Cultura

26 noviembre, 2019

Anarchy in the U.K.: punk radical y sin futuro

Este 26 de noviembre se cumple un nuevo aniversario de la salida del single de la banda inglesa Sex Pistols que forma parte de su único long play de estudio: Nevermind about the Bollocks. Una de las bandas con menos producción musical que, sin embargo, se convirtió en una de las principales referentes del punk.

David Radosta

@RadostaDavid

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¿Por qué los Sex Pistols y esta canción en particular tuvieron la repercusión que tuvieron? Los motivos son muchos. Pujol dice en su libro Las ideas del rock que el punk, como estilo dominante, fue tan intenso como pregonaba. Duró apenas dos años. Como diría Neil Young: para el punk es mejor arder en un instante que consumirse lentamente.

Pero el mayor motivo por el cual los Pistols ardieron tanto fue lo que mencionó alguna vez su representante Malcolm McLaren: “No veías a los Sex Pistols como un grupo más. Los veías como una idea. Una idea en movimiento”. Y seguramente el mayor legado que dejaron para que el punk sea lo que después fue, ha sido justamente borrar las fronteras entre el arte y la vida. Y esa idea que representaban, era la de No future.

Aclaremos algo: el punk no nace en Inglaterra. Existía previamente en EE.UU. una corriente liderada por músicos como Patty Smith, los Ramones o Blondie, que insistían en este género particular -aun siendo muy diversos entre ellos mismos-. Pero no fue hasta que este colisionó con la realidad de estos jóvenes ingleses que se configuró en algo más violento, más sincero y más combativo.

El cantante del grupo, Johnny Rotten, lo describió así: “La Inglaterra de principios de los años ’70 era algo muy deprimente. Estaba completamente venida a menos, había basura en las calles, desempleo total, prácticamente todo el mundo en huelga. Criaban a todo el mundo en un sistema de educación que te dejaba bien claro que si venías del sitio equivocado no tenías la más mínima esperanza y ninguna posibilidad laboral en absoluto. De todo esto salieron los Sex Pistols y luego un montón de pajeros copiones después de nosotros”.

¿Pero qué pasaba con el contexto musical de los 70 para que teniendo músicos tan virtuosos, un single como Anarchy in the U.K invadiera la mente de los jóvenes? El rock virtuoso estaba en su esplendor. Complejo, conceptual, progresivo, con Pink Floyd como mayor exponente inglés.

McLaren cuenta que lo primero que le llamó la atención de John Lydon -Johnny Rotten- fue su remera con la inscripción “I hate Pink Floyd” en un contexto donde tenía que gustarte. Para ellos el rock pasaba por una etapa de aburguesamiento a nivel técnico -música que solo podían hacer unos pocos virtuosos- y se corporativizaba a nivel discográfico. El rock se rebelaba ante los padres, el punk, ante la era industrial.

Por otro lado, el movimiento hippie y sus letras perdían vigencia contrastando con la realidad. Había músicos también virtuosos -como Hendrix- que en plena psicodelia desplegaban sonidos a veces incomprensibles, y otros más idealistas como Lennon o Joan Baez. Imaginaban un mundo mejor, construido sobre amor y la paz, un futuro utópico.

Pero ¿cuánto amor y paz podía brindar alguien que se pasa sus días haciendo filas para cobrar el seguro de desempleo? Para quien no lo sepa, de esa forma se conocieron los miembros de The Clash. Para estos jóvenes ingleses, ni siquiera había un futuro que moldear. Resultaba difícil en 1976 imaginar, como diría Lennon, a life in peace. El rock es utopía, el punk es presente distópico.

Fue un estilo que puso el cuerpo como ningún otro. Mientras el rock progresivo y la psicodelia cantaban en escenarios, con escenografías, luces y alejados del público, el punk incluso buscaba en este una reacción hostil. El hippismo buscaba inspiración en apoteósicos viajes fuera de la ciudad, al campo. Pero siempre escapando. En cambio el punk se erguía y construía su sonoridad en el entorno urbano. Le plantaban la cara a la ciudad y -citando a Marge Simpson- le gritaban: “No me comas”.

Lo que generó este grupo fue realmente, y como expresa la canción, una anarquía en el Reino Unido. Una anarquía que trascendió lo musical y se instaló como forma de sobrellevar el malestar de no pertenecer a ningún lado. El punk es como el lenguaje, negatividad. Había que diferenciarse de todo aquello que imponía barreras a la juventud, de cualquier forma. Desde esvásticas, sin compartir la filosofía nazi, hasta desarreglos estéticos con el fin de escandalizar a una clase burguesa que se horrorizaba fácil.

Diferenciarse de los músicos que criticaban el sistema pero firmaban contratos millonarios, de los políticos que destruían el futuro laboral y educativo de una generación, o de los pacifistas que planteaban un mundo mejor desde afuera de ese mismo sistema.

Como todo proceso social, este se ve reflejado en las corrientes artísticas de ese contexto. Y los Sex Pistols expresaron y condensaron a la perfección la realidad de la juventud inglesa de los 70. No hacían falta riffs virtuosos, bases rítmicas complejas, ni grandes despliegues artísticos. Solamente había que decir las palabras justas, en el momento justo.

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