Géneros

14 julio, 2020

El derecho a decir “sí”

A diez años de la promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario, un recorrido sobre los pasos legislativos, la estrategia política, y las redes necesarias para la conquista de una ciudadanía más plena.

Crédito: Agustina Lanzillotta

Daniela Gutiérrez y Marcelo Moretti*

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La Ley de Matrimonio Igualitario fue sancionada el 15 de Julio de 2010. Uno de los primeros antecedentes fue a principio de los años 90’s, tratándose de un proyecto presentado por la agrupación Gays por los Derechos Civiles, presidida por Carlos Jáuregui. En aquellos momentos, como una de las primeras estrategias, se hablaba de matrimonio civil, ya que no atacaba directamente a la institución del Matrimonio como se la entendía entonces.

En el año 1998 se presentó un proyecto llamado “parteneriato”, que evitaba la confrontación directa con la Iglesia Católica. Es por esto que, a lo largo de los años, la táctica principal fue debatir la idea misma de matrimonio. En el 2002 y en el 2004, sucesivamente, se volvió a presentar, pero nunca fue tratado. Aunque ya para el año 2002 la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) había logrado que se apruebe el proyecto en CABA. Esto significó la puerta al debate para otros puntos del país.

En el año 2005, se presentó por primera vez un proyecto nacional en el que estaban incluidos los derechos que implica la legalidad del matrimonio para todas las personas, como lo son: el acceso a la pensión, a la adopción, a la patria potestad compartida y a la obra social, entre otras cosas.

En octubre del 2007 se presentó otro proyecto que hablaba explícitamente de la “admisión de los matrimonios homosexuales, equiparación con los matrimonios heterosexuales”, que contaba con el apoyo de buena parte de los bloques políticos de la Cámara de diputades de la Nación. Más tarde, la senadora de la Ciudad de Buenos Aires, Vilma Ibarra, presentó un proyecto en el Senado para garantizar el derecho a contraer matrimonio y a la posibilidad de adopción de personas del mismo sexo. Lo que se buscaba era reformular el artículo 172 del Código Civil de la Nación, que regula el derecho al Matrimonio.

En el año 2009 se utilizó la estrategia de presentar un recurso de amparo para acceder a la ley, como fue el caso de Alex Freyre y José Di Bello. Ellos se casaron en el registro civil de Ushuaia gracias a la intervención de la gobernadora de la provincia, ya que en CABA se lo habían prohibido por una disposición judicial. Por otro lado, el 10 de diciembre de ese mismo año la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) presentó la inscripción en la Argentina del matrimonio de César Cigliutti y Marcelo Sountheim, celebrado en España. Este reconocimiento fue negado.

Al año siguiente, el 16 de marzo del 2010, la CHA presentó con Diana Conti un proyecto como consejo sin demora de debate parlamentario. El 5 de mayo de ese año, la Cámara de Diputades consiguió el quorum necesario y comenzó el tratamiento de reforma de la Ley de Matrimonio. Con 125 votos a favor, 109 en contra y 6 abstenciones.

El 15 de julio de ese año, con 33 votos a favor y 27 en contra, en el Senado finalmente se aprobó la Ley. Greta Pena, de la asociación civil 100% Diversidad y Derechos (100% DyD), explica que lo que favoreció la promulgación de la Ley “fue una conjunción de factores políticos parlamentarios, comunicacionales, de movilización comunitaria y política que cristalizaron las sanción de esta ley como una conquista”.

Protagonistas y redes políticas

Para la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario fue necesaria una manera estratégica de organizarse. Greta Pena explica: “los principales factores fueron la unión del movimiento LGBT argentino, ya que se vio un movimiento lgbti federal. También la alianza con activistas y militantes de otros países. Otra de las cuestiones fue la claridad e inteligencia de haber sumado sectores no LGBT”.

“Tuvimos al lado a  organismos de Derechos Humanos, a las dos centrales obreras, a las universidades nacionales, al movimiento estudiantil secundario, a les artistes, a les deportistas, les comunicadores sociales, hasta a algunos sectores de credos religiosos”, agrega. Sin embargo, aclara que lo más importante “fue la fuerza arrolladora del amor”.

“Nosotres estábamos del lado del amor, en nuestra lucha pusimos nuestros cuerpos como estandartes de lucha. Aquella madrugada del 15 de julio había una sola plaza. Esa plaza fue determinante para que el senado no tuviera posibilidad de votar negativamente. Por último, la estrategia parlamentaria del movimiento y, por otro lado, la voluntad política de Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner de avanzar con esta ley, sin eso hubiese sido imposible”, concluye Greta.

La madrugada del 15 de julio diversas organizaciones de todo el país llenaron cada rincón de la plaza esperando que finalmente ese proyecto que soñaron y construyeron colectivamente se hiciera ley.  Darío Arias, de Conurbanes por la Diversidad, comparte que “en términos de organización popular, este hito fortaleció la militancia por los derechos LGBTI a lo largo y a lo ancho del país entendiendo que no era un punto de llegada sino un eslabón más en la búsqueda de justicia social para todes”.

Siguiendo esta idea, Daniela Ruiz actriz y directora de la Organización 7 Colores Diversidad cuenta que, en ese momento, “nosotras como comunidad travesti trans veníamos de una historia de batalla contra los códigos contravenciones, de arrestos, veníamos de un lugar en el cual no nos importaba el matrimonio igualitario”.

“Pensábamos ¿Para qué queremos matrimonio igualitario? Pero, por otro lado, también lo entendíamos como estrategia política, ya que a nosotras nos garantizaba luego poner la ley de identidad género en la agenda política. Eso fue lo que hicimos. Además, para muches compañeres significaba el gesto de acá está esta ley, es la fuerza que nos da el reconocimiento, poder decir acá estamos, existimos”, destaca Daniela.

Greta Pena recuerda que “esa noche significó una explosión en todo el cuerpo, porque para todes les activistas esta ley significó una conquista colectiva, pero también una avance a nivel personal. Y hoy, en el día del aniversario, recordando ese momento, me resulta muy complicado, muy difícil explicarles a mis hijas de ocho y tres años que hace una década sus mamás no se podían casar”.

“El derecho a casarte primeramente significa tener derecho a no casarte. Es decir, antes de la sanción de ley, las personas LGBT no podíamos decir que no. Segundo, ingresar a este instituto del derecho civil nos permitió ingresar en una ciudadanía plena”, indica Greta. Sobre esta misma idea, Daniela Ruiz agrega que nunca fue partidaria del casamiento, pero  “tenía que estar la garantía de poder elegir, de decir quiero o no quiero”.

La sanción de la Ley cambió la realidad de muchos vínculos que ya existían, que compartían una historia, una espacio, un proyecto de vida en común, el reconocimiento “favoreció a las personas LGBTI de menos recursos, ya que pudieron acceder sin restricciones a las obras sociales, a las prepagas, a la pensión e, incluso, a poder tener derechos sociales”, recuerda la integrante de de 100% DyD, y  reflexiona sobre cómo “el matrimonio es un rito también, y la celebración  de estos en todo el país permitió el reencuentro con las familias, la visibilización en lo social, el respeto y poder decirlo como orgullo”.

*Integrantes de Mala Junta

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