Batalla de Ideas

24 mayo, 2020

Algo más que el orador de la revolución

Juan José Castelli fue una figura protagónica en mayo de 1810. Dirigente de los revolucionarios más radicales, llevó a la práctica sus sueños de emancipación y fue posteriormente juzgado y calumniado con una saña especial por ir demasiado lejos con la libertad y la igualdad.

Nicolás Castelli

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“Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres?”

Andrés Rivera, “La revolución es un sueño eterno”

Es poco lo que se sabe de la vida personal de Juan José Castelli y muchos de los documentos escritos de su puño y letra se perdieron por lo que sus ideas pueden deducirse de su actuación pública. En ese sentido, se sabe que junto a Mariano Moreno y su primo, Manuel Belgrano, fueron las principales figuras de ala radical y más favorable a los intereses populares de la revolución de mayo, que con furia fría enfrentó situaciones complejas, que fue sometido a juicio, que se habló pestes de su persona y que murió difamado.

También se sabe que formó parte de una generación que creía que las sociedades surgen de un contrato social igualitario, soberano y emancipado de todo absolutismo y opresión. Junto a otros intentó llevar más lejos -luego de la caída del Virreinato del Río de la Plata- la idea de una patria grande libre y soberana. Se sabe que fue el representante de la revolución en el Alto Perú, que fue el responsable político y militar del triunfo en la batalla de Suipacha que liberó a estas provincias del virreinato, que en su estadía en esas tierras declaró la igualdad de los indios y los criollos, emitió documentos multilingües en quechua y castellano y armó elecciones para que diputados indios tengan su representación en Buenos Aires, entre otras reformas sociales progresivas. 

A pesar que la historia oficial omite bastante su figura, Castelli tuvo un rol más relevante que el de Moreno y Belgrano en los inicios de la revolución. En los meses transcurridos después del 25 de mayo de 1810, la vida de este abogado, hijo de un boticario veneciano, se va a ver totalmente trastocada. De funcionario de la corona española, va a pasar a convertirse en líder revolucionario, defensor a ultranza de un autogobierno basado en la unidad y soberanía de los pueblos y en representante de la revolución con un poderoso ejército bajo su mando.

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El hecho que lo va a catapultar a la arena pública va a ser su participación y discurso en el Cabildo abierto del 22 de mayo en las vísperas de la fecha inicial de la ruptura con el orden colonial. Si bien ya formaba parte de los grupos que se reunían en secreto para promover un cambio favorable a un autogobierno, por su capacidad retórica y sus conocimiento del derecho fue el elegido para llevar la voz cantante en ese día donde asistieron poco más de 250 vecinos, de los 400 que se habían invitado, para discutir la necesidad de cambiar de autoridades dado los últimos sucesos ocurridos en España.

En enero de 1810 toda la península ibérica, a excepción de la Isla de León, había quedado bajo dominio de Francia tras la derrota del ejército español en manos de Napoleón. El dominio colonial entraba en su cuenta regresiva. Y a pesar de los esfuerzos del virrey Cisneros para que estas noticias no bajen de los buques mercantes que atracaban en los puertos de Montevideo y Buenos Aires, los hechos trascendieron. El virreinato también entraba en su fase final, pues si la monarquía había caído en la metrópoli ¿qué hacer con el virrey? y en caso de que este sea destituido ¿quién debía asumir el gobierno y en nombre de quien?. 

Estas son las cuestiones que se debatieron en el Cabildo abierto hasta la medianoche. Como estaba previsto, Castelli presentó la situación con una sólida argumentación que le valdría el calificativo de “el orador destinado a alucinar a los concurrentes”, según un informe elevado por la Real Audiencia al Consejo de Regencia de la península.

Pero lo más interesante de ese día son las propuestas del abogado devenido en orador. Lo revolucionarios van a votar la línea sugerida por Cornelio Saavedra: destituido el virrey, la autoridad debía residir en el Cabildo hasta que se forme una junta de gobierno. Castelli va a votar esta moción pero va a proponer que el Cabildo sea elegido por el pueblo.

Pero esto no va suceder. La administración colonial seguirá embarrando la cancha a favor de Cisneros a pesar de estar en minoría. El síndico procurador, Julián Leyva, va a  quedar como el encargado de elegir a los miembros de la junta. Esta tendría la tutela de los derechos soberanos del monarca español hasta que se reuniera la Junta General de los pueblos del Río de la Plata.

Esta decisión, después del largo debate del día 22, dejaría la puerta abierta para que los defensores del orden colonial la aprovechen e intenten retener algo de poder. Es así que se va a conformar una junta que, si bien estará integrada por Castelli y Saavedra, tendrá a Cisneros como presidente con voto y con capacidad de mando sobre las fuerzas militares. La indignación no se hizo esperar como la renuncia de Castelli, seguida de la de Saavedra y los hechos se precipitaron hasta desembocar en el día que quedó en la historia argentina como la efeméride que se celebra hace más de dos siglos.

Acorralada y sin poder real, la administración colonial terminará cediendo y el 25 de mayo se constituye la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, más conocida como la Primera Junta.

No hubo épica ni violencia en estos inicios de la revolución. Además, estuvieron marcados por la ambigüedad porque a la vez que se presentaba a la nueva junta como heredera de Fernando VII para justificar la toma del poder, también se lo hacía como una ruptura con el antiguo orden. Si bien las jornadas que desembocaron en el primer gobierno patrio son fruto más de negociaciones y roscas, lo cierto es que los hechos marcaron el fin de una era ya que asumió por primera vez un gobierno que no dependía de ninguna autoridad española por más que se recurría al nombre del monarca prisionero. Se abría una situación inédita e incierta para Castelli y todos los hombres de mayo. 

