Batalla de Ideas

27 marzo, 2020

El día después: ¿Qué mundo nos esperará una vez que termine la pandemia?

Desde estas líneas se intenta proyectar más allá de este momento indeseado e indeseable y, además, anticipar lo que puede devenir en una nueva crisis de la economía mundial.

Fernando Toyos

@fertoyos

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A medida que pasan los días y la cuarentena se va instalando como nueva normalidad, la pandemia de coronavirus va colonizando las agendas de todos los medios. El 24 de marzo – aún sin sus históricas movilizaciones – abrió un paréntesis en este predominio del covid-19 para devolvernos, días después, a esta extraña normalidad de cuarentena y encierro. En este escenario particular, desde estas líneas queremos hacer nuestro aporte a pensar el día después de la pandemia.

Dos propósitos nos mueven a hacer esto: en primer lugar, la necesidad de proyectarnos más allá de este momento indeseado e indeseable, de imaginar un final (más o menos) feliz para dar un paso hacia su construcción. Luego, la necesidad de anticiparnos, prepararnos, para lo que puede devenir en una nueva crisis de la economía mundial, a diez años de la última. ¿Demasiado catastrofista? Veamos.

Un panorama complejo, más allá de la pandemia

Según releva el docente universitario y presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISyP), Julio Gambina, las proyecciones económicas para el planeta son alarmantes: producto de la pandemia, la economía estadounidense se contraerá en aproximadamente un 0,4, mientras la eurozona hará lo propio con una recesión del orden del 3 por ciento. Respecto de China, si bien el gigante asiático no experimentaría un retroceso de su economía, su tasa de crecimiento se ubicaría en torno al 3,5%, muy lejos de las famosas “tasas chinas”. En este panorama, la economía mundial se encaminaría a un año de crecimiento cero.Les trabajadores, como suele ocurrir, pagaremos la parte del león, con la pérdida de unos 25 millones de puestos de trabajo,según la Organización Internacional del Trabajo.

Estos números no expresan nada por sí mismos, ni constituyen fatalidad alguna; son datos que precisan interpretación. Sin ánimo de futurología, señalemos que se trata de un cambio significativo para el capitalismo mundial, desde 2011 acostumbrado a un crecimiento del PBI global de alrededor del 3 por ciento. Un crecimiento cero sería un resultado económico por debajo de 2008, cuando el PBI creció un 1,8, y no mucho mejor que del resultado recesivo de 2009, los años de mayor impacto de la última crisis sistémica. Fue este último colapso el que ofició de partero de experiencias novedosas como Syriza en Grecia y PODEMOS en España. ¿Qué experiencias nuevas podremos alumbrar en el probable escenario de una nueva inestabilidad global? ¿Qué lecciones extraer de las frustraciones pasadas, para evitar construir las frustraciones del futuro o, al menos, intentarlo?

Dado este panorama, resulta menos sorprendente el giro keynesiano de varios líderes mundiales, quienes se arrojaron raudamente a los brazos del intervencionismo estatal. Los reflejos del capital suelen ser más rápidos que los nuestros, lamentablemente, y así tenemos al liberal presidente francés, Emmanuel Macron, dando loas a la sanidad pública y al magnate presidencial de los Estados Unidos, Donald Trump, prometiendo inyectar nada menos que un billón de dólaresa la economía del vecino del Norte. En la misma sintonía, el Fondo Monetario Internacional – luego de declarar “insostenible” la deuda de nuestro país – pidió amablemente a los acreedores privados que resignen unos 85.000 millones de dólarespara hacernos más llevadera la situación.

El capital en terapia intensiva

Mientras tanto, nuestro país cumple hoy una semana de “aislamiento preventivo obligatorio”, una medida acertada en todo rigor, que le demanda a nuestra maltrecha economía nada menos que 500 millones de pesos por día. En este escenario, la orientación que viene desarrollando el gobierno del Frente de Todxs supone – a decir del presidente Alberto Fernández – priorizar la vida por sobre las ganancias. Todo un contraste respecto de las definiciones tomadas por los gobernantes de EEUU, Donald Trump y el Reino Unido, Boris Johnson. En la región, el brasileño Jair Bolsonaro parece andar por el mismo camino, esquivando la implementación de una cuarentena, en función de proteger los intereses de la burguesía carioca. Si bien, como reseñábamos hace una semana, las figuras opositoras – las que tienen responsabilidades de gobierno, al menos – vienen trabajando en estrecha sintonía con el Gobierno Nacional, el expresidente Mauricio Macri, pidió seguir los pasos de Gran Bretaña.

A contramano de lo que la máxima figura del PRO hubiera querido (¿y lo que hubiera hecho, de haber resultado reelecto?), el Ejecutivo Nacional prepara un Decreto de Necesidad y Urgencia que sancione el congelamiento de alquileres. Mientras tanto, se están instrumentando los medios por los cuales se hará efectivo el pago de $10.000 para aquellos estratos de la clase trabajadora más desprotegidos. Sumado a la prohibición de corte de servicios públicos para estos mismos sectores, la política del gobierno adquiere los contornos del intervencionismo estatal típico de los gobiernos kirchneristas, que el propio Fernández intentaba moderar antes del estallido pandémico.

Por otra parte, la República de Irlanda anunció que estatizará los hospitales privados mientras duren las medidas contra el covid-19. Al igual que en otros escenarios de crisis – como las guerras – el límite de lo posible se corre hasta abarcar lo que, ayer nomás, parecía impensado. El experto en finanzas, Juan Pablo Bohoslavsky, decía en el mismo tenor, que los Estados nacionales se ven en la obligación de velar por la salud pública, estando habilitados a negociar quitas y suspender pagos de deuda si es necesario. Ni la cantante pop estadounidense, Britney Spears, se privó de invocar a la huelga general. El clima parece propicio, pues, para radicalizarse. ¿Podría el gobierno argentino pensar en medidas de este tenor, por ejemplo, con empresas de alimentos que aumenten los precios y/o no garanticen el abastecimiento? ¿Podría plantearse una reestructuración con quita de aquella deuda que, antes del covid-19, era la gran ordenadora de nuestra agenda pública?

La cuarentena obligatoria es, poca discusión hay, la medida apropiada para enfrentar la pandemia del coronavirus. Ahora bien, proyectándonos al día después, ¿qué nos tocará hacer frente a una economía mundial que, con toda seguridad, estará en peores condiciones que antes? ¿Qué medidas tendremos que adoptar frente a la pandemia del capitalismo, que lleva más de doscientos años generando pobreza, desigualdad, contaminación y muerte?

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