Batalla de Ideas

10 enero, 2020

Julio Antonio Mella: entre Martí y Fidel, el creador de una generación

“Muero por la revolución”, fueron sus últimas palabras. Su camisa beige se teñía de rojo mientras su cuerpo se desplomaba, por última vez, en los brazos de quien fuera su compañera de ideas y desveladas madrugadas de jovial pasión, Tina Modotti.

Gabo Vera Lopes

COMPARTIR AHORA

En la calle Abraham González al 31, en la capital mexicana, se exhibía La mujer ligera, protagonizada por Greta Garbo y John Gilbert. El afiche de tonalidades verdes, reposaba sobre la pared, retratando el perfil de los protagonistas sumergidos en el cruce de sus miradas indiferentes a su alrededor. El reloj marcó las 9:15 de la noche, cuando Tina entusiasmada comentaba el trabajo del director de fotografía William H. Daniels, entre un sonido ambiente saturado de infatigables murmullos. Cada imagen, cada segundo, es el fotograma que puede que corte la cinta. “No quisiera morir con el rostro equivocado, quisiera morir con mi rostro verdadero, habiendo hecho lo que me tocaba hacer sobre la tierra”, exclama sobre un escenario de teatro la misma calle, años después, una actriz interpretando a Modotti.

Los chacales del dictador cubano Gerardo Machado los venían siguiendo, silenciosos, acechantes, desde hacía tiempo. A pocos días de su cumpleaños número 26, los esbirros de la represión disparan contra Julio Antonio Mella. Las heridas le arrebatan la vida, pero ya era tarde como para que su ejemplo no se multiplique, como para que su nombre sea borrado.

En algún lugar José Martí dejó apuntado, como si se tratara de un imperativo: “crear, es la palabra de pase de esta generación”. Mella quizás haya sido quien mejor interpretó este mandato. Uno de los fundadores de la revista universitaria cubana Alma Mater (1922-1923); líder de la lucha estudiantil por la Reforma Universitaria; fundador de la Federación de Estudiantes Universitarios; uno de los principales animadores del Primer Congreso Nacional de Estudiantes en la isla; orfebre de la Universidad Popular «José Martí»; participe de la Liga Anticlerical (1924) y de la sección cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas (1925); uno de los miembros fundadores del Partido Comunista Cubano y su primer secretario de organización.

En su ya clásico trabajo El Marxismo en América Latina Michael Lowy plantea que se pueden distinguir tres períodos en la historia del marxismo latinoamericano: “1. un período revolucionario, de los años 20 hasta mediados de los años 30, cuya expresión teórica más profunda es la obra de Mariátegui y cuya manifestación práctica más importante fue la insurrección salvadoreña de 1932. En ese período, los marxistas tendían a caracterizar la revolución latinoamericana, simultáneamente, como socialista, democrática y antiimperialista; 2. el período stalinista, de mediados de la década de 1930 hasta 1959, durante el cual la interpretación soviética del marxismo fue hegemónica, y por consiguiente la teoría de revolución por etapas, de Stalin, definiendo la etapa presente en América Latina como nacional democrática; 3. el nuevo período revolucionario, después de la Revolución Cubana, que ve la ascensión (o consolidación) de corrientes radicales, cuyos puntos de referencia comunes son la naturaleza socialista de la revolución y la legitimidad, en ciertas situaciones, de la lucha armada, y cuya inspiración y símbolo, en su máximo nivel, fue Ernesto Che Guevara”.

La vida intelectual y la obra militante de Julio Antonio Mella es, sin lugar a dudas, una de los puntos insoslayables para la historia de esa “etapa revolucionaria”, así como una referencia indispensable para las nuevas generaciones que sueñan y luchan por una sociedad socialista. Un agitador y propagandista de las banderas antiimperialistas, de la unidad Latinoamericana, del nacionalismo revolucionario y el socialismo marxista. Hacedor heroico de un marxismo enraizado alejado tanto del calco y copia stalinista, así como de la búsqueda de la novedad por la novedad misma y el particularismo americanista del populismo del momento.

Alejado de las prácticas pequeño burguesas autorreferenciales de una parte importante del movimiento estudiantil e intelectual. Ejemplo de ello son los textos La unión de la clase obrera de 1925 y en Sobre la misión de la clase media publicado en el Machete de México en 1928 donde plantea que al calor de un proceso revolucionario una buena parte de este sector social no podría sino convertirse en enemigo del proletariado, pero que sin embargo era necesario luchar para que una fracción se coloque bajo la hegemonía de la clase trabajadora.

Aunque quizás su trabajo más importante haya sido su polémica con el dirigente de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Raúl Haya de la Torre, en su exilio mexicano, con el folleto editado en abril del 1928 La Lucha Revolucionaria contra el imperialismo. ¿Que es el ARPA?.

Curiosamente el mismo se da en simultáneo con la ruptura de Mariátegui con el aprismo mientras trabajaba en la fundación de una organización comunista en Perú. Mella acusaba al APRA de tener posiciones oportunistas y reformistas bajo una retórica pretendidamente izquierdista. Argumentaba la inviabilidad de la alianza con las burguesías nativas y su personal político para poder encarnar una lucha antiimperialista, reclamando la necesidad de luchar por la autonomía de clase.

Para Mella, al igual que Trotsky, en la etapa imperialista ningún capitalismo nacional podía ser entendido en sus estrechos márgenes nacionales, planteando que en una fase de acumulación imperialistas las burguesías autóctonas no son más que socias menores del imperialismo, donde sin negar ciertas disputas circunstanciales con el imperialismo, resultan estructuralmente imposibilitadas de encarar un proceso de emancipación nacional. De esta manera, Mella se arrima sorprendentemente a la idea de Mariátegui de que en América Latina no se puede ser socialista revolucionario sin ser nacionalista pero tampoco se puede ser consecuentemente nacionalista sin ser socialista revolucionario. Una posición análoga arribaría el Che Guevara, a partir del ciclo de gobiernos populares de la década del cincuenta y sesenta en el continente y la propia experiencia de la revolución Cubana.

De hecho, en su su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental afirmaba: “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución”.

Para quienes seguimos soñando y luchando por una sociedad emancipada, sin explotación ni opresión, la vida y obra de Julio Antonio Mella sigue siendo una fuente de inspiración y enseñanzas. No aceptamos reducir nuestra historia a un póster, nuestro único homenaje posible es y será seguir su ejemplo.

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarlo cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Batalla de Ideas

¿Querés uno de nuestros libros?

Podés conseguirlo a precio promocional haciendo click en la imagen. ¡Escribinos y te contactamos para hacértelo llegar!

Conseguilos