Géneros

12 abril, 2020

Cuarentena, más trabajos para las mujeres

A las habituales tareas domésticas invisibilizadas y no remuneradas, se le suma en este contexto la presencia de la familia en el hogar las 24 horas. Más comidas que alimentar, más tareas de limpieza, más tiempo destinado a las compras.

Sol Martínez* y Gisela Comisso**

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Las tareas de cuidado, de manera histórica, fueron llevadas adelante en su generalidad por las mujeres. Tareas que tomamos dentro de los hogares para garantizar su funcionamiento más  el cuidado de les hijes, adultes, personas enfermas. O sea, el trabajo no remunerado. 

En cuarentena, las tareas se multiplican por varios factores, en primer lugar todos los miembros de las familias se encuentran en el hogar durante todo el día, esto representa garantizar más comidas para para más bocas, más horas dedicadas a la atención de menores y mayores, que implican juegos, supervisión, asistencia en el aseo, entre otras tareas. 

En segundo lugar se encuentran las tareas que surgen de la misma emergencia sanitaria: mayor cuidado por la higiene tanto personal y de la familia como del espacio habitacional,  compras que llevan tiempos prolongados por las medidas de seguridad tomadas en los comercios o el retiro de bolsones de alimentos en escuelas y comedores comunitarios.

Otra cosa que aparece como novedosa durante la cuarentena y vuelve a cargarse en el hombro de las mujeres son las tareas escolares, tanto en nivel inicial como en el primario y secundario. Esto  implica tomar el rol de docentes, enseñando y asistiendo, con herramientas formativas dispares, a niñes y adolescentes, teniendo que adquirir habilidades en el manejo de herramientas informáticas, etc. Muchas veces sin contar con los recursos materiales para resolverlo de la mejor manera.

Estas situaciones que describimos referidas a familias con padre y madre presentes  se repiten en familias monoparentales pero con algunas particularidades ¿qué pasa en el caso de parejas separadas? ¿y en el caso de mujeres que crían solas? 

Por la cuarentena los regímenes de visitas fueron cancelados y les menores quedan a cargo de uno de les progenitores. Otra vez las madres en la mayoría de los casos. Para ellas y para quienes crían solas, al perder sus redes por la imposibilidad de circulación, la cuarentena se hace más cuesta arriba aún. Salir a comprar o a conseguir la comida de la manera que sea se vuelve un suplicio, ya que deben hacerlo con les niñes, exponiéndoles no solo al contagio del virus sino también a la estigmatización por parte de las personas que algunos casos llegan a insultarlas e incluso son expulsadas de los comercios de alimentos. 

Para el ámbito del trabajo formal y sobre todo de aquellas tareas esenciales que siguen funcionando durante la cuarentena -ya sea de manera presencial o por teletrabajo-, el gobierno resolvió el otorgamiento de licencias para aquellas personas que tuviesen menores en edad escolar por el tiempo que dure la suspensión de las clases. Esta licencia solo puede ser usufructuada por uno de los progenitores. 

Cuando nos detenemos en los casos concretos, poniendo de ejemplo a les trabajadores del subte, observamos que fueron las compañeras quienes tomaron la licencia, la gran mayoría de las veces, y no los compañeros (en los casos más que usuales en que ambos son trabajadores del subte) 

¿Por qué sucede esto? Tiene que ver con que sigue recayendo en las mujeres las tareas del ámbito doméstico, y se sobrevalora el lugar del varón en su trabajo por fuera de toda responsabilidad con las tareas del hogar. Lo que en el tiempo repercute en la dificultad de las mujeres de romper el llamado “techo de cristal” que les impide el alcance de las tareas profesionales de mayor responsabilidad.

Por el contrario, en la docencia, una profesión con sobrerrepresentación femenina, casi en ningún caso las madres han tomado la licencia, debiendo garantizar la continuidad pedagógica para sus estudiantes, preparando clases, tareas, llevando adelante clases virtuales, corrigiendo y evaluando. Ellas están de los dos lados del mostrador, son quienes mandan las tareas y quienes acompañan a sus propies hijes en la resolución de las mismas.

Pero no solo eso, también se debe tener en cuenta el cuidado de adultes mayores. Esta tarea suele recaer en mujeres y varones que han decidido no construir una familia tradicional, pertenezcan a disidencias sexuales o no y no tienen hijes. Son esas tías, y a veces tíos, solteres que se hacen cargo de padres y abueles con la excusa de que “no hicieron su propia vida”. En este caso, ni siquiera está contemplada una licencia especial, apenas hay un permiso de circulación. 

Esta realidad difícilmente puede resolverse en cuarentena, más allá de medidas que puedan ayudar desde la normativa estatal. Pero sí podemos visibilizar, poner en cuestión que su resolución se dé exclusivamente de manera privada, sacarla fuera del ámbito doméstico (aunque más no sea virtualmente en este contexto) para convertirla en problema político. Porque estas tareas que diariamente garantizan las mujeres son la que hacen que la vida siga sucediendo, que las demás actividades sociales y económicas sean posibles, y en situación de cuarentena, son absolutamente imprescindibles para su éxito.

Para cuando se vuelvan a tomar las calles una vez que la pandemia haya pasado con la consigna histórica del movimiento feminista, hoy más vigente que nunca: Lo personal es político.

* Trabajadora estatal (Conicet)

** Trabajadora lesbiana del Subte

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