Batalla de Ideas

11 diciembre, 2019

El gremio de los excluidos

El próximo 21 de diciembre se lanzará oficialmente la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). Una central gremial única de las distintas organizaciones que nuclean a quienes, desde hace años, se crean su propio trabajo para sobrevivir.

Nicolás Caropresi

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Se terminó el macrismo y empieza una nueva etapa. La llegada del nuevo gobierno es una bocanada gigante de esperanza para gran parte del pueblo argentino, y el discurso de Alberto Fernández en su asunción es casi un manifiesto de la esperanza. 

La esperanza es eso, es confiar en que el total vamos a estar mejor, la esperanza no es ideológica, ni siquiera reivindicativa, es la fe en que quien viene va a tomar las decisiones necesarias para que todos estemos mejor. Y ojalá así sea. 

El discurso mencionó en reiteradas ocasiones a la Economía Popular y eso esperanza en particular a los hombres y mujeres que han inventado su propio trabajo frente a la exclusión capitalista. Hombres y mujeres que se encuentran caminando hacia la conformación de un nuevo gremio en la argentina. 

Capital o Muerte (“Los blancos duermen mucho pero solo sueñan con ellos mismos”)

La caída del Muro de Berlín tuvo un impacto importante sobre el espíritu de la humanidad. De ahí en adelante para la gran masa del pueblo, el capitalismo iba a ser la única alternativa posible de orden social-político, económico y científico. Quedamos algunos idealistas gritando por otro mundo posible e incluso abonando o intentando abonar a un proyecto diferente, pero lo cierto es que el mundo ha sido enteramente subsumido a los intereses del capital, y tenemos más capacidad de entender que la destrucción del mundo está cerca que de pensar en una vida alternativa al capitalismo.

El capitalismo pone a unos como propietarios de los medios para trabajar y a otros como los que pueden usar esos medios para trabajar. Los segundos van a decirle a los primeros que ellos pueden manejarle las máquinas a cambio de un sueldo, los primeros les pagan a los segundos porque ejecutar diferentes tareas en combinación con otro que también fueron a ofrecerse para manejar las máquinas. Eso genera una mercancía, que es el producto del trabajo combinado entre hombres y tecnologías, que queda en manos del propietario de los medios que va a venderla al mercado. 

El trabajador recibe un salario que poco tiene que ver con lo que produce, el sueldo es definido por lo que necesita esa persona para volver a trabajar todos los días. Cuanto más produzca en menos tiempo, es mejor para el propietario de los medios y no para él. 

Como bien nos dicen todos los panfleteros del capitalismo, el motor de la economía capitalista es la libre competencia. La competencia es una carrera entre los diferentes propietarios para ver quién obtiene más ganancias, más dinero. La ganancia o plusvalía de los empresarios es la distancia que existe entre las mercancías que el trabajador produce y cuánta plata necesita para sobrevivir. La competencia entonces es cuanto más margen saca en esa relación un empresario comparado con otro. 

La tecnología es la principal aliada del empresario en ese sentido, el avance tecnológico se pone en función de que cada vez se produzca más en menos tiempo y, por lo tanto, ensanche la brecha entre lo que necesita el trabajador para vivir y cuantas mercancías produce en la jornada laboral. Esa es la carrera tecnológica entre empresarios. El desarrollo tecnológico llega a ser tal que en algunos casos puede reemplazar a una planta entera de trabajadores, el laburo que hacían 300 en dos turnos, ahora lo pueden hacer dos en dos turnos y en lugar de pagar la supervivencia de 300 ahora el empresario puede producir incluso más mercancías pagando la supervivencia de dos. 

Como lo que guía la competencia entre empresarios es esa disputa, el sistema productivo a la larga pasa a producir con dos en lugar de 300 y el horizonte comienza a ser lograrlo con uno. Ya no existen intelectuales capitalistas que se atrevan a hablar de pleno empleo y esto se debe a que literalmente las reglas de juego capitalista tienden a excluir definitivamente a grandes masas de personas de la posibilidad de una relación laboral de tipo capitalista. 

