Batalla de Ideas

5 noviembre, 2019

Resistencias populares en el mundo, América Latina sigue en pie de lucha

Un análisis la crisis actual del capitalismo y las distintas respuestas populares que surgen en nuestra región y en todo el planeta.

Manuel Bertoldi

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La crisis internacional que irrumpió hace poco más de 10 años ha generado una fuerte turbulencia para los intereses del imperialismo estadounidense y los capitales concentrados de occidente. El declive de EE.UU. en el plano económico y en la influencia que ejerce su política a escala mundial, es una tendencia que parece irreversible. Por primera vez en la historia del capitalismo, el centro de poder económico se traslada a oriente, en particular a China. Sin embargo, el poder militar de Washington sigue siendo determinante. Cuenta con cerca de 800 bases militares a lo largo del mundo, unas 76 de ellas en América Latina. Además, estas bases ya no son sólo militares sino que son estructuras preparadas para operar en estrategias de nuevo tipo como las guerras híbridas.

Vivimos tiempos muy complejos, de gran incertidumbre sobre el futuro de la humanidad y del plantea tierra. La lógica de acumulaciòn ha generado una desigualdad entre las personas sin precedentes. La crisis internacional no es solo una simple crisis económica para fortalecer la reproducción del capital sino que es una crisis ambiental, energética, social y de los valores sobre los que se consolidan hoy las sociedades. Estamos frente a una crisis civilizatoria que pone en riesgo la vida misma en el planeta tierra. 

Frente a esto el capital busca mantener sus tasas de ganancia, avanzando sobre los derechos de los pueblos y la apropiaciòn de bienes naturales estratégicos. Es una ofensiva que a su vez desnuda la obsolencia de los Estados republicanos para defender principios de equidad y soberanía nacional y pone en crisis a las democracias liberales a partir de la preeminencia articulada entre los grandes medios de comunicaciòn, formadores de opinion, el poder económico concentrado transnacionalizado y el poder judicial.

En las últimas semanas han ocurrido fuertes movilizaciones que se oponen a la ofensiva neoliberal. Las protestas en Haití, Chile, Catalunya o Líbano, aunque con sus particularidades y desarticuladas a nivel global, ponen en evidencia la crisis de los modelos neoliberales que no satisfacen las demandas y aspiraciones de las mayorías populares. Sin embargo, que el neoliberalismo no haya logrado consolidar proyectos hegemónicos, no significa necesariamente que va a devenir otro ciclo progresista y de izquierda en nuestra región o el mundo. Dependerá esto de la dinámica de la lucha de clases y la posibilidad de construir desde las fuerzas populares instrumentos capaces de disputar el sentido común de las grandes mayorías. Está claro que el actual escenario nos plantea desafíos, algunos de los cuales vamos a abordar en seis puntos.

1. Consolidar bloques nacionales y populares

En la revolución bolivariana, el chavismo es la expresión reciente más clara de esto, puesto que logró establecer un fuerte bloque popular antiimperialista basado en la organización y movilización del pueblo frente a la arremetida de EE.UU. También tenemos que mencionar la heroica resistencia del pueblo cubano a más de 50 años de bloqueo económico. Pero además, vemos con esperanza los procesos en Perú, Chile e incluso México. En este sentido, podemos mencionar el proceso reciente de Argentina y la construcción del Frente de Todes que permitió golpear de forma contundente al gobierno de Mauricio Macri. Claro está que no fue sólo una cuestión de ingeniería política sino que se asentó en la crisis social y económica que produjo el modelo neoliberal y las masivas movilizaciones de resistencia que fueron sucediéndose a lo largo de los cuatro años de gobierno de Cambiemos. 

Este es un punto clave: si no logramos avanzar en estrategias para consolidar bloques sociales y políticos donde confluyan los diferentes actores con perspectiva anti-neoliberal, estamos frente al peligro de la consolidación de expresiones autoritarias y fascistas como expresa el bloque que detenta el gobierno hoy en Brasil, que reprime salvajemente en Chile o que intenta consolidar un 30%-35% del electorado en Argentina. Para ello es imprescindible estimular la movilización popular para fortalecer los liderazgos y la conciencia de nuestros pueblos. Las calles nunca más pueden ser de la derecha y así lo reafirman las recientes revueltas populares en Chile o Haití pero es un terreno que seguirá en disputa como nos muestra la derecha fascista en Bolivia que intenta desestabilizar al gobierno de Evo Morales. 

2. Impulsar programa de transformaciones populares

El reciente ciclo progresista y de izquierda en la región nos ha dejado importantes avances en materia de ampliación de derechos para las mayorías populares y a su vez, significativas  enseñanzas a los movimientos populares para consolidar nuestros procesos. Uno de ellos es la necesidad de construir programas de transición lo suficientemente sólidos y que recojan las necesidades y demandas de las grandes mayorías acompañado esto con la necesaria movilización popular para su concreción.  

Algunos de los elementos que debemos tener en cuenta:

A. Apuntalar la soberanía económica con políticas de Estado que resten importancia al capital transnacional y a las oligarquías nacionales, con una fuerte intervención estatal tanto en la esfera de la producción como de la circulación. Asimismo fortalecer la soberanía sobre recursos  estratégicos y el control del capital financiero, entre otros.

