Batalla de Ideas

17 octubre, 2019

Soberanía Alimentaria: la urgencia de pensar nuestro modelo de desarrollo

Durante esta semana distintas iniciativas a nivel mundial plantean la necesidad de discutir el modelo de desarrollo, la producción agroecológica y la soberanía alimentaria para combatir el hambre en los distintos países.

Tomás Carroza*

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El 16 de octubre es para la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) el Día Mundial de la Alimentación. En este marco, La Vía Campesina impulsó el Día Mundial de la Soberanía Alimentaria para reafirmar que sólo así es posible acabar con el hambre en el mundo. 

Con esta fecha como disparador, en Argentina, durante toda la semana se está realizando un llamado a la acción para pensar un hecho central en la política de desarrollo: el derecho a que cada pueblo construya las herramientas que le permitan acceder a sus alimentos de forma equitativa, justa y soberana. Es entonces un llamado a discutir qué políticas alimentarias queremos y para quienes.

Discutir el modelo de desarrollo en Argentina implica dar cuenta de una de las mayores paradojas: la de ser un productor neto de alimentos, pero exhibir cada vez mayores problemas para que todes les habitantes puedan acceder a los mismos. Por lo tanto, el eje central del debate son las políticas de acceso a los alimentos. 

Esto es un hecho eminentemente político, porque significa definir qué actores son aquellos que deben estar al frente de la producción, y que mecanismos son los más justos para productores y consumidores. El acceso a los alimentos es entonces una disputa central en el modelo de país que queremos. 

Así, en un momento de profunda crisis económica y social como el que transitamos, existen experiencias que dan esta disputa y que son pilares en repensar nuestros procesos de producción de alimentos y sus objetivos. Comprender el proceso de construcción de soberanía alimentaria y el trabajo realizado por las organizaciones campesinas requiere analizar cada uno de los pasos involucrados, desde que el alimento es producido hasta que cada habitante accede al mismo. Desde una producción sustentable a un comercio justo.

El punto de partida es, entonces, la forma de concebir la producción. Desde hace varias décadas, la producción de alimentos se basa en un modelo dependiente de insumos. De esta forma año tras año se generan grandes presiones sobre las tierras productivas, generalmente cercanas a centros urbanos, lo que entre otras cosas provoca cada vez mayores problemas en los ecosistemas y expone a trabajadores a condiciones laborales cada vez más difíciles. Este sistema se ha basado en una mayor “eficiencia” por el uso de insumos como plaguicidas, pero paradójicamente es necesario cada vez mayor cantidad de los mismos.

Esto se complementa con sistemas de comercialización en los cuales los márgenes obtenidos por les productores son cada vez menores. Se suman intermediarios que generan distorsiones en el precio y modelos de “calidad” impulsados por grandes cadenas supermercadistas, que homogenizan los productos y descartan la diversidad, aquella que es central para la sustentabilidad productiva.

Esta combinación entre producción y comercialización ha mostrado cada vez mayor hegemonía en los sistemas alimentarios y se muestra cada día más excluyente para que toda la población pueda acceder a los alimentos. Por eso, cuando pensamos en soberanía alimentaria, pensamos en cómo podemos forjar nuestro propio destino en la producción de alimentos, como hacerlo de forma incluyente para que cada habitante pueda acceder de forma justa a los mismos.

Las experiencias de las organizaciones populares, de base y números proyectos en universidades nos ponen frente a formas que buscan subvertir este proceso hegemónico. Que frente a cada uno de los pasos de este proceso que va desde la tierra a la mesa de cada habitante, pone como eje la soberanía y la capacidad de decisión.

Estos procesos comienzan en la producción, en formas productivas basadas en modelos cuyo eje es la agroecología y que privilegian el papel del agricultor familiar. Esto permite rescatar saberes que han sido centrales en el pasado y, entre otras cosas, buscan recuperar aquellas semillas que durante generaciones alimentaron a nuestro país. 

La soberanía alimentaria es repensarnos sobre estas formas productivas, pero que a su vez buscan rediseñar formas de comercialización. Ferias, mercados, repartos, han permitido que cada vez a más habitantes puedan acceder a alimentos no solo más sustentables, sino cada vez a precios más justos.

Por todo esto debemos tener en cuenta que la soberanía alimentaria es también soberanía tecnológica, porque cada uno de estos procesos proviene de grandes trayectorias de innovación popular que permiten rediseñar modelos hegemónicos para generar procesos de desarrollo alternativos, endógenos, populares y sustentables.  

* Ingeniero Agrónomo y magister en Agroeconomía (UNMdP)

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