Batalla de Ideas

14 julio, 2020

El Tercerismo en Uruguay: ¿Tercera posición o un debate identitario?

El presente artículo indaga acerca de la conformación del Tercerismo uruguayo en la obra de Aldo Solari, categoría inserta en un debate más amplio que excede al Uruguay. El Tercerismo aparece como una forma de comprender la realidad de la Cuenca del Plata a través de un pensamiento original, situado, cuya misión es la construcción de una identidad intelectual.

Emmanuel Bonforti

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El fin de la Segunda Guerra Mundial generó dos grandes ganadores, por un lado los Estados Unidos con su ingreso tardío en la contienda y su rol atómico decisivo para finalizar la Guerra en Japón, por el otro lado la Unión Soviética con su aporte definitorio a través del Ejército Rojo en el frente europeo dando el golpe en el corazón de la bestia, Berlín. El resultado de esto fue la emergencia de dos grandes bloques.

Sin embargo, los procesos de descolonización y los diferentes ensayos sobre la autodeterminación de los pueblos dieron origen a experiencias por afuera de estos dos grandes bloques. Las cuales tomaron variadas conceptualizaciones, semánticamente parecidas pero con connotaciones diferentes, de esta forma aparecen las nociones de Tercer Mundo, Tercera Posición, Tercerismo, entre otras.

El presente artículo tiene como objetivo caracterizar la emergencia del debate intelectual sobre el Tercerismo en Uruguay durante de las décadas del 50’ y 60’ a través de un breve recorrido sobre la obra Aldo Solari. Reconociendo que es un debate amplio y extenso en el que participan otros intelectuales. Por lo tanto, consideramos que es una polémica que excede la producción de este artículo y promete una continuación en próximas apariciones.

 Entre Alfred Sauvy y Juan Perón, ¿Tercer Mundo y la Tercera Posición?

Parece mentira que fueran los franceses quienes lograron sustantivizar dos realidades periféricas. Fue Michel Chevalier, soporte intelectual de la invasión francesa a México, quien bautizo a América Latina. Esta latinidad generada por Francia se extenderá poco en el tiempo, y serán los intelectuales españoles quienes se dedicarán a la tarea de discutir y abrazar la latinidad. América Latina quedará definitivamente vinculada a la tradición hispánica en oposición al bloque sajón.

La otra gran creación nominal francesa fue la del sociólogo Alfred Sauvy, quien a comienzos de 1950 desarrolló la noción de Tercer Mundo, donde se buscaba cierta analogía con el tercer estado pre revolucionario en Francia, el cual estaba integrado por los sectores más bajos de la sociedad monárquica. Este nuevo bloque mundial se caracterizaba por una economía dependiente, proveedora de materias primas, además de tener altos índices de analfabetismo, alta tasa de crecimiento demográfica. Este Tercer Mundo encontró un momento fundante en la Conferencia de Bandung de 1955, de la que participó el movimiento de países no alineados.

Sin embargo, existió un antecedente criollo que marcó la idea de una posición por fuera de los bloques hegemónicos: en julio de 1947 Juan Domingo Perón sentó las bases de la Tercera Posición en clave filosófica, antropológica, comunitaria y geopolítica. En un discurso transmitido a 1000 radioemisoras, el presidente argentino criticó los extremos capitalistas y totalitarios, poniendo a la humanidad en el centro sobre los sistemas. El mensaje de Perón aspiraba a la paz en un mundo ante una Tercera Guerra Mundial, que parece inevitable en 1947.

El proceso de Justicia Social iniciado en Argentina abría un parte aguas no solo en la sociedad local, sino también en los países vecinos. En ese sentido, buena parte del Uruguay neo batllista desde Montevideo veían el proyecto político argentino con “vocación imperialista”, imagen construida por sectores porteños del arco liberal que emigraron de forma voluntaria al vecino país.

