Educación y Ciencia

2 julio, 2020

Las aulas de la Economía Popular

En esta nota relatamos las experiencias de los Bachilleratos Populares del Movimiento de Trabajadores Excluidos a partir de las palabras de sus referentas. Una invitación a pensar las potencialidades de una pedagogía que nace del encuentro entre Educación Popular y Economía Popular. Sus orígenes, particularidades y desafíos en tiempos de pandemia.

Bruno Lof* y Victoria Bortnik**

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Frente a la moderna y vidriada sede del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en Parque Patricios, se encuentra uno de los polos productivos del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), Atuel. Sus paredes enfrentan al ostentoso edificio con un mural que proclama “trabajo y dignidad”.

Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad, todas las tardes, cuando empieza a ponerse el sol, decenas de carros se apilan en el galpón de Chacarita. El espacio corresponde a la Cooperativa Anuillán del MTE, cuna del Programa de Promotoras Ambientales cuya principal referenta es Jackie Flores.

Ambos predios son territorios conquistados por el movimiento, y testigos de la disputa por la garantía y conquista de derechos, allí donde la exclusión se hace presente. En el interior de estos edificios se configuran distintos espacios que son auténticas experiencias de lucha colectiva: cooperativas de trabajo, centros barriales de “Vientos de Libertad”, comedores y talleres. Y también sus propias escuelas.

Finalizada la jornada laboral, los espacios de trabajo se transforman en las aulas de los Bachilleratos Populares del MTE.

¿Qué es un bachillerato popular?

Los Bachilleratos Populares surgen como experiencias político-pedagógicas en la Argentina en las fábricas recuperadas por sus trabajadores, jóvenes y adultos, tras la crisis del 2001. Buscan dar respuestas ante la lógica excluyente del sistema educativo y a la retracción del Estado como garante de este derecho. A su vez, son espacios que nacen al calor de la Educación Popular, preguntándose qué, cómo y para qué estudiamos. Irrumpen como forma de posicionarse críticamente ante la educación tradicional buscando construir poder popular.

Así como la lógica de expulsión es sistemática, la respuesta desde el campo popular también lo es. La Educación Popular configura alternativas que buscan diferenciarse de una educación verticalista, poniendo en primer plano las relaciones comunitarias y situadas, experiencias feministas y dialógicas, frente a las opresiones cotidianas.

Por ello, existe una multiplicidad de experiencias de Educación Popular en las distintas latitudes de Nuestramérica. La organización de los y las de abajo encuentra algunas de las experiencias más potentes de la Educación Popular, en el presente, en las escuelas zapatistas en México, las experiencias pedagógicas de los Sem Terra en Brasil y los Bachilleratos Populares en Argentina.

Ningún proceso pedagógico es neutral y los Bachilleratos Populares o “bachis”no buscan ser la excepción. Se construyen como trincheras de disputa en las que se busca combatir los sentidos comunes y las lógicas meritocráticas, que tanto el sistema educativo como el capitalismo tienden a producir y reproducir. En los bachis, tanto docentes como estudiantes parten de sus recorridos, sus saberes, sus prácticas cotidianas y sus biografías para resignificarlos en diálogo, y construir conocimiento colectivamente.

Los bachis del MTE

Los bachis Anuillán y Atuel son experiencias pedagógicas que se construyen en el andar de las y los trabajadores excluidos de la Economía Popular. MeleSorrentini, referenta educativa del bachi Atuel, explica que el MTE surge como organización para luchar por los derechos laborales más básicos en la vida de los y las cartoneras. “Poder transitar, que no se les cobre peaje, que no se les estigmatice y se reconozca su trabajo como tal. Después se avanzó en la conquista de otros derechos, espacios de cuidado de niñes, socio-comunitarios y comedores”.

Así, el surgimiento de los bachisdel MTE se inscribe en esta historia de luchas y conquistas del movimiento en la que, como cuenta Romi Rearte, referenta educativa del bachiAnuillán, el trabajo es el ordenador de la vida. Una vez conquistados algunos de los derechos más fundamentales, el movimiento fue avanzando –y continúa haciéndolo– para poder garantizar otros de los derechos que habían sido vulnerados, como el acceso a la educación. 

“Para dignificar la tarea que llevan adelante todos los días, nos dimos cuenta que era necesario avanzar en otros derechos, continuando por supuesto con la lucha por el trabajo y su reconocimiento, pero avanzando también en la conformación de una herramienta educativa”, afirma Romi. 

El primer bachidel MTE nació a mediados del 2017 como una demanda de la propia cooperativa Anuillán. En tanto que el bachi Atuel abrió sus puertas a comienzos del 2019 con un estudiantado conformado por compañeros y compañeras del comedor, Vientos de Libertad y las cooperativas del predio. También, a partir de la demanda de las y los trabajadores, se abrieron espacios de alfabetización y finalización de la primaria.

