Géneros

6 noviembre, 2019

Miradas feministas sobre las elecciones (I)

¿Cómo analizar los resultados electorales, en una Argentina que va “despidiéndose” de la era Cambiemos? ¿Cómo mirar con gafas violetas el cómo llegamos hasta acá, que nos dejó? ¿qué desafíos nos quedan planteados, viviendo en un país de luchas que se inscriben en una América Latina que enfrenta abiertamente al neoliberalismo? Aportes feministas para la construcción de miradas integrales.

Diana Broggi

@DianaBroggi1

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Todes dijimos basta

Una primera necesidad aparece clara en la  forma de analizar los hechos políticos, más allá del politicismo y la lógica de los “resultados”: quienes nos gobernaban se fueron, porque como pueblo trabajador emitimos un mensaje en las urnas y eso fue contundente en el cambio de signo en el poder nacional y de la provincia de Buenos Aires.

Comprender la derrota a Macri expresada en las urnas, es pensar mereciendonos el valor de ese gesto contundente de freno ante las políticas de hambre, saqueo y exclusión que propuso e impuso en estos últimos cuatro años. A sabiendas que si no decíamos “basta”, la profundización de ese modelo económico y social nos dejaría en peores condiciones para encarar cualquier batalla, que aún teníamos mucho que perder y que estas elecciones sí, eran bisagra para impedir la consolidación de una clase política en el mando de gobierno. 

El 27 de octubre, decantó un “decirles basta” que nació, creció y se fortaleció indudablemente en las calles durante estos años de resistencia por parte de los distintos sectores. Desde el sindicalismo, la educación, la economía popular, pero también desde el feminismo como un sector en sí mismo, con demandas específicas, y que a su vez logró permeando todo, aportando desde la masividad y la radicalidad de un método político a esa activacion de conciencia antipatriarcal y antineoliberal que se fue instalando en grandes capas de nuestra sociedad.

En las urnas dijimos basta al FMI, al 40% de pobreza, a los discursos de odio y discriminación, a la meritocracia, al 10% de desocupación. Las marcas de esos cuatro años de bronca, indignación y tristeza las procesamos con más organización y el despliegue de una política de unidad en la heterogeneidad del campo popular, más que nunca a la altura de las circunstancias. 

En palabras de Martín Ogando, “no pudieron robarnos la alegría. Y en esa alegría popular nos encontramos Todes festejando que comenzamos a salir de cuatro años de oscuridad, de broncas, de tristezas, de miles y miles que vieron su vida empeorar bajo la presidencia de Macri”. 

Macri-Vidal: algunas fotos de una gestión machirula 

A partir de algunos fallidos intentos de Cambiemos por seducir al movimiento de mujeres y feminista argentino, no faltaron medios lacayos que le otorgaran a Macri el mote del “feminista menos pensado” e intentaron construir sobre Vidal un paraguas político por ser una mujer en el poder. Sin embargo, la subestimación al conjunto de la sociedad tuvo patas cortas porque la realidad se impone y no hay “relatos” que la constrasten. Aún así vale la pena recordar y tener bien presente que implicó para el movimiento más masivo y dinámico de nuestro país la gestión machista de Cambiemos. 

El 40% de pobreza tuvo un doble impacto para mujeres y disidencias, configurando la feminización de la pobreza. No es solo ganar el 27% menos que los varones, sino que como indican los análisis de Economía Feminista sobre la base de los informes del INDEC: más de 7 de cada 10 personas del grupo poblacional con menores ingresos son mujeres. Además de ser quienes realizamos 75% del trabajo doméstico no pago. 

La salud quedó abiertamente desmantelada en el sistema público, no sólo a partir de la escandalosa eliminación del Ministerio de Salud, sino también de política sistemática de vaciamiento y precariedad del primer nivel de atención (APS) con un presupuesto que decreció de 338 millones en 2015 a 165 millones en 2019, en todo el país, y cabe aclarar que las usuarias frecuentes del primer nivel o las llamadas “salitas” son mujeres, lesbianas, trans, travestis, a cargo muchas veces de toda su familia. 

La dramática situación del sistema de salud y la falta de insumos se vio reflejada en la no posibilidad de garantizar derechos por las limitaciones económicas y también en la ausencia de voluntad política para implementar por ejemplo el protocolo de interrupción voluntaria del embarazo (derecho conquistado desde el 2012) que se expresó en las situaciones de niñas madres, que cobraron estado público este año, pero que sabemos son muchas sin registrar y considerar como tales, por la propia precariedad estatal para la construcción de datos estadísticos y políticas en consecuencia. 

En el plano de la educación, la escasa y casi nula implementación de la ley de Educación Sexual integral (ESI) también es parte de las causas de más vulneraciones de derechos sobre niñas y adolescentes. 

Mientras tanto, por los factores mencionados, continuaron muriendo personas con capacidad de gestar por abortos clandestinos, y el macrismo sólo hizo oídos sordos al proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo presentado por la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal seguro y gratuito, intentando construir una pantomima “democrática” sobre el debate, desresponsabilizándose como gobierno que recibe el  reclamo de dos jornadas históricas protagonizadas por miles y millones de personas en todo el país, en las calles.

Y la radiografía no tiene tregua, como no la tiene la violencia machista, frente a la cual se destinó menos de 20 pesos por mujer para prevenir y erradicarla, mientras (según datos del observatorio Ahora que si nos ven) sucedía un feminicidio cada 26 horas (entre 25 y 28 casos por mes). Datos agravados en la provincia de Buenos Aires, donde una estadística registrada desde enero a junio del 2019 de 168 femicidios a mujeres y vinculados: 70 fueron en la provincia, gobernada por la macrista Vidal, que cerró y desfinanció refugios y desmanteló dispositivos como la línea 144, corriendo el mismo destino en aquellos municipios de igual signo como en La Plata (capital provincial) donde mediante la gestión de Julio Garro se precarizó aún más  a las trabajadoras y se puso en riesgo a las víctimas abordadas.

Realmente las consecuencias de estos años de gestión no las llegamos aún a dimensionar, en todos los planos. Los discursos de odio y discriminación, la habilitación de estos por parte de propios/as funcionarios de gobierno, se expresaron en más violencia institucional y en mas homolesbotransbiodio. 

De acuerdo al informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT en el 2018 hubo 17 asesinatos perpetrados hacia la diversidad sexual -11 fueron dirigidos a mujeres trans y 6 a varones gay cis-; 7 suicidios -5 de ellos fueron de mujeres trans, uno de un varón trans y uno de una lesbiana-; y 43 muertes por abandono y/o ausencia estatal -todas ellas fueron de mujeres trans-. 

El macrismo nos dejó esta foto de violencias y condiciones de opresión, vulnerándonos en todos y cada uno de los planos de nuestras vidas, por eso las feministas populares nos hemos articulado en estrategias de lucha, no solo para resistir sino también para proponer y llevar adelante exigencias de políticas públicas reflejadas en nuestros trabajos cotidianos, desde las organizaciones sociales, desde las colectivas feministas, desde las redes que tejemos cotidianamente en los territorios, dando respuestas frente a la ausencia y disciplinamiento de esta forma de conducir el Estado.

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