Géneros

14 febrero, 2020

Nos veamo’ y nos visibilicemo’

Ya bastante se ha hablado de los cuentitos que nos inculcaron desde niñes, ese discurso que se nos metió hasta en las arterias y nos recorre todo el cuerpo a través de la sangre, que pasa por el corazón, lo bombea y nos mambea.

Crédito: Rocío Curtti

Lanzi y Dani Errecarte

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Que el verdadero amor, el hilo rojo, la media naranja, la princesa hechizada, el príncipe salvador, el amor a primera vista, la boda de oro, la maravillosa primera vez, el vestido blanco, hasta que la muerte los separe y San Valentín.

San Valentín, una fecha ideal para mostrarse amorose, ardiente y palpitante. Salís del trabajo, comprás una rosa o unos chocolates, vas a comer al restaurante más caro y lujoso con tu principessa, o tu “proyecto de”. Caminan de la mano, y cuando se den un beso podés sentir cómo todes a tu alrededor les miran con ojos de ternura y amagan con sacarles una foto.

Todes les miran: se quedan ahí, envidiosos y deseantes. Les miran y no pasa nada más que eso. Y “eso”, querides tortolites, es un privilegio. Un privilegio de la cis-hetero-norma (conceptos muy fáciles de googlear), porque mientras sobran los besos de película, hay besos clandestinos que quieren explotar.

La discusión no se centra en la fecha, si está bien o mal celebrar el amor, si existe o no, si hay que salir a comer afuera, o si simplemente hay que comprar un regalito. La prioridad hoy no es esa. La lucha es otra, hasta más básica, pero sobre todo, urgente. Hoy lo que necesitamos es el cuestionamiento y el reconocimiento. El reconocimiento de que la foto de los enamorados, de él y ella, ella y él es un cuentito de algunos, que parecen muchos, pero son pocos.

Queremos ver que el de la florería le venda unas fresias a una mina, y que cuando él pregunte, ella diga “son para mi novia”. Que alguien le regale bombones caseros a su grupo de amigues. Que en el bar del barrio haya dos pibes comiendo y al pedir la cuenta, se den un beso. Mientras justo por la puerta pasan tres caminando de la mano. Que alguien suba una story #SanValentín con una copa de vino y sus cuatro gatites. Que en el parque festejen felices una madre y su hije porque a ella hoy le hicieron el cambio de identidad en el DNI. Que un pibite le cuente a su vieja de camino al cine que no se siente ni varón ni mujer y ella, simplemente lo abrace. 

Que festejemos el amor, que sonriamos con complicidad cuando nuestras miradas se crucen en la calle, porque sabemos que no somos el único bicho raro de la Ciudad; y que estamos ahí, atentes a desplegar las alas de mariposa por si algun gil se pasa de mambo.

Porque a esta altura, y en medio de los juicios de Higui -quien, al intentar defenderse de una violación en patota por ser lesbiana, hirió de muerte a uno de los hombres que la atacaban- y de Luz Aimé -presa por un crimen que no cometió, por ser trans-, lo que nos queda es acompañarnos, poner el cuerpo y denunciar que a ellas las condenan por no encajar en la fotito de la publicidad de San Valentín. Ni ellas, ni muches.

Y así como vamos a estar bancando los juicios, vamos a estar bancando y visibilizando nuestro deseo en la calle, por todas esas personas a las que les negaron amar, o las atacaron por hacerlo. Y festejar, festejar que somos un montón.

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