B. Estado Social: Políticas sociales y de ingresos que restituyan la dignidad de las mayorías  populares ante la debacle que implica la aplicación de un proyecto neoliberal. Políticas universales de salud,  educación y alimentarias.

C. Reforma del Estado liberal. Impulsar experiencias de organización y democracia popular, que incluyan la economía popular y las experiencias de poder popular. La perspectiva de la  comuna venezolana desde la propuesta de golpe de timón de Chávez sigue siendo un faro en este sentido.

D. Una articulación de relaciones internacionales que apunte a favorecer la multipolaridad,  consolidando un bloque regional progresista, que acelere la crisis de hegemonía de EE.UU.

Es necesario consolidar estrategias para generar un cambio cultural duradero y profundo en las mayorías populares que rompa con los elementos fundamentales de la cultura neoliberal como el individualismo, el exitismo y el consumismo que, en buena medida, los gobiernos progresistas y de izquierda del ciclo anterior no hemos podido alterar sustancialmente en la mayoría de nuestros países. 

3. Fortalecer trabajo de base

La juventud y sobre todo las mujeres jóvenes son quienes sufren en mayor medida el sometimiento de las políticas neoliberales y el sistema patriarcal. La juventud en diferentes partes del mundo además es quien protagoniza las resistencias frente al avance de estos modelos. 

Por otro lado, las fuerzas populares, progresistas y de izquierda hemos debilitado el trabajo de base sobre todo en las periferias urbanas. Consecuencia de esto, los fundamentalismos religiosos avanzan ganando las mentes de nuestros pueblos ofreciendo una salida individual a las penurias cotidianas a las que estamos sometidos. Es una premisa indispensable retomar con fuerza estrategias para fortalecer nuestro trabajo de base.

4. Avanzar en la Disputa cultural/comunicacional

Es necesario articular una estrategia para consolidar, proyectar y amplificar nuestras esperanzas y nuestros sueños. Debemos ganar los corazones y mentes de nuestros pueblos y para ello, la disputa cultural y comunicacional es imprescindible. Vivimos en una nueva era digital que es vertiginosa donde, por ejemplo en América Latina, nueve de cada diez personas tienen teléfonos inteligentes. Desde las fuerzas de izquierda, progresistas y movimientos populares no hemos abordado con la suficiente fuerza la disputa en este plano. 

La estrategia comunicacional necesariamente tiene que atender las nuevas herramientas de comunicación, la construcción de un relato distintivo y atractivo, de unidad de nuestros esfuerzos que hoy se encuentran mayormente dispersos y la necesaria dimensión internacional de la estrategia. Por último, la dimensión cultural para pensar esto es fundamental. Debemos jerarquizar y proyectar los elementos culturales de nuestros pueblos.

5. Profundizar la formación política

Es necesario impulsar una estrategia de formación política desde nuestras organizaciones y para nuestro pueblo. No hay posibilidades de construir una fuerza ni acción revolucionaria, si no hay teoría revolucionaria. Debemos reflexionar acerca de nuestra historia de lucha como pueblos, la situación actual que estamos atravesando y las tareas a seguir. Nuevamente las fuerzas populares debemos hacer una revisión autocrítica en este plano. Es necesario fortalecer instancias de formación nacionales con una clara perspectiva internacionalista donde se articulen diferentes organizaciones y movimientos populares en un perspectiva unitaria.

6. Promover el Internacionalismo y articulación de nuestras luchas

Desde las fuerzas populares debemos seguir bregando por la defensa irrestricta de los procesos populares y gobiernos de Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua ya que hoy son la retaguardia estratégica que tienen las perspectivas pos capitalistas de carácter socialista  en la región y en el mundo. El derrumbe de cualquiera de estos procesos significaría un serio retroceso para las luchas y resistencias del mundo. 

Cuba nos enseña con su ejemplo cotidiano la necesaria jerarquización del internacionalismo en cada una de nuestras organizaciones y movimientos; pero además debemos avanzar en una plataforma que articule desde la acción concreta una voluntad popular, democrática, anti imperialista, anti patriarcal, anti racista que accione de conjunto a nivel internacional. El capital tiene una estrategia e intervención global y coordinada. Los pueblos necesariamente debemos construir estrategias con esa perspectiva. Un avance en ese sentido es la jornada internacional de lucha antiimperialista que se está construyendo para finales de mayo del 2020. 

Es necesario repensar las nuevas coordenadas de articulación e integración desde el sur. Avanzar en nuevas nuestras formas organizativas para consolidar estrategias de poder popular mucho más complejas que las disputas electorales. Procesos de integración basados en la complementación y reciprocidad que contemplen la integración económicas, la disputa comunicacional o proyectos de infraestructuras acordes a las demandas populares. 

Nuestra región y el mundo están en disputa. Las luchas y resistencias que están sucediendo este año así lo demuestran. Estará en los pueblos, la unidad y su fuerza creadora, la posibilidad de reconstruir un horizonte emancipatorio para la humanidad. Sabemos que en nuestras luchas radican nuestros sueños y que nuestra hermandad como pueblos nos fortalece. Unamos nuestras esperanzas por construir un mundo donde todos y todas vivamos dignamente.

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