Batalla de Ideas

14 noviembre, 2019

John William Cooke: apuntes para la resistencia y la victoria

A 100 años del nacimiento de uno de los principales referentes del movimiento nacional, popular y revolucionario argentino, repasamos parte de sus principales ideas y acciones.

Juan Manuel Erazo

@JuanchiVasco

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A cien años de su nacimiento podríamos hacer un repaso más o menos profundo sobre su vida o buscar algunas citas conocidas de esas que el Bebe supo dejar. Sin embargo buscarésmo en la obra de Cooke algunas reflexiones de esas que, a veces forzadas otras veces abstractas, disparan algunas ideas hacia el horizonte.

El ejercicio puede fallar, se asume el riesgo entonces. La situación nacional y regional lo amerita. El reciente golpe de Estado en Bolivia, las protestas masivas en Chile, la injerencia norteamericana, el triunfo electoral del peronismo en Argentina, son algunos elementos de un escenario con final abierto.

El manual desestabilizador implementado por la embajada estadounidense y las derechas domésticas no ha variado demasiado. A pesar de que en los últimos años se ha instalado el debate de “nuevas derechas” o “derechas democráticas”, cuando los procesos de lucha de clases se intensifican los elementos objetivos quedan desnudos y en evidencia: los militares “sugieren”, los carabineros secuestran, el racismo se transforma en norma, la OEA interviene parcialmente, la CIA festeja.

“La Armada, la Aeronáutica y el Ejército de la patria abandonan otra vez sus bases y cuarteles para intervenir en la vida cívica de la Nación. Lo hacemos impulsados por el imperativo del amor a la libertad y al honor de un pueblo sojuzgado que quiere vivir de acuerdo con sus tradiciones y que no se resigna a seguir indefinidamente los caprichos de un dictador que abusa de la fuerza del gobierno para humillar a sus conciudadanos (…) ha aniquilado los derechos y garantías de la Constitución y sustituido el orden jurídico por su voluntad avasalladora y despótica”. No es un discurso de Jeanine Áñez, la autoproclamada presidenta de Bolivia, es el discurso de Eduardo Lonardi al asumir como presidente de facto luego del golpe a Juan Domingo Perón  n 1955.

Resistencia y lucha

“La lucha de clases estaba agudizada pero el régimen peronista seguía planteando el problema del país como si todavía existiese el frente policlasista antiimperialista del año 1945 (…) La parte marginal de ciertos sectores de la burguesía media y alta se fueron retirando rápidamente (…) así se explica no solamente la caída del peronismo, sino la forma en que cayó, porque la única fuerza real con que contaba el peronismo a esa altura de los acontecimientos ya era solo la clase obrera”. Intentaba Cooke entender algunos de los motivos que desencadenaron el golpe de 1955. En Apuntes para la militancia (1964) logra un análisis más extenso y acabado, pulido ya por el paso del tiempo y la experiencia.

El golpe lo encontró con una enorme tarea: la representación política local del líder exiliado. Cooke cuestionó luego la postura de Perón ante las maniobras para derrocarlo: “No se puede armar a la clase trabajadora para que defienda a su régimen y al otro día decirle: ‘Bueno mi hijo, devuelva las armas y vaya a producir plusvalía para el patrón’. La milicia obrera y la defensa del régimen implicaban cambios sociales. Cuando se quiso formar ya era tarde, porque el régimen se vio entre la contradicción del paso de su respaldo militar a un respaldo compartido por la clase obrera armada”.

El Bebe comprendía que la decisión extrema de la oligarquía ameritaba una actuación a la altura de las circunstancias. Habían quedado desnudas las formas de la política enemiga: el uso de las Fuerzas Armadas como partido de orden, la persecución a líderes opositores, la tortura, las ejecuciones sumarías. Era la revancha que trataba de poner fin a la aventura industrialista, al estatismo intervencionista y la bienaventuranza de la clase trabajadora.

Para Cooke no se debía ser tolerante ante la intolerancia de la parasitaría aristocracia pampeana. Ya en 1951, cuando ejercia su labor parlamentaria dijo en referencia a la expropiación del diario La Prensa: “Estamos contra La Prensa porque creemos que diarios de esa clase son los que han minado la base de la nacionalidad (…) que han impedido o demorado todas las posibilidades de reivindicaciones proletarias en Latinoamérica. Nosotros estamos con los obreros, y estamos contra La Prensa, porque La Prensa siempre estará, como lo ha estado hasta ahora, contra los obreros y contra nosotros”.

