Batalla de Ideas

25 junio, 2020

Una herencia militante: pensarnos a partir de Darío y Maxi

Un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda es una oportunidad para repensar los caminos que recorrió el campo popular a 18 años del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. El legado de su militancia y del movimiento piquetero son una marca grabada a fuego en la memoria militante que hoy emerge con más fuerza ante una nueva crisis de magnitudes todavía desconocidas.

Damián Gutman e Ian Naiquen Quiñones

COMPARTIR AHORA

El 26 de junio de 2002, una masa de organizaciones y espacios de base del “ala radicalizada” del movimiento piquetero y de desocupados movilizaron al Puente Pueyrredón, acceso sur a la Ciudad de Buenos Aires y limitante con el Partido de Avellaneda, en reclamo de la duplicación de subsidios para desocupados, alimentos para los comedores populares, mejoras en salud y educación, y en solidaridad con la fábrica en ocupación “Zanón” de Neuquén. Un operativo conjunto de fuerzas policiales federales y locales, Gendarmería y Prefectura, esperaba a las organizaciones buscando impedir el corte y mandar una señal de límite a los movimientos sociales. 

La represión que se desató después resultó en 160 detenidos, 33 heridos con balas de plomo, y dos militantes populares asesinados: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. El despliegue puede verse en los documentales La crisis causó dos nuevas muertes y Puente Pueyrredón. La secuencia de fotos tomadas por Pepe Mateos, corresponsal del diario Clarín, sería clave para demostrar la responsabilidad del Comisario Fancchioti y del Cabo Alejando Acosta en sus asesinatos contra las hipótesis esgrimidas desde el gobierno y los grandes medios que hablaban de “enfrentamiento” o que “se habían matado entre ellos” o que “buscaban un muerto”. 

Crédito: Pepe Mateos

Las formas de la resistencia

En su libro Desde abajo y a la izquierda, Mariano Pacheco hace una genealogía de la izquierda emergente durante el primer ciclo de resistencia al neoliberalismo en clave nacional y latinoamericana desde 1996 hasta el 2002, clausurado en Argentina por la Masacre de Avellaneda y la caída del gobierno duhaldista. 

Este recorte es también el recorte del piquete y el corte de ruta como forma de lucha, con la llanta quemada y la asamblea como íconos claros del conflicto social; pero también es el recorte de una experiencia militante y de amistad. No es un recorte “histórico” ni pretende objetividad. Pacheco recuerda de manera emocionante a su compañero -militaron juntos en el MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados)- y la sensibilidad que acompañaba la militancia y que imponía la época.  

Con la legitimidad del sistema político minada y las calles estalladas. Con el fuego de la rebelión del 2001 todavía quemando, los y las desocupados empiezan a considerarse y ser reconocidos por algunos sectores como trabajadores y agentes de cambio. También aparecen alianzas feministas en las asambleas en el mismo Puente Pueyrredón. Se multiplican los medios alternativos y los bachilleratos populares. 

En todas estas experiencias, el protagonismo popular y la solución inmediata, aunque precaria y provisoria, de problemáticas urgentes como la tierra, el techo, y el trabajo se convierten en una manera de acción política cada vez más difundida. Una efervescencia de organización fugitiva del sistema político pero desesperada por recomponer el lazo social que el neoliberalismo había erosionado se vuelve urgente; y “luchar, crear, poder popular” se vuelve canto y principio de acción.

Por abajo desde el margen

Con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de Mayo del 2003, esta etapa de protesta social generalizada da paso a una nueva. En una tensión constante entre la integración al sistema político y la conquista de victorias parciales, los movimientos sociales y sus alianzas políticas fueron la causa de gran parte de las mejoras materiales conseguidas. Si bien se logró una “recomposición por arriba” del sistema en clave de acumulación de riqueza y legitimidad política, los movimientos por abajo aumentaron su influencia y su capacidad de organización. 

La personería jurídica de la CTEP durante los últimos momentos del 2015, y la consolidación de un bloque duro en la UTEP en el 2019, son ejemplos sólidos del acumulado construido y de la autonomía relativa de un sector que pasó de considerarse como excluidos del sistema a un sector no-reconocido y combativo en pos de una transformación basada en el cooperativismo, la autogestión, y el poder popular. 

Este segundo ciclo de consolidación, por decirlo mal y pronto, redundó en distintas experiencias de organizaciones e hipótesis de construcción. Y también, en una herencia militante. La militancia de los movimientos y organizaciones, sociales y populares, también se logró diferenciar con distintos nombres -sea de izquierda independiente, autónoma, o popular- de las iniciativas políticas “desde arriba”. Al verticalismo y al acatamiento ante las medidas de gobierno se supo anteponer una “flexibilidad táctica” que permite arrancar conquistas mientras se preserva el movimiento. 

Además, una mística militante retoma elementos del ciclo de resistencia anterior y se “historiza” en una secuencia “de las mejores tradiciones de nuestro pueblo” que retoma un marxismo heterodoxo y en el que la “cuestión nacional” se construye en tanto se refuerza los lazos por abajo en la construcción de un pueblo y no por el decreto de un “nacionalismo popular” en el gobierno u oposición. 

Memoria y militancia

Si la Masacre de Avellaneda fue un límite desde arriba para cortar con las “esquirlas del 2001” que venían de los movimientos de desocupados y selló la caída del gobierno de Duhalde, el camino que se abrió entonces con la aparición del kirchnerismo como salida de la crisis también coincide con un nuevo ciclo de resistencia y organización popular. 

Ahora, en el marco de una nueva crisis -radicalmente distinta a la del 2001- surge el interrogante de si la organización popular tiene la fuerza necesaria para poner en línea a los ganadores de siempre con el acumulado construido en casi 20 años de lucha. Seguimos en resistencia, y con una derecha internacional en avance, difícilmente “desde arriba” pueda proponerse un “proyecto nacional” que no choque con los intereses concentrados. 

Las juventudes militantes y rebeldes de nuestra generación tenemos el desafío, ante una incursión inusitada en el sistema político, de sostener la centralidad y autonomía relativa de nuestros movimientos. En este tercer momento, después de la emergencia y la consolidación, nuestra breve historia puede volverse memoria viva y justicia por nuestros compañeros. Restan los juicios y castigos a los responsables políticos del asesinato de Darío y Maxi, así como la unidad necesaria en pos de ese sueño eterno de un proyecto político por la emancipación definitiva y una segunda independencia. 

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarlo cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Batalla de Ideas

¿Querés uno de nuestros libros?

Podés conseguirlo a precio promocional haciendo click en la imagen. ¡Escribinos y te contactamos para hacértelo llegar!

Conseguilos