Cultura

18 marzo, 2020

Arte e internacionalismo: experiencias del teatro popular en Brasil

Rafael Litvin Villas Bôas, profesor y miembro del colectivo de cultura del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), relata la importancia del arte y la cultura en el trabajo de base de las organizaciones populares.

En esta era digital, donde se expanden valores individualistas y de competencia salvaje, las organizaciones populares tienen un gran desafío en desarrollar modos culturales, con herramientas artísticas que permitan no solo dar la batalla de ideas sino plasmarlas desde todos los lenguajes. 

A la industria cultural interesada en producir productos mercantiles cada vez más fríos y distantes de la realidad de las mayorías, les militantes populares responden con una gran cantidad de experiencias a ser estudiadas y potenciadas para contrarrestar esos valores de la indiferencia, y hacer nacer nuevas producciones simbólicas. Desde la comunidad,  que describen sus sueños y sus luchas por una sociedad justa e igualitaria y que animen a otres a ser parte. 

Antecedentes históricos del teatro popular de los sin tierra

Rafael Litvin Villas Bôas, cuenta que “el proyecto de teatro en el MST, tiene primero una tradición en la propia mística del movimiento, en la que las actuaciones culturales son utilizadas en las celebraciones e intervenciones”. Pero destaca que, después, “se recupera la experiencia del teatro del oprimido, una experiencia muy fuerte que desenvolvió Augusto Boal, primero en Brasil, y luego en el exilio, en la época de la dictadura, cuando estuvo en Argentina, en Perú y posteriormente en Europa”. Y recuerda que “el teatro del oprimido recupera técnicas de agitación y propaganda de la Unión Soviética”

Es que la Revolución Rusa de 1917 convirtió al teatro en una herramienta para poner en diálogo con las masas trabajadoras. Se fueron gestando formatos diferentes, que se desarrollaban principalmente en espacios públicos. 

Entre sus precursores estuvieron Nathan Altman, Aleksandr Blok, Vladímir Mayakovski y Vsévolod Meyerhold. El teatro bolchevique tuvo un rol significativo en la construcción de identidad del proletariado, que era en su mayoría analfabeto.  

“Intentamos aprender con la experiencia de lucha revolucionaria, por medio del teatro poder organizar la población y hacer formación política y estética”, señala el dirigente.

Entre estas se destacan elTeatro Jornal” o “teatro periodístico”, que fue una de las iniciativas del grupo de Augusto Boal y se desarrolló durante la década del 70, en plena dictadura militar en Brasil, con el fin de romper la censura a la que estaban sometidos los medios de comunicación, permitiendo hacer hablar a aquellos que estaban siendo acallados. Para esto se tomaban notas periodísticas y la obra se montaba en espacios públicos con el fin de de mostrar una mirada diferente de los hechos que los medios describían tendenciosamente. 

Asimismo rescatan el “Teatro invisible” que se gestó también en espacios públicos, desatando una situación conflictiva vinculada a los derechos sociales, laborales, a cuestiones raciales, entre otras. Les actores interpretan un papel para hacer reaccionar a las personas que se encuentran alrededor, motivarlas a que asuman posición respecto a lo que está sucediendo.

Finalmente el “Teatro Foro” donde se busca generar que las personas que no son actores profesionales, puedan expresar sus realidades. Se trata de personas que generalmente están más expuestas a la violencia y a la opresión que el sistema genera. Se estimula para que desde su propia historia puedan narrar y reflexionar sobre su condición, construyéndose en un actor/actriz creador de su propia trama

“El espectador ve, asiste; el espect-actor ve y actúa o mejor dicho ve para actuar en la escena y en la vida”, sostuvo Boal en 1980.

Composición y Objetivos del Teatro en el movimiento

Rafael comenta cómo, a partir de estas tradiciones artísticas, han construido los grupos de teatro. “La composición inicial, la brigada nacional de teatro, eran personas de diversos sectores del MST, de educación, formación, algunos artistas, la juventud también se incluyó en los grupos”, historiza. 

Desde entonces crearon 40 grupos, “en todas las provincias donde el movimiento está organizado”. “No hay criterio de edad, pueden ser personas ancianas, niñes. Dirigentes o no, militantes o no, grupos en las escuelas. Intentamos hacer siempre en escuelas que están en nuestros territorios”, sostiene.

“Para nosotros el teatro es una forma de trabajo de base muy eficaz porque agrega educación popular, porque implica investigar para hacer las obras, las cuestiones del modo de vida de la población, que son los derechos e intereses de la población, hay que investigar los temas, las formas, las tradiciones de la cultura popular”, añade. 

En ese sentido asegura que para hacer el teatro es necesario, “crear un proceso de formación con el grupo”. Pero “no todas las personas que integran los grupos asumen muchas posiciones en instancias directivas del MST. Por ejemplo ahora, en la dirección nacional, hay 5 compañeros que pasaron por la formación cultural en teatro o en el área de cultura”.

Contribución internacionalista

Sin embargo, como en todo, el MST piensa una dimensión de solidaridad internacional. Analizando cómo se entrecruzan e intercambian técnicas y experiencias, Rafael relata que se empezaron a interesar por la producción en otros países y organizaciones. “Hubo un grupo que montó una pieza de Colombia, de Guillermo Calderón, que hablaba sobre la lucha por la tierra, de reforma agraria. Entonces se intercambian, se integran”, dice. 

“También hacemos talleres donde invitamos. Tenemos una red donde hay participación de compas de Argentina, Uruguay, donde se desarrollan escuelas de teatro político. Por medio de los colectivos de teatro, y la Red nuestramérica que recupera una experiencia de los años 60 que se llama Frente de Trabajadores de Cultura de Nuestramérica , nosotros trabajamos de manera integral, conociendo la producción de los demás países y socializando la nuestra”, completa. 

Finalmente cuenta que ahora están planeando “como hacer luchas conjuntas, con la mismas intervención de agitprop, en metros, colectivos, por las plazas públicas, entre otros espacios”. “Estamos en plena elaboración de cómo hacer eso”, concluye.

Como decía Augusto Boal: “Actores somos todos nosotres, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!”.

Aimé Olivera Caniumir, Federico González y Silvana Broggi 

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