Cultura

7 octubre, 2019

Edgar Allan Poe o la insoportable fragilidad de la vida moderna

Se cumple un nuevo aniversario del enigmático fallecimiento de uno de los escritores más influyentes de la literatura universal. Una parte de su obra que constituye toda una representación de las oscuras y bajas pasiones de la modernidad.

Juan Manuel Erazo

@JuanchiVasco

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En sus Meditaciones metafísicas (1641) el filósofo francés René Descartes hace de la duda permanente la base del pensamiento moderno. En momentos de revolución copernicana y de expansión europea sobre sitios desconocidos, Descartes (y la eurosincracia) comenzaba a dudar de todo ¿Y si todo fuese obra de un dios maligno que nos quiere confundir? ¿Y si no existiese pues un dios bondadoso que obra siempre con perfección?

Ni los sentidos, ni las matemáticas (la más exacta de las ciencias), ni la naturaleza serían pues fiables. Solo se puede confiar en la propia existencia, de lo único que se puede estar seguro es de que pienso: cogito ergo sum (pienso, luego existo). Esta es la fórmula constitutiva del pensamiento moderno occidental: mi pensamiento individual, y por lo tanto mi propia existencia, es indudable, algo absolutamente cierto y a partir de lo cual puedo establecer nuevas certezas.

En Historia de la locura en la época clásica (1961) Michel Foucault interpreta que esta duda metódica de Descartes erradica totalmente a la locura, este autoconocimiento del individuo no puede tener rastros de desvaríos ni vacilaciones. La racionalidad moderna se sienta sobre la expulsión de la locura, de lo impulsivo, del sentimiento, de lo natural. En una conferencia dada en 1963, el también filósofo francés Jacques Derrida desafía este precepto de su admirado maestro Foucault. ¿Y si en el momento del “pienso, luego existo” el dios maligno también está operando? ¿Y si ese ser racional, sólo seguro de su propia existencia también está totalmente loco? En el corazón de la racionalidad moderna habita la locura, esta racionalidad ya nació arruinada.

En La caída de la Casa Usher (1839), el escritor Edgar Allan Poe relata en primera persona la visita del protagonista a la casa de un viejo amigo, Roderick Usher, un excéntrico y enfermo artista, propietario de una extraña mansión en la que vive con su hermana quien muere de manera inesperada desatando una serie de sucesos fatales. Toda la obra es uno de los mejores (y primeros) retratos de la decadencia de la racionalidad moderna. Toda la casa, lujosa pero en ruinas, sólo sirve para albergar en sí una pompa civilizatoria que está totalmente sumergida en la locura. La enorme grieta que va del techo hasta el lago (descrita minuciosamente durante todo el relato) es la bisagra donde brota lo sobrenatural, el inconsciente y las bajas pasiones, es la fisura asentada en los mismos cimientos que termina derrumbando la mansión en su totalidad.

Durante la mayor parte de su obra, Poe se propuso indagar el lado más sombrío del hombre moderno, la crisis de la razón y su naturaleza. Así, como el mismo pensamiento racional pudo haber surgido de una mente totalmente desquiciada, la crítica a la modernidad debería surgir de una cabeza tan sagaz como tormentosa. Poe, no sólo en su faceta de escritor, desnudó la fisura por donde sangra la modernidad, por donde supura una serie de fantasmas y misterios.

Nació el 19 de enero de 1809 en Boston, EE.UU. Hijo de una pareja de actores quedó huérfano siendo niño cuando su padre huyó de la casa y su madre murió poco tiempo después. Lo único que conservó Edgar de sus padres biológicos fue un retrato de su madre y un dibujo del puerto de Boston. 

Separado de sus dos hermanos fue adoptado por la familia Allan y comenzó a vivir una cómoda vida en lo económico pero un infierno en lo afectivo. Las revistas literarias inglesas que recibía su padrastro desde Inglaterra lo acercaron a los escritores clásicos, mientras los relatos macabros contados por la servidumbre negra sobre brujerías y cadáveres que aparecen fueron alimentando su imaginario.

Su primer libro, Tamerlane y otros poemas (1927), está saturado de paisajes y de evocaciones a la naturaleza como un cuerpo vivo capaz de liberar fuerzas indómitas, apreciaciones a contramano de una época en que las ciudades avanzaban sobre los bosques hasta morir. Dos años más tarde, en Al Aaraaf (1829) el escritor transitó las mismas temáticas.

Encasillar a Poe sólo en su aporte al relato detectivesco y a los elementos que componen género de terror y suspenso es limitar su influjo literario. Sus formas sensibles, sus interrogantes metafísicos y su apasionado misticismo lo posicionan no sólo como uno de los mayores exponentes de la corriente romanticista, sino también como uno de los precursores del simbolismo, género literario que dio lugar a grandes exponentes como Charles Baudelaire, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud.

Su amor por la poesía nunca fue retribuido. Por el contrario, durante su vida nunca fue reconocido por eso. Su fuerte comercial fue el cuento corto donde desarrolló los elementos centrales del relato moderno inspirando a escritores en diversas épocas y lugares del mundo. El golpe de efecto, la originalidad, los sentidos metafóricos, las descripciones y el juego de intensidades son los pilares sobre los que se basa la obra narrativa de Poe y la de gran parte de los que lo sucedieron.

Obras como Manuscrito hallado en una botella (1833) o Morella (1835) empezaron a evidenciar estos elementos casi surrealistas que se fueron cada vez perfeccionando más. La muerte, ni secular ni religiosa, sino simplemente grotesca fue una temática transversal de toda su obra, así como también la presencia de mujeres con puntos comunes como la enfermedad y la belleza, similares a las que pasaron por su vida, incluida su esposa Virginia Clemm Poe quien murió de manera prematura.

A partir de 1838, ya asentado en Filadelfia, trató de hacer de la escritura su modo de ganarse la vida, algo que le trajo pésimas consecuencias económicas. No obstante explotó su creatividad llegando a escribir su única novela La narración de Arthur Gordon Pym y dando origen a la aparición de un personaje detectivesco que pasó por varios de sus mejores relatos, Auguste Dupin.

Alcohólico y hundido en una total depresión a partir de la enfermedad de su esposa, Poe escribió cuentos memorables como El gato negro y El escarabajo de oro (1847). Dedicó sus últimos años a confeccionar uno de sus más célebres poemas.

¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. / No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira / que profirió tu espíritu! / Deja mi soledad intacta. / Abandona el busto del dintel de mi puerta. / Aparta tu pico de mi corazón / y tu figura del dintel de mi puerta. El cuervo (1845) es casi una carta de despedida donde Poe conjugó todas las temáticas que atravesaron su obra y su vida. Devorado por sus propias locuras en un mundo de locuras, Poe murió dos años después que su esposa. Los días previos fue encontrado delirante en la calle y encerrado en un hospicio.

Como dijo Jorge Luis Borges sobre su vida: Temía la otra sombra, la amorosa, / las comunes venturas de la gente; / no lo cegó el metal resplandeciente / ni el mármol sepulcral sino la rosa.

Edgar Allan Poe supo desnudar los subsuelos del pensamiento y la vida moderna, sus aspectos más débiles, enfermizos e insoportables. Poe, una muestra más de que el sueño de la razón produce monstruos. 

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