Ambos bachisson coordinados desde el área de educación del MTE, que tanto Mele como Romi integran y tiende un puente entre las aulas y el movimiento. En cada materia, en cada aula, aparecen las experiencias vividas, las calles recorridas, luchas, derechos perdidos y (re)conquistados.

Los desafíos de una pedagogía cartonera

En la Economía Popular, la organización, el cooperativismo y las marchas para conquistar derechos son formas de comprender, habitar y transformar el mundo. En palabras de Romi: “Creemos que las herramientas educativas posibilitan la creación de niveles de organización social y entramados políticos pedagógicos que tienen y pueden dar sentido a nuestra práctica política y a lo que hacemos todos los días”.

Así se conjugan Educación y Economía Popular: a partir de la lucha como pedagogía del trabajo y de aulas que se arraigan en el cooperativismo. Un encuentro que potencia  la construcción de poder popular a partir de una pedagogía que, como cuenta Mele, “choca de frente con la ideología neoliberal individualista, la lógica del ‘sálvese quien pueda’ y la meritocracia”.

“La educación y la pedagogía cartonera no suceden sólo al interior de los espacios áulicos, sino también en las prácticas habituales de las coopes. Las asambleas, las formas de escucha y sus formas anti individualistas de funcionar son también parte de esa pedagogía”, cuenta Mele. Se trata de una experiencia educativa que parte de las identidades de estudiantes trabajadores y trabajadoras atravesadas tanto por la exclusión como por la organización.

En los bachis, los saberes que se ponen en juego en la vida cotidiana entran al espacio del aula y se refuerzan colectivamente. Ese es el caso de los saberes arraigados en el trabajo de promotoras ambientales, recuperadores urbanos y recicladores del MTE que son retomados dentro del aula. A partir de estos conocimientos se construye una educación en la que los y las educandas son sus protagonistas. De las experiencias cotidianas se desprenden problemáticas a trabajar de forma transversal: desde contenidos de matemática hasta abordajes desde las ciencias sociales.

En la experiencia cotidiana de los bachis, un mismo espacio hace las veces de lugar de trabajo, comedor y aula. Desde estas lógicas entrelazadas se teje la pedagogía cartonera de los bachilleratos populares.

La Educación Popular en los tiempos de cuarentena

El contexto global, signado por la pandemia de coronavirus, puso en primer plano aquellas desigualdades que permanecían –para algunos– más encubiertas: la pobreza, el problema de acceso a la vivienda, la violencia de género, la violencia institucional, las condiciones de vida de los sectores populares. Los bachisdel MTE no están exentos de estas condiciones, sino que aparecen atravesados por todas ellas.

En los bachis, este recrudecimiento pone de relieve las condiciones en las cuales se construyen y sostienen los espacios: falta de salarios y presupuesto, así como también las condiciones habitacionales y de conectividad que imposibilitan la educación a distancia.

Si antes dijimos que los bachis nacen a partir de la organización y demandas del trabajo de la Economía Popular, el contexto llama al retroceso. Como dice Romi, “se pasó de discutir trabajo a tener que volver a discutir un plato de comida, y eso, en términos reivindicativos y simbólicos, es un retroceso enorme”.

Sin embargo, la coyuntura también acentúa la importancia de las redes construidas por el MTE. Los bachis asumen otras formas y, a partir de las condiciones existentes, forman parte de las estrategias de contención. Los polos se transforman en relación a las demandas y refuerzan sus ollas para garantizar el plato de comida cada vez a más vecinos y vecinas. También son lugares de producción de barbijos y alcohol en gel y puntos de recepción y entrega de donaciones. Todas instancias que (re)encuentran a docentesy estudiantes.

Las propuestas pedagógicas se adaptan a los recursos a mano (del pizarrón, hasta el papel o al whatsapp, en los casos en los que es posible) y trascienden las aulas hacia distintos territorios: así lo demuestra Blanca, una estudiante que recibe las actividades del bachi desde Perú. En este contexto, se ponen en primer lugar el sostenimiento del vínculo pedagógico, el refuerzo del acompañamiento contra la violencia de género y la garantización de derechos como el IFE y becas estudiantiles.

Los bachis son espacios que se arraigan en las demandas populares. Su pertenencia al MTE los hace parte de una agenda común de la Economía Popular. A esta, se le suman los reclamos propios de los Bachilleratos Populares. Aún en cuarentena, siguen exigiendo el reconocimiento estatal, títulos oficiales, planta orgánica funcional para los y las docentes, condiciones de conectividad, becas y viandas de calidad para todos y todas sus estudiantes. Porque, aún en cuarentena, la cabeza sigue pensando donde pisan los pies.

*Docente militante y miembro de la coordinación del Bachillerato Popular Anuillán – MTE
**Docente militante y miembro de la coordinación del Bachillerato Popular Atuel – MTE

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