Educación y Ciencia

28 octubre, 2019

¿Qué pasa con la ciencia y la tecnología después de Mauricio Macri?

Los cuatro años de macrismo al frente de la política científica nacional desmienten toda idea de que la ciencia es un ámbito neutral, ajeno a opciones ideológicas y a las condiciones económicas en que se construye el conocimiento.

Victoria García*

@vicggarcia

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En estos años, diversos sectores de la oposición al gobierno nacional, ahora en retirada, denunciaron constantemente el desfinanciamiento al que estaba siendo sometido el sistema científico-tecnológico nacional. Se logró construir una unidad en la acción indispensable para ponerle freno a estas políticas.

Hubo dos procesos que fueron emblemáticos en este sentido: la toma del ex Ministerio de Ciencia y Tecnología, en diciembre de 2016 –vinculada al recorte en la carrera de investigación del CONICET–, y el acampe en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) iniciado en enero de 2018, a partir de los despidos masivos en el organismo. 

En ambos casos, se trataba de enfrentar tanto la destrucción de políticas públicas en ciencia y tecnología como la de puestos de trabajo, que dejaba en la calle a cientos de personas. Si en el conflicto por los ingresos al CONICET se alcanzó un triunfo parcial pero importante (ya que los investigadores expulsados fueron incorporados a universidades nacionales), en el INTI, pese a la lucha sostenida de los trabajadores, solo se lograron reincorporaciones aisladas por la vía judicial.

Entre uno y otro conflicto, tuvieron lugar las elecciones de medio término, de las que el macrismo salió fortalecido. Una vez más, el rumbo de la ciencia y la tecnología no resultaba ajeno a los conflictos políticos y económicos que atraviesan al país. 

Quizás una de las imágenes más representativas del proceso de transición política que se abre en estos días sea la de la entrada de los despedidos del INTI al predio de la calle Constituyentes, al grito de “acá no sobra nadie”. Con esta acción colectiva celebraron este lunes la renuncia de Leonardo Spina, uno de los funcionarios que comandó los despidos en 2018. Buscan reavivar así, además, la lucha por las reincorporaciones en un contexto de interrogantes abiertos por la llegada del nuevo gobierno. 

La expectativa se cimenta en la centralidad que tuvo la ciencia y la tecnología en la campaña del Frente de Todos. Fernando Peirano, que coordinó ese eje y cuyo nombre suena fuerte para la cartera científica en el gobierno entrante, ya señaló en declaraciones públicas que la primera necesidad del sector es económica: se trataría, en primer lugar, de recuperar presupuesto luego de la pérdida de más de un 40% (en términos reales) que se registró en los años de macrismo. 

Parte de esta recuperación presupuestaria debería estar destinada a revertir el proceso de pauperización salarial sufrido por los trabajadores del sector. Este impacta con más fuerza sobre los más precarizados del sistema: administrativos y becarios. 

En el caso de los becarios, el empobrecimiento de los mal llamados “estipendios”, sumado a la falta de derechos laborales básicos y a la escasez de subsidios a los grupos de investigación, ha convertido la tarea de obtener un doctorado y un postdoctorado en una carrera de obstáculos solo sorteables por unos pocos. Hay quienes optan por buscar opciones fuera del país; otros, simplemente, dejan de apostar al ámbito científico.

En el CONICET, el cambio de gobierno y sus implicancias al interior del Directorio –cuyo presidente es designado por el Poder Ejecutivo Nacional– también abren interrogantes sobre la etapa que se viene. Una de las expectativas de los gremios, alimentada por declaraciones recientes de las autoridades del organismo, es que se reabra la discusión sobre el convenio colectivo de trabajo sectorial. Tanto el INTI como el INTA tienen convenios colectivos propios, mientras que el CONICET se rige por un estatuto sancionado como decreto ley durante la dictadura de Alejandro Lanusse en 1973.

Un convenio colectivo sectorial del CONICET permitiría consagrar derechos que hoy son negados para muchos de sus trabajadores, contemplando las particularidades de la tarea científica.

En 2014, ATE CONICET había presentado una propuesta que incorporaba a los cuatro escalafones del organismo: investigadores, personal de apoyo, becarios y administrativos. La viabilidad de esta propuesta dependerá de la voluntad política de las autoridades, pero también de la disposición de la llamada “comunidad científica” a jerarquizar un planteo que se consolidó en los años del macrismo: que no hay ciencia sin recursos del Estado, pero tampoco la hay sin condiciones de trabajo dignas para investigadores, técnicos y administrativos.

* Delegada de géneros y DDHH de ATE CONICET Capital

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