Batalla de Ideas

13 febrero, 2020

Mujeres que hicieron historia: Serafina Dávalos

Fue la primera mujer abogada de Paraguay y también la primera en llegar a la Corte Suprema de su país. Fundadora del Movimiento Feminista de Asunción, luchó por la educación de las mujeres y la mejora de su condiciones de vidas.

Carla Martilotta

@CarlaMartilotta

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Serafina Dávalos nació el 9 de septiembre de 1877 en Ajos (Coronel Oviedo), Paraguay, y casi nada se conoce de su infancia y adolescencia. En 1896 egresó de la Escuela de Niñas y dos años más tarde se recibió de educadora en la Escuela Normal de Maestras.

En 1904, junto con otras veinte mujeres, conformó el Comité de Mujeres Pro Paz para intentar evitar una inminente guerra civil en su país, aquella que terminó con la caída del Partido Colorado y el advenimiento del Partido Liberal en el gobierno. Juntas escribieron una carta dirigida al general Ferreira que pregonaba la necesidad de la paz y de imponer la razón por sobre las armas. Si bien el intento fracasó y el conflicto siguió su -corto – curso, protagonizaron una de las primeras acciones políticas feministas de Paraguay.

Militante de la educación como instrumento de cambio social y liberador para el género, a los 22 años fundó la Escuela Mercantil de Niñas y trazó el plan de estudios completo. Durante casi dos décadas, allí se formaron las primeras peritas mercantiles y contadoras públicas del país. 

Mujer, abogada pionera y feminista

En 1907 Serafina fue la primera mujer graduada de la Universidad de Derecho. Para obtener el título de “doctora en Derecho y Ciencias Sociales” presentó la tesis titulada Humanismo, un trabajo controversial que resaltaba al feminismo para terminar con el sometimiento de las mujeres al patriarcado y que consideraba la igualdad jurídica como determinante del cambio de situación social de la mujer. El escrito fue evaluado y aprobado por una mesa compuesta exclusivamente por varones.

En el primer capítulo de su tesis, “La mujer como ser biológico”, cuestionó  que el único destino posible del género femenino sea el de ser madre, y señaló: “¿Por qué no se ha de sostener que la única misión del hombre es la de ser padre?”.

“¿Por qué no se ha de sostener que la única misión del hombre es la de ser padre?”.

Serafina dávalos

También criticó la terquedad de los hombres a rechazar la separación de la mujer del hogar: “Tienen los varones interés personal de evitar la emancipación de las mujeres, pues libres, dejarán de ser en sus manos, los viles instrumentos de sus caprichos y concupiscencias”.

Si bien no se sabe con certeza, se cree que era lesbiana y que mantenía una relación con una mujer llamada Hortensia. Lo cierto es que nunca se casó y no existen registros de que haya compartido su vida con un hombre, algo que tampoco necesitó. Su trabajo como abogada le permitió vivir una vida sin necesidades económicas, un pilar fundamental de su concepción sobre la verdadera emancipación de la mujer.

Su compromiso con una vida libre de matrimonios, la llevó a describirlo en Humanismo como un contrato de sociedad que no puede ser posible mientras una de las partes no se encuentre en igualdad de condiciones. Y argumentó que la ley de matrimonio iba en contra de la propia Constitución Nacional por violar el derecho a la emancipación de la mujer.

“Sería una tarea vana pretender que los ciudadanos alimenten sentimientos de justicia y de estricta igualdad en la vida social, cuando en el hogar respiran los miasmas venenosos de la tiranía, la esclavitud y el despotismo. La moral privada, informa necesariamente a la moral social”, apuntó.

“Sería una tarea vana pretender que los ciudadanos alimenten sentimientos de justicia y de estricta igualdad en la vida social, cuando en el hogar respiran los miasmas venenosos de la tiranía, la esclavitud y el despotismo. La moral privada, informa necesariamente a la moral social”

Serafina Dávalos

Así, instaló la premisa de que un país será verdaderamente justo cuando cuándo se aplique en el hogar la democratización que se pide para la sociedad. “Si queremos un país verdaderamente democrático en que la libertad, la justicia y la igualdad, sean hermosas realidades, debemos empezar por organizar el hogar del porvenir en que ambos cónyuges serán personas conscientes y autónomas, en que desaparecerá, para el bien del género humano, esa vergonzosa situación del repugnante consorcio del amo y la esclava”, escribió.

Las palabras de Serafina y su profundo análisis de la situación de las mujeres en el hogar trascienden años y fronteras y se mantienen vigentes no solo en Paraguay, sino en buena parte de América Latina y el mundo. Sin embargo, su tesis no se abocó solo al rol femenino puertas adentro, sino que fue un disparador para trazar el rol de las mujeres en la sociedad.

Para esos años, el voto femenino era solo una utopía -vale recordar que Paraguay fue el último país del cono sur en aprobar el sufragio para las mujeres en 1961-, pero Serafina no dudó en problematizar sobre ello.

En el capítulo “La democracia y la personalidad política de la mujer”, dijo: “Nada más ridículo que la pretensión de excluir la voluntad de más de la mitad de los miembros de la colectividad, porque se atacaría en su esencia, al mismo principio que se proclama como verdadero, y eso por bajar la cabeza a la absurda tradición, de considerar al varón más imbécil siempre superior a la mujer más inteligente”.

Latinoamericanista, educadora y profundamente sensible a los problemas de las mujeres en la sociedad, la tesis de Serafina es hoy en día un insumo para la discusión de innumerables debates de los feminismos.

Política y cargos

Entre los años 1908 y 1909 fue integrante del máximo tribunal de justicia de Paraguay, aunque nunca pudo votar y su lugar no fue ocupado por otra mujer hasta el año 1980, siete décadas después.

En el primer Congreso Feminista Internacional, celebrado en Argentina en 1910, fue la delegada oficial de su país. Nueve años más tarde, junto a otras mujeres, fundó el Movimiento Feminista de Asunción, paralelo a la presentación en el Parlamento de un proyecto de ley sobre derechos civiles y políticos de la mujer, primer intento conocido por lograr la igualdad jurídica entre los géneros en el país.

Su lucha por el sufragio femenino y los derechos de las mujeres se hizo carne más tarde en la fundación del Centro Feminista Paraguayo (1920); la Unión Femenina del Paraguay (UFP) en 1936 y la Liga Paraguaya Pro Derechos de la Mujer en 1952.

Serafina murió de una diabetes fulminante el 27 de septiembre de 1957. Se encontraba en la más extrema pobreza. Producto de sus ideas revolucionarias, le fueron negados los funerales cristianos. Cuando sus familiares se enteraron de la muerte, ella ya no estaba y su casa había sido desmantelada.

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