Esta es la misma cara que muestra hoy el imperialismo y las derechas en América Latina. Ya es el tiempo del descaro donde no puede disfrazarse de institucionalidad el saqueo, la explotación y la opresión. El Departamento de Estado de EE.UU. con sus embajadas van dejando los recados en inglés, donde la única finalidad es sembrar el caos y Estados fallidos sobre los cuales llevar adelante su saqueo de recursos versión apocalíptica. Las derechas domesticadas responden al llamado romántico con el anhelo de recuperar posiciones de privilegio que quizá jamás perdieron. Son el cruel instrumento de la barbarie 2.0 poniendo incluso en peligro su propia integridad ya que son los que más tienen para perder.

Perón más tarde lo asumió. En una de sus recurrentes cartas con Cooke confesó: “Ante el recuerdo de nuestros muertos por millares y nuestra gente asesinada en las prisiones, torturada en toda forma y sacrificada con el sadismo más atroz, tengo un odio inextinguible que no puedo ocultar”. Cooke planteó la importancia de reestructurar el esquema de conducciones con el fin de afianzar la capacidad de resistencia a la contraofensiva militar. La apertura de las afiliaciones, la depuración de los cuadros burocráticos del partido y la necesidad de formar milicias armadas. Entendía que tarde o temprano la confrontación llegaría y no se podía esperar del enemigo más que una cosa: su derrota categórica, en todos los términos, en todos los planos.

Se ofrecen puestos de batalla

En una carta de octubre de 1962, escribe Cooke a Perón: “El nudo de la diferencia entre su modo de ver las cosas y el mío está aquí, de que mi angustia y la pasión con que habló de renovar totalmente nuestra política no es por desacuerdo con lo que usted hace sino porque considero que estamos dejando de hacer todo lo que es posible y necesario para acercarnos a nuestros objetivos”. Hay algo concreto a valorar de Cooke en cuanto militante y dirigente: la coherencia y la honestidad. Lejos del “tengo valores y si no te gusta tengo otros”, no sostenía dos discursos sobre el rol de conducción de Perón, lo que decía en una asamblea lo sostenía en una carta al líder justicialista.

Cooke veía dos problemas en la estrategia del peronismo ya en épocas de “democracias restringidas”. Por un lado cuestionaba el rol de la dirección del movimiento puesta a dedo por el mismo Perón. Por otro, rechazaba la posibilidad de un frentismo que devolviese a la clase trabajadora a la época dorada de 1946. Para Cooke los tiempos habían cambiado, el enemigo se había puesto más agresivo. No quería ponerse el traje, prepararse para la banca y esperar el tiempo de paz. Por el contrario, entendía que venían tiempos de lucha.

Las revoluciones socialistas y las luchas de liberación mundial de las décadas de 1950 y 1960 marcaron su pensamiento y la manera de participar en la estructuración del movimiento de liberación. De esta manera, fue modificando su lectura del peronismo, interpretándolo desde una óptica cada vez más marcadamente clasista. Pese a la influencia del proceso cubano, dicha lectura del peronismo fue desarrollada en base a su participación en la política del país y no cambió como un mero reflejo de la experiencia de la isla. La isla solo profundizó lo que Cooke ya venía procesando.

“Por eso le digo que es el prisionero de la Puerta de Hierro (…) la cárcel sin rejas en que Ud. está. (…) Perón es la mayor fuerza explosiva, la amenaza inmediata: al frente del más grande frente de masas del continente, buscando el poder en un país-clave. (…) Entonces Occidente lo mete en una de sus jaulas más o menos dorada. (…) Ud. no es un exiliado común: es doble exiliado. Exiliado de su Patria y exiliado del mundo revolucionario donde se decide la historia y donde tiene sus hermanos de causa”, escribió. Un día Perón ya no le respondió.

Pero Cooke no fue un militante que esperó milagros del líder. Quizás lo entendió mucho más que aquella generación militante (y dirigente) que llegó después que él, y que lo leyó, lo respetó, incluso lo reivindicó. Cooke militó hasta sus últimos días de vida con la misma convicción. Cooke, a diferencia de varios sectores de la izquierda y del academicismo argentino, supo diferenciar a la persona de Perón del proceso histórico peronista.

El peronismo fue el punto más alto de la conciencia de los trabajadores argentinos para la lucha por sus intereses y Perón fue la cristalización de eso. Este proyecto, con sus contradicciones, promovió el desarrollo nacional y la superación de la condición neocolonial del país.

Cooke no se casó con Perón, Cooke se casó con el pueblo: “Sabemos que nada ocurre favorable al pueblo si no hay lucha (…) Sabemos que una correlación de fuerzas puede cambiar, pero a condición de que no se la considere definitiva e invencible”.

No celebramos victorias electorales por meros colores. Tampoco celebramos cheques en blanco, o cantamos canciones de amor para pensar que la cosa esté un poquito mejor. Celebramos por ahora, porque la lucha sigue, y es larga. Algún día celebraremos para siempre.

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