Batalla de Ideas

25 marzo, 2020

Afrontar la pandemia con un sistema de salud fragmentado

Una reflexión en función de la crisis sanitaria que está viviendo el mundo como consecuencia del Covid-19 y que posiblemente golpee con fuerza a nuestro país en las próximas semanas.

Sebastián Gatti*

@GattiTosco

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Breve Historia

De la misma manera que pasó en casi todo el mundo, la Salud Pública en Argentina fue subestimada en buena parte del siglo XIX y principios del XX. Se concebía a la salud como un bien de cuidado individual o, en el mejor de los casos, de agrupamientos colectivos (en nuestro país vinculados al lugar de procedencia, lo que dio origen a las mutuales de inmigrantes). 

La aparición de grandes epidemias (fiebre amarilla) obligó al Estado a comenzar a tomar cartas en el asunto, pero aún muy poco vinculadas al cuidado de la salud entendido como la atención sino a medidas tendientes a mejorar las condiciones de acceso a algunos servicios. 

Fue recién con la primera presidencia de Juan Domingo Perón que el Estado comenzó a tener un rol más activo tanto como prestador, como en el diseño y desarrollo de políticas específicas para el sector. Puntualmente con la creación del Ministerio de Salud, la expansión de la oferta pública, el desarrollo de programas de lucha contra enfermedades endémicas y el fortalecimiento de la intervención estatal en la organización del sector. 

De todas formas desde su inicio, el Sistema de Salud Argentino se caracterizó por su fragmentación. A la par que el Estado Nacional nacionalizaba hospitales creados por sociedades mutuales y planificaba centralizadamente la política sanitaria además de brindar atención, se permitía la asociación de trabajadores por rama y a partir de ahí un sistema de Obras Sociales. 

Desde la década del ‘70 se obliga a los trabajadores formales en relación de dependencia a tener a través de su afiliación sindical un aporte a la obra social correspondiente, orientando estas a su vez su demanda hacia prestadores privados. Es decir, había un ente financiador (Obras Sociales) y un prestador (Sistema Privado). Este sistema garantizaba la cobertura un enorme porcentaje de la población producto el alto porcentaje de trabajadores en relación de dependencia que históricamente hubo en Argentina (número que comienza a mermar significativamente a partir de la década del 90). Y estimula el desarrollo del sector privado. 

En el periodo 1969 a 1995 las camas disponibles en el sector privado aumentaron un 123% mientras que en el sector público disminuyeron un 14%. La consecuencia inmediata fue el sector público pasó de ser hegemónico en la creación de programas de salud y cobertura, a atender casi exclusivamente a los sectores más carenciados. Desde ese momento la fragmentación fue total, con efectores absolutamente desconectados entre sí con la consecuente ausencia de una política sanitaria unificada.

Reforma en los 90

En sintonía con la desregulación económica, en la década de 1990 se comenzó a plantear que el sistema de Obras Sociales no permitía el desarrollo de un “pujante” subsector privado y que obligaba a los trabajadores a aceptar la prestación que le ofrecían. En paralelo, en pocos años se destruyeron una gran cantidad de empleos, con lo cual ese sistema solidario en sus inicios, es decir, donde todos los trabajadores por rubro hacían un aporte marginal para sostenerlo, se comenzó a desfinanciar. 

En paralelo, se permitió migrar los aportes libremente a otras obras sociales que a su vez cerraron acuerdos con prepagas. ¿Cuál fue la consecuencia? Les trabajadores de mayores ingresos migraron parte de sus aportes de manera indirecta al sistema privado desfinanciando aún más a las obras sociales. Este fenómeno se conoce como “descreme”.

Cómo estamos hoy

En Argentina, el sector salud se caracteriza por tres grandes rasgos: la fragmentación, la sobreoferta y la exclusión, en palabras de Mario Róvere. A esto debemos sumar cuatro años de recortes que llevaron a que el presupuesto en salud fuera el 2,3% en 2015 a 1,7% en 2019, con una inflación acumulada del 257% y, como ejemplo paradigmático, con la desaparición del Ministerio de Salud. En paralelo, los efectores privados fueron amortizando la inflación con un aumento considerable en las cuotas aumentando más de un 300% durante el mandato de Mauricio Macri, lo que nos trae a la situación actual.

Un sistema de Obras Sociales absolutamente desfinanciado por pérdida de aportantes (por disminución de la cantidad de empleados en relación de dependencia y porque los trabajadores de mayores ingresos llevan parte de sus aportes a prepagas), un sector público desfinanciado y un sector privado que está, por supuesto, preocupado en mantener elevadas tasas de ganancia. Vale destacar que hay un porcentaje de afiliados a las prepagas que cuentan con certificado único de discapacidad, estos serían los afiliados más costosos para su negocio. Pero como su negocio es redondo, logran que con ese certificado una buena parte de los gastos en salud sean afrontados por el Estado Nacional. 

Y todo esto sin una coordinación nacional, porque el Ministerio de Salud de Nación sólo puede generar recomendaciones, desarrollar políticas. Pero no puede disponer de la infraestructura ni del recurso humano.

Con esta foto, ¿cómo vamos a afrontar la pandemia? ¿Quién se va a hacer cargo de los enormes costos que va a tener? La respuesta es evidente, será un Estado Nacional fundido al igual que los Estados Provinciales (la salud en Argentina está descentralizada).

Conclusiones

Un sistema de salud como el argentino no tiene capacidad de dar respuesta a una crisis de estas magnitudes. Su fragmentación de origen y la disparidad en los servicios ofrecidos se muestran absolutamente injustos. Lo mínimo que podemos esperar (esperar, nada, exigir) es que sea la industria farmacéutica (Alejandro Roemmers por ejemplo festejando en el 2018 su cumpleaños en Marruecos, con una fortuna calculada de 2.600 millones de dólares) y las empresas de salud (Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical, cuenta con un patrimonio de mil millones de dólares) hagan una inversión considerable para pruebas diagnósticas y pongan su infraestructura al servicio de la mayoría. 

Y esta crisis va a pasar, al Covid-19 lo vamos a vencer a costo de mucho sufrimiento y sacrificio de todes les trabajadores de la salud (desde profesionales a personal de maestranza). Si de esto salimos con el mismo sistema, con la misma inequidad, no vamos a haber aprendido nada. 

* Especialista Universitario en Medicina Interna

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