Deportes

28 febrero, 2020

Recordar a Braian para que haya más hijos de los Evita

Braian era mucho más que un deportista de élite, exitoso y con una carrera brillante por delante. Braian había elegido ser la referencia de lo que estaba bien en políticas deportivas. Él mismo se había hecho cargo de militar por las becas, de ser la imagen de buenas decisiones.

Hernán Aisenberg

@Cherno07

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El 18 de agosto de 2016 Braian Toledo se clasificó a la final de Lanzamiento de Jabalina en los Juegos Olímpicos de Río de Janerio 2016 y con apenas 22 años escribía una de las páginas más gloriosas de nuestro deporte. Una carrera que podía ir aún más lejos que su Jabalina estaba en marcha, se preparaba para alcanzar en Tokio la medalla y el podio que le quedó trunco en Brasil y un accidente nos dejó a todes con las ganas de más.

En una nota que escribí aquel día lo bauticé como el “Hijo de los Evita” por lo que había logrado, pero especialmente porque era la prueba materializada de una acertada política deportiva que se concretaba. Por eso el dolor es colectivo y la conmoción y la congoja no tienen comparación. 

El pueblo argentino, el deporte argentino ha perdido un hijo. Uno de los más exitosos aun sin el glamour y la alfombra roja de la televisión, en una disciplina desconocida para muchos y teniendo por delante los mejores retos de su vida.

Toda muerte es, en algún punto, inesperada y dolorosa. Pero cuando la muerte se lleva un pedazo de todes y cuando te lo arrancan antes de tiempo, no hay forma de que la angustia amaine. Todos los sueños, todos los desafíos que quedaron pendientes volverán a nosotres como un baldazo de agua fría el próximo 5 de agosto cuando los mejores lanzadores del mundo busquen un lugar en la final y entre ellos no se encuentre nuestro Braian Toledo.

Es cierto que su deporte no ocupa las tapas de los diarios, no vende camisetas y no son invitados al “Bailando por un sueño”, pero no es menos grave ni menos doloroso por anónimo que parezca. 

Un pibe del conurbano, con una beca que apenas le alcanzaba para pagarse el departamento y con un laburo extra de albañil para poder ayudar a su familia se convirtió en un deportista de élite. Nunca buscó las cámaras ni las luces, siempre trabajó por ser el mejor en lo suyo y fue un ejemplo para muches.

¿Un ejemplo de meritocracia? ¿De esfuerzo individual? Así lo han querido vender los mercenarios de siempre, pero es todo lo contrario. Esos que creen que su esfuerzo personal venció todas las desigualdades no tienen idea lo que significa para un deportista que compite solo formar parte de una delegación, compartir una Villa Olímpica y representar a una nación. 

Hoy dicen que el deporte está de luto, pero sabemos que son lágrimas de cocodrilo, que no lloran algo que no conocen, que no van a extrañar a alguien que nunca vieron lanzar una jabalina, que no tienen idea lo que este hijo de los Evita representaba para un montón de colegas que iban a compartir con él la aventura de Tokio. No tienen idea lo que significaba en deportistas y futuros deportistas profesionales y amateurs, exitosos o no tanto. Lo que este chabón simbolizaba incluso para aquellos deportistas frustrados como yo. Deportistas, aficionados y amantes del deporte usamos a Braian Toledo de inspiración para ir a correr al parque, para jugar un picado con amigues o para entrenar hasta altas horas por sueños inalcanzables.

Nunca conocí personalmente a Braian, pero conozco muchos otros deportistas que juegan finales que no son televisadas en el codificado. Conozco del esfuerzo que les significa la competencia y la alegría que les genera competir. Conozco del compromiso colectivo de directivos y funcionarios que recorren el país para encontrar a los Braian que andan dando vueltas, que dejan horas de sus familias y sus trabajos para que el deporte crezca, que apuestan a los clubes como herramienta de integración social y culturización. Tengo muy en claro lo que hicieron estos últimos cuatro años por destruir todo lo que se venía haciendo en políticas deportivas y lo quiero recordar hoy más que nunca.

No es que no entienda o no respete el dolor y el luto. Ni siquiera es que piense que los gobiernos kirchneristas hayan hecho todo bien ni todo lo necesario. Lo que pasa es que estuvimos en la calle estos cuatro años peleando para que no den de baja el ENARD y nos quiten el financiamiento al deporte, para que no conviertan los clubes en Sociedades Anónimas. Estuvimos cuando quisieron cerrar el CENARD y estuvimos cuando dejaron de cumplir con la Ley de Medios que garantizaba que la TV Pública transmitiera los deportes que “no venden”, que no son la tapa del Clarín. 

Y algunos dirán ¿Qué tiene que ver esto con la muerte de Braian? ¿Por qué queremos politizar todo? ¿Hasta la muerte?

Es que Braian era mucho más que un deportista. Era mucho más que un deportista de élite, exitoso y con una carrera brillante por delante. Braian había elegido ser la referencia de lo que estaba bien en políticas deportivas. Él mismo se había hecho cargo de militar por las becas, de ser la cara y la imagen de buenas decisiones. Era uno más de los que peleaba con nosotres, pero especialmente era el resultado y la muestra de que nuestras luchas valían la pena. Porque gracias a lo que nosotres defendíamos, podíamos soñar con muches Braian.

Este era un pibe del tercer cordón, era como cualquier otro pibe de 25 años. Pero a diferencia de los demás, él tuvo acompañamiento del Estado. Tuvo incentivo de sus entrenadores y su familia. Tuvo un talento que lo llevó a la cima y tuvo la mala leche de morirse antes de tiempo. 

Nosotres tenemos la obligación de recordarlo siempre. Pero no solo recordar sus logros, sino principalmente recordar su lucha. De su esfuerzo individual pero especialmente de su construcción colectiva. Que el Hijo de los Evita siga siendo nuestro faro y nos siga iluminando. Obvio que el dolor no se va a terminar, pero si lo seguimos recordando y si seguimos luchando, el proyecto que Braian soñó tampoco tendrá fin. 

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