Batalla de Ideas

29 junio, 2020

Futuros Pensados: Notas sobre un porvenir que está siendo

La reciente compilación lanzada por la Oficina Buenos Aires del Instituto Tricontinental de Investigación Social, Futuros Pensados: Encrucijadas y desafíos en tiempos de pandemia global, reúne una serie de textos de diversos intelectuales como Susana Murillo, Verónica Gago, Emilio Taddei, Silvia Ribeiro y otres destacados autores que analizan esta coyuntura tan particular.

Adrián Pulleiro y Belén Roca Pamich*

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Se ha escrito mucho sobre la situación global que generó el avance del Covid-19 a escala planetaria. En medio de esa proliferación de opiniones vale la pena apoyarse en algunas consideraciones básicas. Por un lado, la expansión de la pandemia y su prolongación dejarán profundas consecuencias sociales y económicas. Por otro, es un acontecimiento de alcance global que puso en evidencia de un modo descarnado los rasgos más nocivos del capitalismo en su fase neoliberal. Por último, abre controversias acerca del futuro inmediato, pero sobre todo profundiza la incertidumbre respecto de la deriva de ese orden civilizatorio, que desde hace décadas potencia sus dimensiones más depredatorias y autodestructivas.    

Esas son las premisas fundamentales que ofician como punto de partida de Futuros Pensados: Encrucijadas y desafíos en tiempos de pandemia global, la compilación lanzada recientemente desde la Oficina Buenos Aires del Instituto Tricontinental de Investigación Social.   

El material reúne el aporte de una serie de intelectuales que analizan diversos aspectos de esta coyuntura tan singular. También incorpora visiones provenientes de organizaciones populares. En todos los casos, los diagnósticos dejan ver posibles caminos de salida que se plantean como alternativos a las tendencias dominantes de un escenario que no da margen para lecturas simplistas. 

La otra premisa de la cual parte Futuros Pensados es precisamente esa. Es necesario superar las valoraciones más impresionistas que se vieron sobre todo en la primera fase de la pandemia. El pensamiento crítico tiene sobre todo el desafío de interpretar, con ingenio y audacia, un escenario histórico novedoso que está en pleno desarrollo. Animarse a errar o, cuanto menos, ayudar a errar lo menos posible. La cuestión sería: ¿cómo pensar algo que tiene mucho de nuevo, pero también mucho de antiguas catástrofes, mientras que se pretende incidir en su evolución? Superar el aislamiento y temor al abismo a los que lleva el pensamiento académico en su forma más administrativa puede ser un paso elemental pero imprescindible. Futuros Pensados tiene mucho de ensayo colectivo. De intentos de poner en diálogo universos distintos. Fue pensado para disparar nuevas ideas y, sobre todo, para machacar en la vieja idea de que lo único inadecuado ante la incertidumbre es abonar a la inmovilidad. Lo que sigue es una mirada panorámica por los textos que componen el volumen. 

Grietas y reconfiguraciones 

El texto de Susana Murillo parte de la idea de que la pandemia expone lo más repudiable que tiene el proyecto civilizatorio neoliberal. Y se pregunta por las condiciones que existen para que, en medio de esta particular situación, se rompa o se debilite el consentimiento que buena parte de la población le otorga a ese proyecto y sus líderes. Frente a cualquier postura simplista, llama la atención sobre las reservas que hay que tener al respecto. Ilustra cómo históricamente la imposición del neoliberalismo se basó fundamentalmente en la construcción de un tipo de subjetividad. Entre el terror y las ficciones de salvación, lo que el neoliberalismo generó fue un estado de crisis permanente. La incertidumbre se impuso como la norma, y se volvió la clave para gobernar –o moldear decimos nosotrxs– los cuerpos. Las reservas que nos marca Murillo, también responden al papel que juegan los mecanismos de construcción de subjetividad en la cultura en su conjunto que trabajan de modo transversal sobre ese imaginario del individuo autosuficiente que el neoliberalismo explota sistemáticamente. En este sentido, cabe esperar que para muchas poblaciones la pandemia va a ser un contexto en que la adhesión a dichas ficciones se refuerce. Pero como la historia es también la historia de la voluntad de lucha de los pueblos y lxs trabajadorxs, para Murillo existen otros tantos indicadores de que esos consensos pueden agrietarse. Son una vez más lxs olvidados de la tierra los están construyendo “un más allá de la pandemia” en el que el llamado consenso neoliberal pueda ser desmembrado. 

Por su parte el artículo de Emilio Taddei reflexiona sobre las medidas tomadas por el Estado argentino en el marco de la pandemia, la enorme fragilidad en la que se encontraba luego del gobierno de Cambiemos y las limitaciones que presenta para enfrentar esta situación. Así y todo, la estrategia del gobierno del Frente de Todxs se ha despegado de la caótica situación que padecen otros países de América Latina. El artículo señala que esta pandemia reabre y pone en foco nuevamente al Estado y su capacidad de intervención, pero sobre todo abre un debate “sobre los sentidos, objetivos y prioridades de las políticas públicas”. Taddei recorre también los grandes desafíos que se presentan para pensar horizontes emancipatorios en el futuro inmediato, y las oportunidades abiertas de transformación y democratización estatal. 

