Cultura

25 septiembre, 2019

Exactas, la revancha

A casi 30 años del disco grabado en el mismo lugar, un nuevo recital en memoria del Luis Alberto Spinetta trajo a consagrados y nuevos al escenario para celebrarlo.

Leandro Bukka

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¿Tienen sentido ya los homenajes a Spinetta? ¿No es riesgoso meterse en el loop de veneración una y otra vez? ¿No aleja más aún al artista ahora que no está físicamente aquí? Bueno, no. Y por varios motivos.

El último sábado, Manifiesto Cultural de la Federación de Docentes de las Universidades (Fedun) convocó al recital homenaje “Hombre de Luz” en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. La excusa fue rememorar el recital que allí diera el Flaco en 1990, de donde se extrajo su primer disco solista en vivo: Exactas.

El show (a beneficio, una entrada por un alimento no perecedero) abrió con un discurso de parte de uno de los docentes del sindicato dando la bienvenida al evento. No fue inocente: la docencia vive horas tristes tras la muerte de Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar mientras reclamaban mejoras en sus condiciones laborales en Chubut. Tampoco es incoherente: se sabe que el Flaco apoyaba ampliamente las causas educativas, como ocurrió aquella vez con la carpa blanca o más recientemente en las iniciativas de Conduciendo a Conciencia a partir de la tragedia de la escuela ECOS.  

Todo comenzó con un video mash-up de sonidos y ruidos extra musicales de las obras de Luis armado por quien fue el capitán de toda esta velada: Javier Malosetti. Salió al escenario y lo secundaron: Daniel Ferrón (voz), Baltasar Comotto (guitarra), Leo Sujatovich (teclados) y Daniel Colombres (batería). Sí, todos ellos haciendo canciones de él. Y todavía faltaban les invitades. La situación hablaba por sí misma. 

Una calesita de artistas ayudó a trazar toda la cosmogonía musical spinetteana: subieron Emilio del Guercio y Rodolfo García a hacer coros de temas de Almendra. Entre ellos, “Hoy Todo el Hielo en la Ciudad” con letra extendida. El coro en plan Beatles es tan evidente que no podría haber mejor postal de la época. Su música es el testamento perfecto. 

Cuando estos no cantan, canta Malosetti -curiosamente, el único soldado de aquella cruzada del disco original que se estaba homenajeando-. Y cuando no cantaba Malosetti, cantaba Comotto, usual invitado en la última época del Flaco. De paso paseó y fraseó solos sobre “Tu Vuelo al Fin” y “Yo Miro tu Amor”. 

Pronto estuvo dispuesto a un duelo guitarrístico. Pero un enroque de músicos trajó a Gustavo Spinetta -hermano de Luis, baterista- y Lito Epumer (guitarra) a escena para interpretar temas del disco Artaud. Y, bañados bajo esa atmósfera verde tan característica, sonaron “Cementerio Club” y “Bajan”. ¡Feliz Primavera! 

La caravana de invitades siguió con Leo García a tiro para “Seguir Viviendo sin Tu Amor” y “No te Alejes tanto de Mí”. Acertadísimas decisiones, el timbre de García calza perfecto. La curaduría estuvo muy bien hecha. Sembraron un par de dudas la nivelación de sonido (la guitarra al principio casi no se oyó) que explicaron por qué se lo escuchó tan bajito. Así también, la decisión de poner a Claudia Puyó a cantar “Crisantemo” a solas con Sujatovich. Pero volaron lejos cuando retrucaron con “Despiértate, Nena”, habitual en su repertorio. Aquí sí se trenzaron a duelo Epumer/Comotto. Vencedor: el auditorio. 

La primera parte no terminó sin antes presentar al otrora invitado: Lisandro Aristimuño. El trazar un puente entre el adulto y joven auditorio fue claro: Aristimuño fue, por lejos, el más vitoreado. Y más aún cuando vocalizó “Siempre en la Pared” y “Fina Ropa Blanca” -dos canciones no tan conocidas del repertorio-. Otra vez, política de curaduría musical y estética.

Otro medley audiovisual dibujos/música liberó el escenario para que Sujatovich solo interprete esa bellísima pieza llamada “Vida Siempre”. Acto seguido, entró un prócer: si la inflación deja algún billete en pie, ojalá le otorguen aunque sea uno a Machi Rufino. Bajo mediante, se cargó canciones tan lindas y difíciles como “Los Libros de la Buena Memoria” y “Era de Uranio” (muy bien cantada y muy limpia voz) para cerrar con “Durazno Sangrando”, solo incluido. De todas las canciones, la mejor interpretada. Por escándalo. 

Volvió la formación original con Rodolfo García a la batería para “Las Habladurías del Mundo” y se le sumó Emilio para “Leves Instrucciones” y un temazo como “A Estos Hombres Tristes”. En escenario quedaron Dani Ferrón y Rodolfo García, la base de la última banda que supo tener Luis (Lo’ Amigos). Aprovecharon y tocaron un tema del disco homónimo de la banda, Iris, que debiera ser un clásico a esta altura de las circunstancias si el homenajeado siguiese vivo. 

El verdadero cierre, no obstante, lo dieron todes les presentes subiendo a cantar el tema “8 de Octubre” -a propósito de concientización social y política- junto con “Rutas Argentinas”, y todo el auditorio agitando. He aquí un gesto que definió toda la velada: el único que se estaba quedando sin tocar en esos momentos, por falta de instrumento y micrófonos, era Machi, quietito al lado del escenario. Justo Machi, pobre. Y Malosetti, que se mostró agradecido toda la noche, en el medio del primer solo le cedió el bajo que sabe que le pertenece a su maestro y se fue directamente a joder con Rodolfo a la batería. Como si algo más quedara por enseñar más que humildad y amor. Justo en el Día del Estudiante.

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