El Mundo

16 marzo, 2020

Elecciones y coronavirus: todo es nuevo en Estados Unidos

El domingo por la noche tuvo lugar un evento de características únicas para la tradición política estadounidense: el debate demócrata entre los dos candidatos sobrevivientes, Joe Biden y Bernie Sanders, fue en un estudio de televisión en Washington D.C. y sin presencia de público.

Nicolás Zyssholtz

@likasisol

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Para un país acostumbrado a campañas federales, donde los candidatos recorren punto por punto el país, el debate demócrata del último domingo fue un hecho excepcional. Originalmente debía llevarse adelante en el Teatro Federal de Phoenix, Arizona, uno de los cuatro Estados -todos ellos muy poblados- que votan este martes 17 de marzo. Sin embargo, el devenir de la pandemia de coronavirus llevó a modificar la locación, así como a que tanto Joe Biden como Bernie Sanders cancelen todos sus actos públicos y se limiten a apariciones televisivas y vía internet.

Nadie está mirando

El debate generaba una gran expectativa porque era la primera ocasión de ver mano a mano a los dos candidatos: Biden, el moderado y probable ganador de la primaria; y Sanders, el de izquierda que, luego de un gran impulso inicial, quedó en jaque por errores propios y por los palos en la rueda que le puso el Partido Demócrata.

Pero cuando llegó el domingo la atención estaba en otro lado: el mundo ya no habla de otra cosa que del coronavirus. Ya sea por lo relativo a la salud comunitaria o por la crisis económica en ciernes, las elecciones pasaron a un plano absolutamente secundario.

En ese contexto Sanders, que se sabe superior en espacios como éste a Biden, no logró llevar adelante ninguna de sus intenciones. Ni su plan A, que era aprovechar el hecho de que el acceso universal a la salud (Medicare for All) es el punto central de su plataforma para volver a ganarse el favor de los votantes, ni su plan B, que consistía en usar esos mismos argumentos para, al menos, obligar al exvicepresidente a inclinar su programa hacia la izquierda.

Urnas y alcohol en gel

El Centro para el Control de Enfermedades, la máxima autoridad nacional en infectología, recomendó evitar por ocho semanas las aglomeraciones de más de 50 personas. Sin embargo, el martes 17 de marzo tienen que votar simultáneamente los Estados de Florida, Arizona, Illinois y Ohio, que combinados tienen alrededor de 45 millones de habitantes.

Entonces, ¿cómo se vota? El Comité Nacional Demócrata no se planteó postergar las votaciones. En cambio, se propuso multiplicar los centros de votación para evitar las grandes colas y, así, reducir el riesgo que generan las aglomeraciones. Paradójicamente, la campaña de Sanders había criticado en reiteradas ocasiones las largas esperas que se generaban para votar, y afirmaba que se trataba de una estrategia para reducir la cantidad de votos y perjudicar al candidato de izquierda.

Sin embargo, ahora puede que Bernie se favorezca por la baja presencia en las urnas. ¿Por qué? Porque cuanto más alto el promedio de edad de los votantes, peores son sus números y mejores son los de Biden. El 10 de marzo en Michigan, por ejemplo, derrotó 77% a 19% a Biden entre los menores de 30 años, pero perdió 73% a 21% entre los mayores de 65. Y, teniendo en cuenta que a mayor edad mayor el riesgo que implica el coronavirus, es de esperar una menor presencia de adultos mayores en las votaciones.

En cualquier caso, excepto una sorpresa histórica, Biden ganará en los cuatro Estados y se posicionará definitivamente para obtener la nominación. Si eso sucede, habrá que estar pendiente de las decisiones que tomen Sanders y su campaña del miércoles en adelante.

Es la economía, estúpido

Este 16 de marzo los dos principales índices de Wall Street, el Dow Jones y el Nasdaq, sufrieron descensos mayores al 12%. Fue el día más extremo de una tendencia continuada que inició una semana antes, en el contexto de una Europa paralizada por el coronavirus, de una China que empieza a salir de un mes de congelamiento absoluto y de un EE.UU. que aún no termina de tomar conciencia de la situación.

La recesión global, causada por la pandemia y también por la caída en los precios del petróleo, es inevitable. La potencia norteamericana será gravemente afectada por esa situación y la credibilidad de su presidente también.

Donald Trump centró su política en sus logros económicos. Aunque discutibles en términos cualitativos, los números indican caídas históricas en los niveles de desempleo y mejora en el salario de bolsillo. Si todo eso se licúa, ¿qué le queda al magnate republicano? Contra Biden, era favorito a ganar la elección. ¿Pero contra la economía?

El mundo entero se está haciendo a la idea de que el 2020 va a ser un año excepcional, y la política estadounidense no está fuera de ese mundo. Cuando la tensión reinante se disipe (si es que lo hace), esas preguntas empezarán a ser respondidas.

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