La crisis de la globalización neoliberal desde un prisma feminista

Verónica Gago y Lucía Cavallero se enfocan en la hegemonía financiera en el capitalismo actual. Desde una mirada feminista, ven en la pandemia un factor que la profundiza. Estudiosas del endeudamiento en tanto dispositivo privilegiado de ese capitalismo financiero, aseguran que estamos ante un proceso de reconfiguración de las relaciones sociales y que las deudas constituyen un terreno de batalla clave en tal reconfiguración. Su hipótesis general es que, en la fase actual del capitalismo, la deuda deviene en instrumento obligatorio para la reproducción social de vastos sectores sociales y llaman a ver en la deuda “privada” un dispositivo de “colonización financiera” del territorio doméstico. El relanzamiento del proceso de colonización financiera sobre nuestros países, y sobre el nuestro en particular, se traduce como endeudamiento compulsivo hacia los sectores subalternos, que pasan a acceder a bienes y servicios básicos a través de la mediación de la deuda. La perspectiva feminista les permite a las autoras adentrarse en los mecanismos más concretos de ese fenómeno y poder dar cuenta de su carácter feminizado. Sostienen que la cuarentena potenció ese mecanismo. El aumento acelerado de la pobreza y de situaciones de precariedad llevan al incremento de las deudas en los hogares. A su vez, la pandemia agudizó las disputas por imponer los costos de la crisis económica. Así, las autoras destacan la necesidad de avanzar en iniciativas que confronten con la capacidad de extracción de rentas de los sectores más poderosos, que incluso ven crecer sus ingresos. Desde una regulación de los contratos de alquiler a la provisión de la conectividad gratuita en los barrios; pasando por reformas tributarias capaces de gravar las grandes fortunas o de incrementar los impuestos a los bancos, entre otras. 

Marisa Fournier, por su parte, afirma que las medidas de aislamiento pusieron en evidencia que la reproducción de la vida es el producto de una serie de actividades que se pueden conceptualizar como “trabajo de cuidado”. Desde una perspectiva que pone en el centro la cuestión de género, enfatiza en el carácter de esas acciones en tanto actividad que implica “conocimientos específicos, que requiere de insumos, que consume tiempo y que porta una ética específica”. Fournier considera que en el marco de un sistema capitalista colonial que desprestigia y desconoce las tareas de cuidado y que tiende a la privatización de la vida, concebir que “las tareas ligadas a nutrición, recreación y educación de niños, niñas y jóvenes no son asistenciales constituye un desafío teórico y una apuesta política”. En este sentido, valora la labor que vienen realizando organizaciones de lo que denomina “Economía Social” y destaca las transformaciones que generan las experiencias de cuidados colectivos fuera de los hogares, sobre las biografías de las mujeres de los sectores populares.  

Relatos del ¿futuro? 

Natalia Romé sigue la pista de los relatos distópicos para proponer un recorrido por diversos materiales de nuestra cultura –desde la industria cultural a la filosofía y la política– que tienen a la resignación como marca común y fundamental. Una de sus tesis es que un “un discurso de la resignación masivamente consolidado”, desborda el género de la ciencia ficción desde hace décadas, para inundar las interpretaciones del presente. Afirma que nuestras sociedades aparecen presas de una nueva superstición que nos dice que el futuro ya llegó, lo que es igual a decir que no hay futuro. Se trata de una experiencia vital totalizadora (y totalitaria) que supone la deshistorización de la experiencia social y vacía de sentido a la política. Es en ese marco histórico en el que la pandemia se despliega y es en función de él que debemos interrogar sus novedades. Por eso Romé señala que uno de los principales desafíos para pensar alternativas en una época post pandémica pasa por eludir la tentación de sucumbir a la necesidad de recuperar “la normalidad” y poder imaginar una “suspensión o un corte” en el presente, sin el cual es imposible abrir futuros distintos. Cuando la crisis y la excepcionalidad se normalizan, –advierte Romé– sirven tanto para endeudar a los pueblos como para imponer cambios regresivos a través de la virtualización del trabajo. De lo que se trata en definitiva es de generar intervenciones políticas que apunten a revertir la insignificancia de la barbarie como estado de cosas. Que activen la soberanía popular contra las supersticiones que gobiernan nuestra época, en tanto potencia democratizadora en expansión permanente y a la vez históricamente situada.

