Educación y Ciencia

19 marzo, 2020

El tiempo es relativo, la demencia también

El 20 de marzo de 1916 se publicó la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein. Recordamos a uno de los personajes más emblemáticos de la historia humana -y quizás no humana también-.

Daniela Errecarte

@DanoErrecarte

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¿Qué es lo primero que se te viene a la mente si pensas en la palabra “gravedad”? Dejame adivinar, te lo imaginas a Isaac Newton descansando debajo de un árbol, hasta que una manzana cae sobre su cabeza e interrumpe su siesta. En un éxtasis confuso, los ojos se le vuelven brillosos y enormes. Se lleva el dedo índice a la sien y dice: “La fuerza con que se atraen dos cuerpos es proporcional al producto de sus masas dividido por la distancia entre ellos al cuadrado”.

Bueno, quizás las cosas no fueron tan así, pero es el tono dramático lo que le da gusto a la historia. Más allá de la escena teatral, esto significó para la ciencia un avance drástico con respecto a la comprensión de las órbitas, y básicamente por qué los planetas de nuestro sistema giran alrededor del sol. 

Newton había descubierto, mediante métodos inductivos y deductivos, que cuanto más masivos sean los cuerpos (planetas, estrellas, lunas, o mismo una simple manzana) y más cercanos se encuentren, con mayor fuerza se atraerán. Sin embargo, el descubrimiento grueso de esta teoría fue que las mismas leyes que se aplicaban en los cuerpos celestes, también podían reproducirse en nuestra vida cotidiana. Acá, en Japón o en Marte aplican las mismas leyes físicas, aunque algunas variables de la ecuación cambien. A este descubrimiento se lo llamó “Ley de Gravitación Universal”.

Sin embargo pareciera ser que para la ciencia nunca es suficiente, y algo de razón le podemos dar. Con el correr del tiempo, cada vez se fueron encontrando más desprolijidades en la generalización de Newton. Por ejemplo que Mercurio, el planeta más rebelde del sistema solar, no respondía al pie de la letra a la fórmula matemática, y orbitaba alrededor del sol de una manera particular. 

Casi tres siglos después de la difusión de la “Ley de Gravitación Universal”, un joven inquieto no conciliaba el sueño pensando en los baches que dejaba esta teoría. “¿Qué onda con Mercurio?” pensaba mientras se enredaba en la sábana. “¿Será realmente tan universal la Ley de Gravitación?”. Y así fue como gracias al trastorno obsesivo compulsivo de Albert Einstein hoy sabemos que las cosas son un poquito más complicadas que una ecuación de dos variables. 

Por supuesto que en los hechos, la cosa no fue tan sencilla. Este bichito de la curiosidad le implicó a Einstein años de pensar, probar y fallar. Sin embargo, luego de constantes fracasos, el físico publicó el 20 de marzo de 1916 la Teoría de la Relatividad General, una especie de mega complemento a la Teoría de la Relatividad Especial, publicada por él mismo 10 años antes.

Lejos de caer en reduccionismos, Einstein propuso una teoría que aún hoy no se entiende del todo debido a la enorme cantidad de temas que abarca. Va desde el origen del Universo, pasa por la búsqueda de planetas extra-solares, y hasta toca el tema del GPS para el auto. Sus aplicaciones son infinitas, casi tanto como el universo mismo. 

¿Y entonces qué es la teoría de la relatividad?

Lo que se va a enunciar a continuación puede generar algo de vértigo: lo que Einstein proponía era que el espacio-tiempo funcionaba como una tela bien estirada. Imaginen que a esa tela se le tira encima una pelota de plomo. Inevitablemente, la tela se va a curvar por el peso de la pelota, la cual va a quedar “hundida”. 

Algo similar pasa con los planetas o, mejor dicho, los cuerpos masivos. Por el mismo peso que ejercen sobre esa “tela” es que los cuerpos más pequeños se mueven alrededor de manera elíptica. Dicho de una manera burda, el espacio-tiempo dejó de ser una constante, para volverse relativo en función del peso del cuerpo que “contiene”.

Es un montón, ¿no? Y eso que es bastante más complicado y abstracto, tanto que roza lo filosófico. Al igual que con todos los grandes descubrimientos, la Teoría de la Relatividad General (y la especial también) generó una revolución en la comunidad científica, que tanto le gusta alterarse cuando hay algo que no entiende del todo. De hecho, pasaron años hasta que fue aceptada, y es el día de hoy que por momentos genera aspereza. 

Con el pelo desordenado y la lengua afuera, este reconocido físico parece encarnar la imagen del científico loco. Al igual que los grandes próceres, Albert Einstein jugó un rol revolucionario en la historia de la humanidad y en la comprensión del mundo tal como lo vemos hoy en día. Sus descubrimientos implicaron avances inconmensurables en la explicación del universo. 

Como con todos los procesos históricos, está en cada uno la responsabilidad de reconocer a los personajes disruptivos como los principales albañiles o arquitectos y arquitectas de la humanidad. Está en cada une, entonces, la responsabilidad de encontrar la revolución en la locura. De parar un poco el mundo y reconocer que, tal como el espacio-tiempo, la demencia es relativa.

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