. El director de la escuela de As-Sawiyya -otro pueblo en la región de Nablus- contó a Notas: “Estas situaciones también provocan un mayor nivel de violencia entre los estudiantes, problemas de disciplina que afectan el normal funcionamiento de una institución educativa”.

Pero la situación en las escuelas puede ser aún más violenta. Si los soldados consideran que el menor a quien están buscando está en clase, no dudan en tirar gases lacrimógenos y bombas de estruendo hacia el interior de la escuela, que inmediatamente debe ser evacuada. “Al día siguiente de situaciones como ésta, el nivel de ausentismo es mucho mayor”, cuentan los docentes.

Otros factores que limitan el acceso a la educación son los arrestos infantiles y detenciones administrativas. Según la normativa militar israelí, los chicos pueden ser arrestados a partir de los 12 años y sin cargos. Dentro de las prisiones, no tienen clases ni escuelas y les está prohibido acceder a libros educativos durante el período de encierro, con lo cual es muy probable que ante una detención, pierdan el año lectivo.

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Cuando hablamos de límites indirectos, se trata de todas aquellas situaciones que pueden no afectar directamente la llegada al establecimiento de manera inmediata, pero que resultan en ausentismos repetidos y empeoramiento de las condiciones de enseñanza y aprendizaje.

Aquí se incluyen cada una de las limitaciones de la vida de los y las palestinas bajo ocupación. Por ejemplo los checkpoints que, en el mejor de los casos, hacen muy engorroso desplazarse de un lugar a otro, teniendo que invertir hasta cinco veces más tiempo que en una situación normal. Hay aproximadamente 700 checkpoints en el territorio cisjordano.

Por otro lado, son frecuentes las demoliciones de casas palestinas o desalojos de familias enteras, que deben mudarse de ciudad a la casa de algún conocido, o vivir en carpas o cuevas. Se demuelen, además, otros edificios, como escuelas, plazas de juegos y jardines de infantes.

El frecuente hostigamiento de colonos israelíes, el limitado acceso al agua y a servicios de los edificios escolares -que está controlado por la administración israelí- o la suspensión de pagos de salarios a docentes como consecuencia de que el Estado de Israel no le devuelve a la Autoridad Palestina el dinero de sus propios impuestos, son todos factores que deterioran las condiciones de enseñanza y aprendizaje y limitan el acceso a una educación digna de jóvenes palestinos y palestinas.

Sin embargo, este pueblo es cada vez más consciente de que necesitan jóvenes formados y formadas para seguir dando pelea, para no rendirse, para que la conciencia cada vez más sensible permita que la resistencia y los lazos de solidaridad crezcan.

“El pueblo palestino sólo podrá ser libre por la batalla cultural que está dando en todo el mundo, y para eso necesitamos jóvenes críticos, niñas que cuestionen, niños que luchen, necesitamos poder hablar inglés porque el mundo occidental no entiende la lengua árabe, tener herramientas tecnológicas para contarle al mundo lo que vivimos. La solidaridad de los pueblos del mundo es lo que nos va a permitir romper con el cerco sionista de la desinformación”, explicaba con claridad un integrante del Teatro de la Libertad, de la ciudad norteña de Jenin.

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