La relación entre tecnologías de la información y control social es abordada más puntualmente por Pablo Elián Carrasco. En su texto, Carrasco describe el modo de funcionamiento de los algoritmos que guían el funcionamiento de las plataformas digitales, cara visible de los emporios tecnológicos que basan su rentabilidad en la expropiación y en el procesamiento automatizado de los datos que dejan registrados les usuaries. Una trama que se ha visto potenciada y amplificada por la pandemia y el proceso de expansión de la virtualidad, respecto de nuestras interacciones, prácticas laborales y relaciones sociales. Fenómeno que a su vez tiene una consecuencia clara: tiende a menguar nuestra capacidad crítica frente a los modos en los que se construyen y funcionan los ambientes digitales en los que pasamos cada vez más tiempo. En este marco, según Carrasco, cualquier alternativa deberá contemplar esa dinámica expansiva y proponerse el objetivo elemental de generar una ruptura profunda con la hegemonía del individuo-consumidor. 

La pandemia en clave socioambiental 

Si algo dejó en evidencia esta pandemia global es que la relación instrumental y dañina que tiene el capitalismo con la naturaleza pone en riesgo a toda la humanidad. En esta clave los textos de Leticia Peluso, Silvia Ribeiro y Medardo Ávila Vázquez intentan analizar por qué hay un vínculo muy estrecho en la forma en la que producimos alimentos y la pandemia del covid-19. Al mismo tiempo que muestran cómo no es la primera pandemia causada por los cambios en el medio ambiente y la actividad productiva, pero esto no parece llamar suficientemente la atención como para provocar un cambio radical. 

Peluso aporta su mirada sobre el sistema extractivo de producción de alimentos en Argentina y sus consecuencias sociales, culturales y ambientales. En este sentido se pregunta por qué se sigue invirtiendo tiempo y dinero en una forma de producción alimentaria que es devastadora de los recursos naturales, y que a la larga requiere más dinero y esfuerzo para poder combatir las nuevas enfermedades y problemas de salud. Según la autora esta pandemia nos presenta dos caras: mientras que pone en evidencia los problemas causados por el uso intensivo de la tierra y toma relevancia la necesidad de producir alimentos sanos y accesibles a la población, las urgencias sanitarias y económicas dan lugar a que el agronegocio siga avanzando, con más desmontes, más venenos sobre los pueblos y mayores riquezas para unos pocos.

Por su parte, Ribeiro analiza la estrecha relación que hay entre esta pandemia y la cría intensiva de animales en el capitalismo actual. Y en este sentido afirma que “la cría industrial de animales en confinamiento (avícola, porcina, bovina) es una verdadera fábrica de epidemias animales y humanas”. Aunque hay discusión sobre el origen del coronavirus SARS-CoV-2 que causó la pandemia de COVID-19 “el sistema alimentario agroindustrial tiene un papel importante: crea vulnerabilidad en la salud de las personas, magnifica la diseminación de virus infecciosos, mantiene las condiciones ideales para la mutación de nuevos patógenos que se siguen gestando mientras aún estamos bajo el azote de la actual pandemia” 

Por último, Ávila Vázquez plantea cuestionar a fondo el modelo y propone un análisis de la pandemia a través de 3 elementos que se interrelacionan: la población, el agente que nos agrede y el ambiente. Donde plantea: “el Capitalismo no sólo aliena al trabajador de su objeto de trabajo, sino que aliena a la humanidad de la naturaleza y nos ubica fuera de ella, como sus conquistadores no como sus hijxs, desarrollando prácticas de despojo y rapiña, pero no de cuidado”.

Los tres textos ofrecen miradas muy agudas sobre la situación a la que hemos llegado con este modelo productivo y su vinculación con la pandemia actual, pero también muestran que hay otras formas de producir y alimentarse, que lejos de lo que muchas veces se argumenta, con menos tierra y capacidad productiva generan alimento para el 70% de la población mundial. Estos modelos alternativos ya existen, están en marcha, generan trabajo y alimentos sanos para muchxs y deben ser apoyados. 

Entre la contención y la disrupción   

Como parte de movimientos populares que intentan forjar alternativas en, contra y desde el Estado, Diana Broggi, Manuel Bertoldi y Gonzalo Armúa ofrecen un mapa de las tareas y desafíos que impone la pandemia. 

Broggi nos llama la atención sobre la desigualdad que existe a la hora de enfrentar al virus y transitar la cuarentena. Desde un feminismo interseccional señala que una de las peleas de fondo es contra la “otredad enemiga”, es decir la instalación de lxs otrxs como amenaza constante. Los feminismos estuvieron en primera línea en la resistencia durante esa normalidad pre pandemia y también lo están ahora. Los avances organizativos de los últimos años son puntal fundamental para marcar un camino de salida en estos tiempos de pandemia. Para Broggi el Estado aparece como el otro pilar fundamental en un nuevo proyecto estratégico de país. Y entre ambos, los feminismos tienen asignado un rol fundamental: jugar como factor transversal para la articulación de agendas comunes y caer en falsas dicotomías. En este punto, la incipiente experiencia del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad, aparece como un laboratorio a seguir de cerca.    

*Investigadores del Instituto Tricontinental de Investigación Social

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