El desarrollo de los mercados financieros y de derivados, las tecnologías de comunicación y la supremacía de la crematística, han acelerado completamente el proceso, concentrando cada vez más ganancias en menos manos. Junto al culto al dios dinero han ocultado o disfrazado la miseria humana en el éxito de los multimillonarios del mundo.  Es así como hoy un tercio de la población mundial forma parte de los excluidos, hombres y mujeres que no reciben salario alguno hace décadas, que viven en los márgenes de las grandes y pequeñas ciudades sin acceso a servicios básicos, con derechos humanos completamente negados. 

Van a existir por siempre las historias de los excluidos que a pesar de que todo les estaba en contra lograron triunfar de alguna u otra manera en el mundo capitalista. Pero lo cierto es que la tendencia indica que la masa de excluidos va a ser cada vez mayor.

Economía Popular y la gremialidad de los y las trabajadoras

En ese contexto sistémico, millones de hombres y mujeres, en lugar de chorear o en lugar de vender frula en el barrio y, por ahí, en lugar de esperar que alguien les resuelva el problema, decidieron salir e inventar su propio trabajo. Cartoneros y cartoneras, cuidacoches, lavacoches, fruteros, vendedores ambulantes, trabajadores rurales, textiles, carreros y carreras. Millones de argentinos y argentinas le hacen frente a la exclusión trabajando para llevar aunque sea un plato de fideos a la mesa. Digo aunque sea, porque muy pocas veces (casi nunca) los ingresos que se generan en la economía popular alcanzan un salario mínimo vital y móvil. 

Es importante hacer hincapié en la decisión que toman estos y estas trabajadoras, literalmente es más sencillo salir a meter caño como dijo un compañero y todos enloquecieron, pero muchas veces un cartonero, un carrero, una cuidacoche, una ambulante reciben golpes y condenas por parte del poder policial y judicial como si fueran los peores delincuentes de nuestro pueblo, a pesar de que lo único que están haciendo es intentar laburar. 

Una cartonera recorre kilómetros en las ciudades llueva o haga 40 grados para hacer menos de 10 mil pesos por mes; los pescadores que acampan en las rutas pegadas a los ríos entrerrianos cubriéndose solo con nylon durante meses a veces no llegan a comprarle las zapatillas a los pibes; mujeres y hombres que salen de cumplir condenas en los penales argentinos solo encuentran la posibilidad de laburo en la economía popular por menos de un salario mínimo vital y móvil; todavía existen noticias de trabajadores textiles muertos en talleres clandestinos; todavía hay multinacionales disputándole la basura a los y las cartoneras.

Frente a la exclusión, las y los compañeros de la economía popular inventaron una forma de por lo menos garantizarse un plato de comida por día. Frente a la persecución esos y esas se abocaron a la organización para hacerle frente a la injusticia. Una vez organizados empezaron a luchar por los derechos que les son negados, como lo hicieron los trabajadores cuando a principio del siglo pasado el capitalismo se empezaba a asentar en la argentina. 

La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) es una paso más en la historia de la construcción de la gremialidad de los excluidos (pero también de la clase trabajadora), es el fortalecimiento de una herramienta que pacientemente vienen construyendo hace ya casi 10 años para disputarle un pedazo de la torta a los millonarios y poderosos de nuestro país. 

La UTEP no viene para generar trabajo, es la herramienta para exigir los derechos que le son negados a quienes inventaron su propio trabajo. El subsidio no es un estigma como nos quieren hacer creer, el subsidio es el precio que tienen que pagar los oligarcas y millonarios por ser los beneficiarios principales de un sistema que excluye hambrea y mata. 

La UTEP es la unidad necesaria del sector para dejarle en claro a todo el pueblo argentino que acá hay laburantes.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarlo cada día. Defendé la otra mirada.

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