Géneros

28 julio, 2020

Mariconas

La muerte de María Rosa Lencina, una vecina del Barrio Mugica de 27 años, y la pérdida de su embarazo de 38 semanas, fueron fruto de la violencia obstétrica.

Sol Martínez Allende

@solmar1936

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Nos acabamos de enterar de la muerte de María Rosa Lencina y un embarazo a término. María vivía en el Barrio Mugica, la 31, la villa de Retiro, uno de los barrios más golpeados por la pandemia del COVID 19 por su hacinamiento y la deficiencia en el acceso a los servicios sanitarios básicos, siendo las dos principales herramientas de prevención del contagio el distanciamiento y la higiene.

María, como la mayoría de sus vecinas, no tenía obra social, se atendía en el hospital público, lo cual no debería ser un problema en la ciudad más rica del país y viviendo bastante cerca de importantes centros de salud. Pero en el contexto de pandemia y de hospitales a punto del colapso, acceder a la salud suma una complejidad mayor.

María no recibió la atención que ella y su bebé en gestación necesitaban y merecían, sino  por el contrario, se encontraron con una cadena de violencias que la condujeron a la muerte.

Esa mañana se despertó con dolores muy fuertes en el bajo vientre y llamó al SAME, pero la ambulancia tardó dos horas en llegar. Fue trasladada al Hospital Fernández donde fue ninguneada, destratada, e insultada. Al llegar a la institución hubo advertencias entre el personal acerca de su domicilio, cuando por protocolo todo paciente debe ser atendido con las mismas precauciones, cuidando tanto su salud como la del mismo personal.

Luego fue obligada a trasladarse sin compañía ni ayuda hasta el sector de obstetricia, sin el cumplimiento del protocolo del Ministerio de Salud, que es muy claro acerca de la vigencia de la ley de parto respetado y en especial del derecho a estar acompañada en todo momento. Ese derecho no puede ni debe verse afectado por el contexto de pandemia.

Por último, luego de realizarle análisis de orina y de sangre y sin diagnóstico certero, la mandaron de nuevo a su casa tratándola de “maricona” por haberse quejado. Su tía Norma, quien estuvo a su lado sosteniendo y acompañándola, fue quien insistió con la necesidad de que quede internada, pero no consiguió tampoco ella ser escuchada.

Al día siguiente, con los mismos dolores y en auto particular, otra vez en compañía de su tía, llegó al Hospital Rivadavia donde, luego de una interminable espera en la guardia, fue operada de urgencia y tanto ella como su hija fallecieron.

Estamos frente a un caso claro de violencia obstétrica, esa violencia de la que nadie habla, que se naturaliza, que se minimiza.

La violencia obstétrica según la Ley 26.485 es aquella que se da en el proceso de gestación, parto y puerperio de parte de les profesionales y personal en general de las instituciones médicas. Esta violencia puede ser psicológica, física, sexual, incluso económica y simbólica. En el caso de María Rosa fue vulnerado su derecho a la salud, su autonomía sobre su cuerpo subestimando su dolencia. Fue menospreciada por su condición social cuando se advirtió entre el personal su domicilio, fue violentada físicamente obligándola a caminar a pesar de su estado, fue violentada psicológicamente tratándola de maricona y subestimando su autopercepción y su palabra.

Esto deja al descubierto la importancia y la urgencia por combatir y erradicar la violencia obstétrica. No se trata de “caprichos” ni de “modas”, y menos que menos un tema de “la clase media”, es el derecho de todas las mujeres a ser consideradas sujetas de derecho, a tener en cuenta su percepción acerca de su cuerpo, a contar con la atención adecuada para el acompañamiento y la intervención ahí cuando es necesaria.

Es urgente la formación emulando a la Ley Micaela en las instituciones médicas, es fundamental que contemos con profesionales y personal de salud con perspectiva de género que destierre estas prácticas que, lejos de ser inofensivas, pueden ocasionar secuelas importantes físicas y psíquicas en personas gestantes y recién nacidas. También pueden conducir, como lamente lente sucedió esta vez, a la muerte.

Ninguna circunstancia por difícil que sea justifica el abandono de persona, el maltrato, la subestimación del dolor, el insulto y la violencia. María Rosa somos todas, María Rosa gestó en cuarentena, pero sus derechos y los derechos de todas no están en cuarentena.

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