El estudiantado de la Universidad de la República replicaba este discurso anti peronista. El Uruguay era un país semicolonial de características excepcionales, forjado al calor del intercambio comercial con el imperio británico e influenciado por una imitación de la cultura europea. Este Uruguay atlántico era el reflejo de Montevideo, quien daba su espalada a la pradera oriental, como también a la realidad latinoamericana.

A partir de 1950 Uruguay mostró signos de agotamiento económico y político. Asistimos a una crisis que atravesó a toda la sociedad uruguaya. La Universidad no podrá escapar de este clima de época, y a partir de la pos Guerra también se vio atravesada por una concepción Tercerista vinculada a un profundo rechazo al capitalismo, no solo como sistema económico, sino como ordenador de las relaciones sociales.

Identificamos como el antiperonismo previo de la intelectualidad uruguaya obligaba a los estudiantes terceristas a mostrarse no deudores del concepto trabajado previamente por Perón.

Carlos Quijano para esta época era ya un maestro de juventudes, su influencia en la Universidad de la República era un hecho. Desde el Seminario Marcha alienta e impulsa debates culturales y políticos de la época. Y a partir de 1947 instaló la idea del Tercerismo como una opción al mundo bipolar de pos guerra. Reconocemos una forma criolla que se adelantó a Alfred Sauvy. En algunos editoriales del Semanario Marcha del año 47 se observan títulos como “Ni protegidos de EE.UU. ni súbditos de la URSS”,haciendo una clara referencia a una opción que transite de manera independiente de los bloques hegemónicos. En 1948 Quijano escribió un editorial titulado La Tercera Posición, tres ediciones después otro editorial llevó el título Sobre la Tercera Posición, para esta época la carta de lectores también discutía o aseveraba la línea editorial de Carlos Quijano.

De esta manera es posible identificar un dialogo que transitaba la omisión, el desencuentro, el enojo, pero encuentra sintonía en categorías y posicionamientos en ambas márgenes del Plata, desde Argentina en clave política y desde Uruguay en el plano cultural y comunicativo, claro está que toda comunicación es política.

Tercerismo como categoría generacional

La denuncia desde el plano cultural a la crisis uruguaya surge en clave generacional. El escritor Emir Rodríguez Monegal en su libro Literatura uruguaya del medio siglo se encargó de caracterizar a la Generación de 45 como polémica, la cual rompió con el ideario cultural de la generación intelectual del Uruguay semicolonial. Para el caso nos detendremos en Ángel Rama y su obra la Generación Crítica, donde amplía el concepto de Generación del 45, segmentando las preocupaciones intelectuales de acuerdo a dos períodos. Así, de 1938 a 1955 las reflexiones de éstos intelectuales se orientaban en relación a la temática internacional, pero a partir de 1955  la preocupación adquirió ribetes nacionales.

El espíritu crítico que emana de esta nueva construcción de cultura atraviesa manifestaciones artísticas. Desde la poesía, al teatro a la música, todas coinciden en la crítica a las formas culturales del Uruguay semicolonial. Para romper con la cultura precedente se debe formar una conciencia crítica, que en el caso uruguayo parece nacer de una desilusión, como dice Ángel Rama. De esta manera consideramos que en la demolición de ese falso parnaso también es posible la creación de una conciencia Tercerista, fundada en la recuperación del vínculo del Uruguay con sus vecinos.

El Tercerismo en Aldo Solari

Aldo Solari fue, junto a Carlos Real de Azúa y Arturo Ardao, uno de los autores que se propuso conceptualizar el Tercerismo de forma más acabada. Su trabajo tiene pretensiones académicas de transcendencia, e intentó codearse con las producciones que trabajaron nociones vinculadas a la dependencia, al subdesarrollo y a otros conceptos claves de las ciencias sociales durante la década del 60’. Su trabajo impulsó una serie de polémicas al interior del mundo intelectual uruguayo, trascendiendo fronteras.