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No obstante, la paz y la ambigüedad se terminarán pronto. Era urgente dotar de legitimidad al nuevo gobierno, ganar volumen político y adeptos a los largo del territorio virreinal y a la vez acordar un rumbo a seguir. Todas tareas que implicarán, en paralelo, el enfrentamiento bélico con los españoles y asumir definiciones que traerán divisiones internas al interior de la junta revolucionaria entre moderados saavedristas y radicales morenistas. 

Luego de la revolución, excepto Buenos Aires, todas las demás ciudades y territorios importantes como Montevideo, la capitanía de Chile, Córdoba, Paraguay y el Alto Perú todavía permanecían en manos de los españoles. Con la contrarrevolución al acecho, la junta revolucionaria le encargó a Moreno confeccionar un documento secreto: el Plan Revolucionario de Operaciones.

Castelli, ya devenido en dirigente revolucionario y ferviente impulsor del plan morenista que planteaba un rumbo de reformas sociales populares, enfrentará una de sus primeras situaciones complejas: el fusilamiento de Santiago de Liniers. Una decisión difícil y controvertida de la junta, y particularmente de Moreno, secretario de Guerra y de Gobierno, ya que se trataba de un héroe de la reconquista. Una figura muy popular por haber estado al frente de las milicias que años antes frenaron la invasión inglesa, pero que ahora lideraba la contrarrevolución en Córdoba, muy cerca de Buenos Aires, y en un momento donde la revolución necesitaba fortalecerse y a la vez ser implacable contra sus enemigos. Como  nadie quería ejecutar esta orden, Moreno tuvo que apelar a Castelli y su furia fría. 

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Posteriormente, le tocará asumir una misión aún más ardua: dirigir el ejército revolucionario que marcharía al norte a liberar a las provincias del Alto Perú para sumarlas al gobierno patrio. Para llevarla a cabo se lo va a nombrar representante de la junta con facultades y honores extraordinarios. El abogado que meses antes tenía su estudio en la ciudad, trabajaba como funcionario del Consulado de Buenos Aires y vivía tranquilamente en su quinta de San Isidro, pasó a tener la jefatura política de uno de los ejércitos revolucionarios con la tarea de extender la revolución a todo el territorio virreinal y con un plan para ejecutar.

En el primer aniversario de la gesta de mayo, Castelli va a pronunciar el discurso de Tiahuanaco, ruinas ubicadas cerca de La Paz (Bolivia)  donde proclamará la igualdad de los indios y blancos. Esto respondía por un lado a una convicción ideológica pero por otro a una necesidad estratégica y pragmática: había que ganarse a los pueblos originarios porque representaban la mayoría de la población. Tampoco esta tarea va a ser fácil. No bastaba, como creían Castelli y los revolucionarios más radicalizados, con proclamar la libertad y la igualdad de los indígenas e imponer medidas para terminar con el diverso entramado de relaciones sociales que encubría la categoría indios. Además de que éstos no eran sujetos pasivos. 

Para esa altura la situación había cambiado bastante en Buenos Aires. La tendencia más revolucionaria estaba derrotada, Moreno muerto en altamar y la correlación de fuerzas había cambiado a favor de Saavedra y los sectores proclives “a mudar de tiranos sin destruir la tiranía”. 

Solo restaba terminar con Castelli para acabar con los partidarios del “sistema robesperriano” como los calificó Saavedra. Para este objetivo, los saavedristas comienzan a operar sobre alguno de los generales del ejército del Alto Perú. Las operaciones producen descoordinación entre las columnas y se precipita la derrota en Guaqui con una retirada estrepitosa. El representante de la primera junta en el Alto Perú es llamado a Buenos Aires para dar cuenta de la batalla perdida. Una vez llegado se lo apresa y se lo somete a juicio por este fracaso militar y a la vez se lo acusa por su conducta pública durante su estadía en el norte andino. Se lo señala como un libertino que organizó orgías con damas de la alta sociedad e indias, que ofendió símbolos religiosos y demás mentiras solo destinadas a destruirlo. 

¿Porque tanto ensañamiento con Castelli? porque se temía que con el ejército del norte inicie una marcha sobre Buenos Aires para aplastar a los saavedristas, algo que sin embargo no estaba en sus planes. Lo cierto es que en realidad fue juzgado por independentista, por ser dirigente de la facción revolucionaria más favorable a los intereses del pueblo y porque era un hombre de poder que respondía a las ideas morenistas.

En esos días, por una herida mal curada, un tumor se le había desatado en la boca y tuvieron que amputarle la lengua. Se llegó hasta a decir que su enfermedad fue un castigo divino a sus supuestas inmoralidades. Para colmo, su hija Ángela anunció que se iba a casar con el capitán Francisco Javier Igarzábal, un partidario de Saavedra. El cuadro no podía ser más amargo y desolador para quien no mucho tiempo atrás había sido una figura respetada y aclamada desde La Paz hasta Buenos Aires.

Finalmente, muere el 12 de octubre de 1812 antes de que termine el juicio en su contra. Tenía 50 años y pasará mucho tiempo para que su accionar político y público sea reivindicado por quienes continúan creyendo que la revolución es un sueño eterno.

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