Cultura

8 enero, 2020

Evopolio: negocios a la boliviana, con ansias monopólicas

La adaptación boliviana del Monopolio busca reflejar los atractivos turísticos del país y algunos problemas que enfrentan sus habitantes. Tras el golpe de estado a Evo Morales, incorporará cartas refractarias al gobierno del MAS (+ imágenes exclusivas).

Julián Fernández

@julianlautaro

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El nombre del juego nació de una tormenta de ideas, priorizando alcanzar el mayor impacto comercial. Fue lanzado en 2013, durante la presidencia de Evo Morales, período donde Bolivia gozó del crecimiento económico más alto y sostenido del continente. Los ejes del juego son divulgar las riquezas turísticas del país, incorporar elementos de la propia realidad sociocultural boliviana y concientizar sobre algunos problemas que afectan a la población.

Tiende a ser, en Bolivia, lo que en nuestro país ha sido el tradicional Estanciero desde 1942, la exitosa adaptación local del Monopolio. Personalmente, jugué al Evopolio en Conexión Berlín, espacio lúdico donde, entre otros juegos, también conocimos Deuda Eterna, juntándonos para derrotar al FMI, o experimentamos la plutocracia norteamericana en Corporate America.

Autor

El cochabambino Boris Vargas (44) pensó en niños y niñas mayores a 8 años, jóvenes, docentes y todo quien desee enseñar a través del juego. Nos cuenta que su motivación es “llamar a la autoreflexión a la juventud y a la niñez sobre temas negativos como el narcotráfico, el contrabando, entre otros” y que sea de manera amena y en familia. Sostiene que “es el único juego que habla de éstas temáticas, consideradas tabú”.

Vargas es ingeniero comercial, ejerce la gerencia de la editorial Cosmopolitana, dedicada a publicar material educativo, y preside la Cámara del Libro de Cochabamba desde 2019. Su veta creativa, antes de crear el juego, se cristalizó en dos libros de cuentos infantiles y otro de marketing, que emplea en la docencia universitaria. Fanático del Monopolio, lo readaptó buscando expresar todo lo que tiene Bolivia.

Adaptaciones a lo boliviano

Evopolio, diseñado para 2 a 5 jugadores, mantiene la lógica de la versión mundialmente conocida del Monopoly. No tiene relación con el original Monopolio, creado por Elizabeth Magie -feminista estadounidense- como herramienta educativa contra la apropiación y concentración privada de tierras.

Las cartas de casualidades -suerte- permiten incorporar nuevas situaciones al juego; el Monopolio trae 14; el Evopolio, 56. Se obtienen en la casilla del “yatirí”, figura de mayor autoridad moral en las comunidades originarias.

Algunas presentan novedades importantes que afectan al juego, como ser narcotraficante o contrabandista, condición que permite ganar más dinero por vuelta, pero suele durar poco y se castiga con cárcel y pérdida de todas las propiedades. También efectuar avasallamiento de terrenos, expropiando un lote sin construcciones, de cualquier jugador.

En el Monopolio hay un stock de 32 casas y 12 hoteles disponibles; en Evopolio, 12 murallas, 8 medias aguas, 8 casas, 6 chalets y 12 edificios. En vez de acumular hasta 4 casas para después instalar (o no) el hotel, se contruye y reemplaza un tipo de obra por etapa. Como nueva opción para financiarse, incorpora la modalidad local del “anticrético”, diferente de la hipoteca.

El bloqueo de caminos ¡con piedras reales!, trae al tablero una forma de lucha tradicional del pueblo boliviano. Recibir bonos Juancito Pinto, Juana Azurduy, la Renta Dignidad, las computadoras Quipus -políticas redistributivas del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS)-, o la participación en el Rally Dakar, permiten ganar algo de dinero.

Los terrenos a comprar indican destinos bolivianos, que también se fueron renovando en las sucesivas ediciones, incorporando sitios emblemáticos como la Puerta del Sol, la Casa de la Moneda, el Cañón de la Angostura, entre otros. Y los recursos naturales aparecen como “empresas estratégicas” de litio, gas y hierro.

Reediciones varias y golpe de Estado

Evopolio vio la luz en la VII Feria Internacional del Libro de Cochabamba (FILC), logrando mucha visibilidad. Ser una adaptación de un juego muy conocido y de reglas simples, colaboró a su éxito comercial. Es el juego más vendido de Bolivia, superando los 33 mil ejemplares originales.

Por otra parte, la simpleza de los componentes permitió bajar los costos de producción, buscando entrar en una sociedad donde la cultura de los juegos de tablero no está muy arraigada.

Desde su primera versión -en caja verde-, el juego ha ido realizando pequeñas mejoras en las sucesivas reediciones. El Evopolio 2.0 -caja azul- incorporó las diferentes formas constructivas. También aumentó de 56 a 72 las tarjetas de suerte, con nuevos eventos y reemplazó la casilla de suerte con la tradicional figura local “yatiri”.

En la FILC de 2015, Cosmopolitana hizo prototipos en inglés, alemán y francés. Decenas de ejemplares, orientados al turismo extranjero, presentaban a la “hoja sagrada”, en referencia a la hoja de coca, reemplazando al yatiri. Evopolio Plus, lanzado en 2016 -caja amarilla-, bajó a 56 las cartas de suerte e incorporó el “anticrético”. Buscando evitar las copias piratas, incorpora un DVD con galerías de imágenes de distintos lugares turísticos del país.

La última edición, Evopolio 3.0 -caja roja-, son tres juegos en uno. Suma el clásico “serpientes y escaleras” con la wiphala como tablero, y la EcoRace, una sencilla carrera que recorre reservas naturales a lo largo y ancho del mapa de Bolivia. Es la única versión que se continúa editando.

Tras el golpe de Estado a Evo Morales y Álvaro García Linera, la editorial cochabambina ha diseñado nuevos naipes de casualidades. Como vemos en las exclusivas imágenes, son un explícito apoyo a la llamada “revolución de las pipitas”, muy refractarias al gobierno democrático depuesto por la fuerza.

Pero, más allá de que Evopolio haya mencionado políticas redistributivas masistas e incorporado la -ahora estigmatizada- wiphala, ¿deberían sorprendernos éstas cartas pro-golpe? Son coherentes con la “libertad de mercado” y su intrínseca voracidad monopólica, que pregona el juego. En concreto, gana quien concentra propiedades, aniquilando económicamente a los demás jugadores.

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