El texto de Solari arranca con una frase que va a encender la polémica: “El Tercerismo es una ideología política”. La segunda definición de Solari será que es una posición en política internacional, y este enfoque tenderá puentes con otros autores. Así como otros intelectuales de su generación, Solari realiza un diagnóstico donde caracteriza a los partidos políticos tradicionales como colectividades que adquirieron comportamientos nacionales. Asimismo, la ausencia de una conciencia nacional se vinculaba con el proceso inmigratorio, motivo por el cual identificaba a Montevideo como una ciudad cosmopolita. En ese esquema, pensar la integración, tanto al interior del Uruguay como en relación con la cuenca del Plata, era tarea imposible.

Sin dudas lo sucesos de las dos Guerras Mundiales son ingredientes para comprender posiciones Terceristas. Uruguay mantuvo en éstas una situación neutralista, será éste concepto un elemento clave para comprender el Tercerismo. En el trabajo de Solari, el Tercerismo se vincula a una independencia espiritual. Dice el autor que abonar en el Tercerismo implica una independencia cultural y de importación. Este posicionamiento era una señal al mundo universitario, ya que algunos grupos se sentían identificados por la sensibilidad del bloque teórico soviético. 

Solari coincide en identificar al Tercerismo por su oposición a cualquier manifestación imperial. El autor se despega de aquellas voces que critican al Tercerismo endilgándole solo una actitud crítica ante los Estados Unidos, a lo que Solari responde que esto se debe fundamentalmente porque la verdadera presencia imperial en la región es la de los Estados Unidos. En este punto, el autor considera que se crítica lo que se conoce de forma directa. Esto no invalida que se impugna la política internacional soviética a lo largo del mundo. La Revolución cubana fue un parte aguas para explicar el Tercerismo, ya que muchos de sus intelectuales apoyaron el primer momento de nacionalización del proceso, pero algunos dudan en respaldar el giro al marxismo.

El otro gran elemento que desarrolla Solari es el vínculo entre Nacionalismo y Tercerismo. El autor refiere que no hay contradicción entre estos términos, sólo hay que preguntarse si la relación entre nacionalismo y Tercerismo es una constante. Así, el vínculo entre Tercerismo y Nacionalismo se entabla en la dedicación hacia temas nacionales que supo tener la Generación Crítica a partir de 1955. El trabajo de Solari va en esta sintonía, ampliando el carácter de la nacionalidad, rompiendo con el mito de la excepcionalidad uruguaya para llevarla al terreno de las problemáticas en común.

Como para Perón, el Tercerismo de Solari presenta características defensivas, y es un intento de toma de conciencia que apunta a evitar un enfrentamiento bélico a escala mundial. Con lo cual aparece como una suerte de nacionalismo compartido, se alberga la esperanza de formar un tercer bloque atravesado por una misma sensibilidad y problemática.

De esta manera hemos realizado un breve recorrido sobre algunos de los puntos claves para comprender el Tercerismo, establecimos diferencias entre Tercer Mundo y Tercera Posición, problematizamos acerca de este concepto y el mundo de posguerra. Le dimos entidad y reconocimiento a la prédica internacional de Perón, como también a la recepción por parte del ambiente intelectual uruguayo sobre la idea de Tercera Posición.

Por último trabajamos muy brevemente el concepto en relación al recorte de la obra de Aldo Solari. Nos queda profundizar sobre las diferencias y los puntos de acuerdo entre autores uruguayos sobre el Tercerismo, analizar las causas de su auge pero también de su declive. Por lo pronto se trató de mostrar al Tercerismo como un concepto que es propio de un debate de época, marcado por una crisis integral del Uruguay. Así también, la relación entre nacionalismo y Tercerismo y el rechazo hacia cualquier amenaza imperialista. A modo de cierre, no logra identificarse por parte de Solari una agenda programática que trascienda el diagnóstico de la dependencia.

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