Cultura

23 julio, 2020

Peter Sellers: el comediante de los 15 infartos

Este 24 de julio se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Peter Sellers, uno de los comediantes más grandes de la historia, que supo aportar su carisma a genialidades como La Pantera Rosa, Dr. Insólito, La fiesta inolvidable o Desde el jardín.

Peter Sellers no era él, sino su hermano. Él fue bautizado como Richard Henry Sellers. Pero cuando nació, un 8 de septiembre de 1925, en Hampshire, Reino Unido, sus padres aún lloraban la muerte de Peter, acaecida algunos años atrás, e insistieron en llamarlo siempre con ese nombre. Un primer dato complicado para una biografía siempre difícil.

Su infancia estuvo marcada por la vida itinerante de sus padres, actores en la compañía teatral de su abuela, así como por el carácter autoritario de su padre y una relación de fuerte dependencia respecto de su madre.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, con apenas 15 años, debió abandonar los estudios al ser reclutado por la Real Fuerza Aérea británica. Como ya despuntaba como comediante, se lo destinó al llamado Gang Show, un grupo cómico que se dedicaba a entretener a los soldados. Así recorrió diversos países asiáticos, entre ellos la India, Ceylán y Birmania.

Al terminar la guerra conoció a Spike Milligan, Harry Secombe y Michael Bentine, con quienes en 1951 comenzó con un show radial en la BBC llamado “The Goon Show”, que se extendió hasta 1960. En el programa, Sellers le sacó provecho a sus experiencias durante la guerra componiendo personajes franceses, indios, americanos o alemanes. Su increíble capacidad para las imitaciones también se lucía con los diversos acentos regionales británicos.

Los récords de audiencia le permitieron saltar a la televisión y al cine. Su debut en la pantalla grande fue con Penny Points to Paradise (1951) y siguió con diversos papeles secundarios hilarantes hasta conseguir su primer protagónico con El quinteto de la muerte (1955). Su éxito actoral lo alejó de otra de la pasión por la percusión. Numerosos testimonios dan cuenta de Sellers como un virtuoso de la batería, que supo perfeccionarse con la leyenda del jazz británico Joe Daniels.

Otros éxitos de la época fueron el musical El Pequeño Gigante (1958), Un Golpe De Gracia (1959) y La Batalla De Sexos (1960). Sus performances llegaron a impresionar al genial director estadounidense Stanley Kubrick, quien lo elegió para el rol de Clare Quilty, el antagonista de Humbert Humbert en Lolita (1962). Se dice que el obsesivo Kubrick estaba tan impresionado por las dotes actorales de Sellers que era al único que le permitía improvisar en el set.

Ya conquistado el reconocimiento universal, Sellers comenzó a filmar una de las comedias por las que más se lo recordaría. En 1963 se estrena La pantera rosa y su papel como el inspector Clouseau, que en principio no era central, pegó tanto que luego Blake Edwards continuó la saga con otras cuatro películas. Mientras Sellers filmaba la primera, Kubrick le presentó otro guión y le preguntó qué papel le gustaría hacer. Después de leerlo la respuesta del actor fue: “Todos”. Sin embargo, apenas se dio el gusto de interpretar a tres personajes (un inglés, un norteamericano y un alemán) en Dr. Strangelove (1964), interpretaciones geniales con las que consiguió su primera nominación al Oscar.

En 1964, en la cúspide del reconocimiento, Sellers atravesó uno de sus momentos más difíciles. Su salud deteriorada por reiterados abusos de drogas y alcohol le pasó factura mientras filmaba ¡Bésame, tonto! A pesar de sufrir ni más ni menos que 13 infartos durante el rodaje, continuó negándose a los tratamientos médicos tradicionales, prefiriendo las “terapias psíquicas”. Llegó a afirmar que producto de estos ataques al corazón había visitado realmente el “Más allá”.

Este aspecto místico de su personalidad era conocido desde hacía tiempo, así como sus fobias y supersticiones extremas. Su astrólogo de cabecera, a quien consultaba constantemente, sobre todo antes de tomar algunas decisiones para su carrera era Maurice Woodruff (de quien se cuenta que no tenía problemas en aceptar sobornos de productores o directores para influenciar a Sellers a aceptar algún papel).

Woodruff también influyó indirectamente en la complicada vida matrimonial del actor. Éste ya se había separado de su primera mujer, Anne Hayes, y cuando el astrólogo le sugirió que las iniciales B.E. (por Blake Edwards, quien le había pagado para ser recomendado) iban a ser muy importantes en su vida decidió casarse con la actriz sueca Britt Eckland, con quien tuvo una hija y un complicado matrimonio de cuatro años.

En 1965 filmó ¿Qué tal, Pussycat? junto a Woody Allen, Ursula Andrews y Peter O’Toole y ya comenzó a manifestarse como un personaje problemático en los sets. Su inseguridad y competitividad lo llevaban a chocar constantemente con Allen (quien además era el guionista del filme). En 1969 volvió a encontrarse con los mismos compañeros de elenco en el set de la parodia bondiana Casino Royale, con el agregado del imponente Orson Welles (que protagonizaba al archivillano Le Chiffre). Aquí los duelos de egos sumaron roces al ya complicado y excedido plan de producción y Sellers tuvo que abandonar el proyecto antes de tiempo.

Pero poco antes de caer en desgracia, había filmado una de las comedias más perfectas de todos los tiempos, La fiesta inolvidable (1968), también bajo las órdenes de Blake Edwards. Este último gran éxito, la fórmula infalible para la felicidad, precedió a una década completa en baja en la que trabajó en algunos filmes clase B, de entre los que apenas destacan tres episodios más de la saga de La Pantera Rosa (en 1975, 1976 y 1978).

A estas alturas ya se había separado de su tercera mujer (la modelo australiana Miranda Quarry) y contraído nuevas nupcias con la actriz inglesa Lynne Frederick en 1977. Éste también fue año de su decimocuarto infarto, del que salió con un marcapasos. Sin embargo, el final de los años setenta le tenía reservada una carta para un regreso triunfal.

Un Peter Sellers ya muy afectado por sus problemas cardíacos se comprometió en la adaptación de la novela de Jerzy Kosinski Desde el jardín. El papel de Mr. Chance, el jardinero autista que gracias a su ingenuidad y desconocimiento del mundo acaba triunfando en la política, le dio al comediante su segunda y última nominación al Oscar (que finalmente ganó Dustin Hoffman por Kramer vs. Kramer).

Fue el último gran trabajo de un actor maravilloso que, sin embargo, no parece haber sido muy feliz más allá de los sets de filmación. Sus problemas de salud se combinaron con depresiones, inseguridades y múltiples trastornos psicológicos. Sellers solía decir que si le preguntaban quién era en realidad no lo sabía, que no podía encontrar una personalidad propia más allá de las de sus personajes.

El 21 de julio de 1980 sufrió el ataque cardíaco definitivo en la suite del Hotel Dorchester y entró en coma. Tres días más tarde, murió en un hospital londinense. Su último trabajo cinematográfico, que había llegado a completar, fue El diabólico plan del Dr. Fu Manchu, estrenada pocas semanas después de su muerte. Por suerte, Sellers ya no estaba por allí para ser testigo de las pésimas críticas que recibió la última interpretación del que en algún momento fue reconocido como el comediante más grande del mundo.

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