Géneros

7 noviembre, 2019

Miradas feministas sobre las elecciones (II)

¿Cómo analizar los resultados electorales, en una Argentina que va “despidiéndose” de la era Cambiemos? ¿Cómo mirar con gafas violetas el cómo llegamos hasta acá, que nos dejó? ¿qué desafíos nos quedan planteados, viviendo en un país de luchas que se inscriben en una América Latina que enfrenta abiertamente al neoliberalismo? Aportes feministas para la construcción de miradas integrales.

Crédito: Melisa Scarcella y Rocío Escobar

Diana Broggi

@Diana Broggi1

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Sobre el sí se puede y la subjetividad neoliberal en las urnas

Algo que suelen hacer los proyectos neoliberales con sesgos a la derecha, es vestirse de optimismo, una suerte de contrasentido cínico que opera con efectividad en la estructura psicosocial de una época. Más allá de que hoy alegremente podemos decir a Macri “no se pudo” tampoco vamos a subestimar los dos millones de votos que Juntos por el Cambio consiguió de las PASO a las generales de octubre. 

Queda pendiente analizar en profundidad sus tácticas en los resultados, y se puede empezar por arrimar algunas ideas-hipótesis. Una de ellas tiene que ver con no acreditar de antemano que los 40 puntos de Macri hablan de un voto netamente de “derecha”. Si bien es indudable el componente ultraconservador y elitista, no hay que obviar la consideración que muches analistas observan y es la forma de operar de la polarización en las elecciones y el efecto grieta. 

Pero ese efecto no se cimenta solo en “el odio a Cristina” o el rechazo abierto a la representación de sus políticas o en cuanto la fórmula Fernandez-Fernandez supone una vuelta al pasado. Agrietar no es solo agitar el fantasma de lo que fue el kirchnerismo, con un discurso de miedo; agrietar es también pararse en los polos del binomio amor-odio articulando las voces de un Macri que dice “los quiero”, “si, se puede” y un Pichetto que destila y promueve declaraciones de odio y discriminación, pensadas milimétricamente. 

El “sí, se puede” como consigna netamente positiva, basada en la resiliencia, es la expresión de aquella valorada capacidad, en épocas de individualismo, de resolver las dificultades pese a las adversidades y conflictos. Es la posibilidad (tramposa, sabemos en verdad) de dar vuelta la historia basándose en la creencia o en la voluntad individual de pensar que “se puede”. 

Hubo un juego de sentidos en su campaña, que supieron manejar (nunca olvidemos que suelen ser les dueños de las mecánicas publicitarias) conjugando cierta apelación al optimismo mágico, desprendidos de las estructuras en una época en la cual los anclajes simbólicos y materiales tienen mala prensa, donde no hay un diálogo desde el Estado, ni este se termina de constituir como algo que regula. La carencia vincular se suplanta con la primacía virtual del “todo pronto ya”, de lo inmediato, de la confusión y la falta de límites, de las pantallas mediatizando todo.

 Para construir escenas de realidad y dotarse de fuerza simbólica, en la estrategia de campaña de Juntos por el Cambio, supieron también recrear escenas de movilización y masividad. No caben dudas que utilizaron muchas y eficaces herramientas, sabiendo llegar a aquellas personas con otros registros y expectativas liberales (y no necesariamente de derecha) a la hora de votar proyectos políticos.  

“Sí, se puede” es un producto pensando desde la psicopolítica de masas. No podemos subestimar, pero tampoco anularnos en un análisis pesimista, de mirar como quienes manejan otras dimensiones del poder, pueden manejar la forma de pensar, razonar, elegir, construyendo desde una determinada psicología. 

Las feministas también sabemos un poco de consignas y de política de masas: el conocido “ahora que si nos ven”, “abajo el patriarcado, se va a caer” es un grito de orden trasladado desde Venezuela en el cruce entre la militancia de la izquierda popular y el feminismo en el Encuentro Nacional de Mujeres en el 2014. Para la masificación de esta consigna, tuvo que haber condiciones, y esas condiciones se dieron desde el 2015 y la consigna se masificó recién en 2018. 

Pero no se trata de construir las mejores consignas para el momento adecuado sino de establecerlas y crearlas empalmando con anterioridad en procesos y anclajes reales de operación y producción subjetiva, identitaria, colectiva, en diálogo con proyectos políticos transformadores. 

Emergentes y brújulas

Sería injusto decir, entonces, que un poco ganó el voto de derecha, que al final había un empate, enojarnos y pensar a modo de caza de brujas: ¿dónde están les que votan a sus propios verdugos?. 

Para reponer o no caer en  los reflejos de “sorpresa” sobre los resultados, recuerdo la frase de Martin Ogando sobre cómo “ese neoliberalismo societal cuenta hoy, como nunca antes, con estructuras políticas y comunicacionales eficaces para su representación”.

La buena noticia es que de este lado, también contamos con herramientas y estructuras, proyectos políticos que aspiran a ser integrales para enfrentar ese neoliberalismo enquistado de formas más profundas, tanto que aún no llegamos a ver.

El Frente de Todes encaró una búsqueda de política situada en algunos casos y también de construcción de una épica simbólica de lo que sí se podía hacer, y se expandió con potencia. Ejemplos concretos pueden ser Axel Kicillof recorriendo la inmensa provincia de Buenos Aires en un modesto auto, llegando a todos lados, joven y bello en territorio bonaerense. Una alternativa ante la debacle producida por la gestión de una gobernadora mujer haciendo frente a los barones en los municipios. 

También Ofelia Fernández como la expresión de un correr los límites de lo posible todo el tiempo, frente a la fuerza de la representación real de la juventud, con una inteligencia filosa y capaz, como la muestra de un antisistema político. Ofelia es legisladora electa,  ella demuestra que se puede y cómo: organizada, militando, desafiando límites, enseñando, aprendiendo, parte de una generación que tomó la historia para siempre entre sus manos. 

Estas condiciones se enmarcan sobre el cuestionamiento a ese sistema político tradicional, acartonado, que también se expresa en distintas maneras del tablero geopolítico en la crisis de gobernabilidad que puede hacer surgir a un Trump o un Bolsonaro. 

Si estamos en un contexto de disputas abiertas donde los extremos, las polarizaciones, las grietas son expresión de una época en la cual las tensiones se traducen en radicalidad. La resistencia de Venezuela, la pelea frente al golpe en Bolivia, el despertar de Chile, la efervecencia en Ecuador, nos inscribe en un escenario regional de lucha frente al neoliberalismo. 

El feminismo es un vector en estos campos populares, demostrando la transversalidad como piso a trabajar, con la fuerza de la masividad como en el 34 Encuentro Plurinacional de mujeres lesbianas travestis y trans en La Plata, o la marcha del orgullo en CABA. El feminismo popular como una orientación que crece en este contexto y desde la cual es posible pararnos, no solo para resistir y despertar, sino también para proponer y prefigurar, las salidas situadas a las grietas establecidas. 

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