El Mundo

7 noviembre, 2019

Nueva Constitución: el corazón del modelo chileno que está en la mira de las movilizaciones

Poco a poco se ha instalado el debate de fondo que congrega las demandas que las y los chilenos han desplegado durante estos 19 días de movilización. Un nuevo acuerdo social que deje atrás las lógicas neoliberales que, tras casi 30 años, tienen a las y los trasandinos asfixiados.

José Robredo Hormazábal*

@joserobredo

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Entrada la tercera semana de la movilización que sacude a Chile, desde que el gobierno decretó un tarifazo al transporte público, en la calle las manifestaciones no ceden a pesar de las extenuantes jornadas. El gobierno no logra dar con la tecla que le entregue un poco de aire -las últimas encuestas le dan entre el 16% y el 13% de aprobación- y en los pasillos institucionales ha comenzado a tomar forma un rumor que hasta hace poco, muy poco en realidad, era impensado: una nueva constitución. 

En un principio, en el big bang de la revuelta trasandina, se esgrimía de forma muy tímida que Chile requería de un “nuevo pacto social” a través del cual se lograra poner punto final a los acuerdos de la transición chilena. Un eufemismo que busca resumir la solución que reúna a todas las demandas: una nueva constitución, a través de un mecanismo donde la gente sea protagonista.

Así, se instaló un debate que parecía enterrado por un buen tiempo tras el proceso constituyente iniciado por la ex presidenta Michelle Bachelet, instancia que nunca logró congregar mucha fuerza y que por las presiones políticas no tuvo las condiciones políticas necesarias para concretarse de la forma esperada. De hecho, luego de iniciado se mantuvo en un vilo del que no pudo salir. 

Por estos días el contexto es totalmente diferente. La gente en la calle, junto con repudiar la figura de Sebastián Piñera hasta el hartazgo, pide poner fin a un modelo que se sostiene “en el abuso”, como se repite en cada recoveco. Al mismo tiempo los datos empiezan a reforzar los argumentos que por años han sido desoídos por la clase política.

Esto se refleja en la información que entrega la encuesta Termómetro Social 2019, realizada por la Universidad Católica, que constata que “un 70% las personas consultadas creen que ni el Congreso ni el presidente de la República entienden las demandas, y que se niegan a reconocer el conflicto real. Para Carabineros y las Fuerzas Armadas, este índice llegó al 53%”. Respecto de la carta fundamental, concluye que “un 80% de las personas contestaron que estaban de acuerdo con una nueva Constitución”. Además presenta que un 66% de las y los encuestados considera “muy importante” para el país que ocurra esta modificación. En la consulta respecto del mecanismo, un 75% sostiene que el texto debería elaborarse a través de una Asamblea Constituyente.

En la misma línea, se presentan los datos de la encuestadora Cadem, de conocida cercanía con el gobierno, que señala que respecto a un cambio de la Carta Magna, un 87% se mostró a favor y un 46% establece a la Asamblea Constituyente como mecanismo preferido.

Las cifras dejaron al gobierno chileno con poco margen para restarse del debate, aunque aún sin demasiado entusiasmo, tal como se refleja en las palabras del presidente Piñera: “Vendrá una segunda etapa en que estamos dispuestos a conversarlo todo, incluyendo una reforma a la Constitución”. En la misma línea se expresó el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, quien dijo que “puede ser reforma, puede ser nueva Constitución, el Gobierno no ha descartado ninguna fórmula”.

Debate abierto

Una de las frases más repetidas estos 19 días es que el pacto de la transición terminó por acabarse. 29 años después del retorno a la democracia se comienza a cerrar un período de profunda transformación en la historia de Chile, que pasó de ser el laboratorio del experimento neoliberal al “milagro”. 

Los números del “milagro” son complejos: según datos de la Fundación Sol, una de las más prestigiadas en materia laboral, trabajo y economía popular, señalan que un 24% de las personas endeudadas tiene créditos que superan seis veces su ingreso mensual (Banco Central), las jubilaciones en promedio alcanzan los 280 dólares y el salario mínimo poco más de 300 dólares. Solo por citar algunos ejemplos, que distan sideralmente de las enormes ganancias de los grandes grupos económicos. 

“La gente está poniendo el dedo en la llaga en cómo funciona nuestro sistema de vida, absolutamente privatizada, y lo que está de fondo aquí es un cambio constitucional. Si hablamos de terminar con las AFP, si hablamos de mejores salarios, si hablamos de una mejor salud, hay que cambiar la Constitución necesariamente”, dijo a medios locales la referenta y ex candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, interpretando el espíritu de las movilizaciones que estallaron en Chile. Y agregó: “La Nueva Constitución no es un fetiche del Frente Amplio, apuntamos a un cambio constitucional porque eso implica un cambio en la vida diaria, en la vida doméstica”.

En la vereda del frente, Mario Desbordes, presidente de Renovación Nacional, partido de centroderecha con mayoría parlamentaria, se ha mostrado abierto a conversar tanto del cambio constitucional e incluso de la asamblea constituyente. “En Portugal funcionó (la asamblea constituyente), en Colombia funcionó (también), porque se hizo bien, la ciudadanía eligió: igual que se elige a los diputados, eligió una asamblea. Los procesos en Venezuela y en Bolivia fueron manipulados de una manera brutal y terminaron en constituciones llenas de flores preciosas”, dijo. 

En la extrema derecha, su candidato presidencial José Antonio Kast ha sido durísimo al calificar de golpistas a quienes piden una nueva ley fundamental expresando que “lo que no ganaron en las urnas, lo quieren ganar a través de un golpe de Estado”. 

La muestra de que la cancha se abrió es variopinta, pero en las calles la demanda es una sola: un nuevo modelo que garantice una vida digna. 

* Desde Santiago

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