El Mundo

12 febrero, 2020

La recuperación de Bernie Sanders que reordenó la interna demócrata

El inicio de las primarias del Partido Demócrata de EE.UU. establecieron claros favoritos: el izquierdista Bernie Sanders y el moderado Pete Buttigieg. Ambos sorprendieron al ganarles cómodamente a Joe Biden y Elizabeth Warren que parecían, a priori, mejor posicionados.

Nicolás Zyssholtz

@likasisol

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La multitudinaria primaria demócrata tuvo su segundo round en New Hampshire. Luego de una escandalosa indefinición respecto a los triunfadores en los caucus de Iowa, en el pequeño Estado de Nueva Inglaterra la elección se resolvió voto a voto y finalmente tuvo como ganador entre los ocho candidatos a Bernie Sanders. El senador del vecino Vermont se impuso con 1,7 puntos porcentuales de ventaja sobre Pete Buttigieg, ex intendente de South Bend, Indiana.

New Hampshire, al igual que Iowa, es un Estado poco representativo al que el calendario electoral demócrata le da un poder inusual. Las dos primeras instancias de las primarias repartieron menos del 2% de los delegados que finalmente elegirán al candidato o candidata y se llevaron a cabo en zonas con población casi totalmente blanca. Sin embargo, al ser el inicio de la carrera, sus resultados tienen una gran capacidad de arrastre y marcan la agenda de cara a los próximos compromisos, de mayor importancia estadística.

Así, Sanders y Buttigieg, que lideraron ambas votaciones, aparecen hoy casi sin lugar a dudas como los principales favoritos para hacerse con la candidatura y enfrentar a Donald Trump en las generales de noviembre.

Las disputas de facciones, ¿resueltas?

El veterano Sanders, de 78 años, entraba a la carrera con el impulso que le daba su irrupción en la primaria de 2016, donde puso en grandes aprietos a Hillary Clinton y logró generar un movimiento de base como hacía décadas no se veía en EE.UU. Su aparición generó que la agenda demócrata se corra hacia la izquierda, y que miembros del establishment del partido se vean obligados a rediscutir cuestiones como la gratuidad de la educación universitaria o el acceso universal para la salud.

Sin embargo, su elevada edad y su supuesta incapacidad para conectar con sectores demográficos que tradicionalmente votan azul pusieron en duda su posición. Un episodio cardíaco en el inicio de la campaña pareció confirmar esos rumores y le dio mayor fortaleza a Elizabeth Warren, la senadora por Massachusetts que había emergido buscando ocupar el liderazgo del ala izquierda del partido.

Bernie se recuperó, volvió a la calle y le dio una verdadera lección al mundillo de la política estadounidense: no hay que subestimar a las bases. Las encuestas ya indicaban su resurgir en la previa de Iowa, y tras los dos primeros resultados hasta el más pesimista admite que es el favorito para obtener la candidatura.

Buttigieg, en tanto, con 38 años, trae como única experiencia en política haber sido alcalde de South Bend, una ciudad industrial en el límite entre Indiana y Michigan, con poco más de 100 mil habitantes. Graduado de Harvard y Oxford, sirvió en la Armada estadounidense y, además, es el primer precandidato presidencial abiertamente gay en la historia.

Mayor Pete también disputa su propia interna entre los moderados del partido, aquellos que no plantean grandes rupturas ni cuestionamientos y solamente buscan una mejor administración y volver a las supuestas buenas formas previas a la Administración Trump. Su sorprendente desempeño contrasta con el derrumbe de Joe Biden, vicepresidente de Barack Obama en sus dos períodos, que cayó al cuarto puesto en los caucus de Iowa y al quinto en la votación en New Hampshire.

También se ha destacado el desempeño de la senadora por Minnesota, Amy Klobuchar, que a partir de una campaña sólida y una muy buena participación en los debates se posicionó como un factor a tener en cuenta durante las primarias. Así, Klobuchar pelea dos subinternas: una, contra Buttigieg y Biden en el ámbito de los moderados; otra, contra Warren, por ser la candidata mujer mejor posicionada.

Biden y Warren, ¿hasta cuándo?

No hace mucho tiempo, Joe Biden era el favorito para obtener la candidatura demócrata. De hecho, hasta la semana pasada lideraba todas las encuestas nacionales de intención de voto. Por detrás lo seguía Elizabeth Warren, una progresista con rostro más humano que Sanders y menos roces con el establishment del partido. Hoy, cuarta y quinto en New Hampshire, tercera y cuarto en Iowa, sus candidaturas se desdibujan.

Por delante, el próximo 22 de febrero, aparecen los caucus de Nevada, y una semana después la primaria en Carolina del Sur. Esas serán las dos pruebas para ellos, que les permitirán saber si siguen en carrera camino al martes 3 de marzo, el súper martes donde se ponen en juego una gran cantidad de delegados en 13 elecciones simultáneas.

En su discurso tras las elecciones de New Hampshire, que dio desde Carolina del Sur, Biden les bajó el precio a los dos primeros resultados, asegurando que no son representativos y apelando a la diversidad de Nevada (donde los latinos representan más del 25% de la población) y Carolina del Sur (donde los afroamericanos son una importante minoría), como factores que inclinarían la balanza a su favor en las próximas semanas.

Warren, en tanto, parece más resignada. Su subinterna con Sanders parece irremediablemente perdida porque, a diferencia de Biden, no hay ningún factor que la favorezca de cara a las próximas citas de la primaria. Su discurso en New Hampshire la vio corrida al centro, buscando convertirse en factor de concordancia entre las facciones en disputa. “Sanders y Buttigieg son grandes personas y cualquiera de los dos va a ser un mucho mejor presidente que Donald Trump”, aseguró.

Lo que viene

La interna demócrata tiene un pequeño descanso de 10 días antes de los caucus de Nevada, y luego en el último día de febrero serán las primarias de Carolina del Sur. Por cantidad de delegados en juego y diversidad demográfica, será en estas dos citas donde Sanders y Buttigieg deberán confirmar la delantera en la carrera.

Tres días después de Carolina del Sur tendrá lugar el súper martes, momento donde tradicionalmente comienza a definirse la elección. Allí, entre los 13 territorios que reparten delegados están ni más ni menos que California y Texas, los dos más poblados. Será el momento en que los que estén por delante intentarán volverse inalcanzables y los que corren detrás, mantenerse con vida.

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