Géneros

4 noviembre, 2019

El orgullo es una respuesta política

Marcha XXVIII del Orgullo: entre los cuerpos revolucionarios y el marketing capitalista.

Daniela Errecarte y Lanzi*

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La gente salía del subte desorientada y efervescente. Cuando se fijaban a dónde ir, el Google Maps les mostraba un camino multicolor por donde sería el recorrido de la marcha, que estaba a punto de empezar. Los escenarios combinaban con los cuerpos. Banderas de todos los colores y tamaños pintadas en los rostros e impresas en las remeras: se veía la LGBTIQ+, la Trans, la No Binarie, la Bisexual, entre muchas otras. De fondo, un banner gigante en la puerta de una importante cadena de cafetería recuerda que ya llegó la nueva Torta Pride Rainbow.

Al mismo tiempo, casi como si fuera un guiño cínico, circulaban las bicicletas de la ciudad con la bandera del orgullo estampada. El colectivo de los City Tours acompañaba toda la marcha, con cientos de turistas adentro sacando fotos como si todo se tratara de un zafari.

La calle se dividía entre la comercialización grotesca y los carteles de protesta. 

La marcha del orgullo es históricamente un lugar de encuentro, de reconocimiento, de revolución de cuerpos y, sobre todo, de demandas. Demandas que existen, aún hoy, porque no se garantizan sus derechos básicos, ni siquiera el derecho a vivir.

La semana pasada mataron a una mujer trans, la Chicho. Un varón le clavó 14 puñaladas en el medio de la vía pública. Parece ser que alguien te diga “que lindo que sos” es motivo suficiente para convertirte en un asesino. Porque antes criminal, que puto.

El grito de la Chicho se sintió a lo largo y ancho de la Avenida de Mayo. Ahí estaban sus compañeres, alzando una voz que ya no está. Emplumades, montades, maquillades, entangades, ocuparon las calles para mostrarle a la sociedad que todavía hay personas que no pueden transitar la vida sin ser oprimidas, discriminadas o asesinadas. La música sonó de fondo toda la marcha, ya que debían celebrar que algunes todavía resisten y sobreviven para revolucionarlo todo.

Si les llaman para aparecer en sus publicidades, van a estar. Si les llaman para darse un beso torta, un abrazo trans y pasarlo por todos los canales, van a estar. ¿Quieren usar sus colores para decorar una torta? ¡Que lo hagan! Quizás algún cualquiera se la compra y sube una historia a instagram. Total, elles estarán en las calles, recordando que el mismo Estado que se hace el gayfrendly es el que permite que les caguen a piñas todos los días, el mismo que no cumple con la Ley de Identidad de Género recortando las hormonas para las personas trans. Ocuparán las calles, diciéndole a estas mismas empresas que además del beso puto, se necesita el cupo laboral travesti-trans.

Pedro Lemebel en 1986 decía: “¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?”. Ahora, en 2019, agregan: “Agárrense, porque la vamos a homosexualizar, a trasvestizar, a lesbianizar, a transexualizar, a putizar, a no binarizar y todo lo que se nos ocurra, porque el orgullo es una respuesta política”.

*Integrantes de Bardo Colectivo Contracultural

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