El Mundo

28 julio, 2020

Portland: ensayo general del país que sueña Trump

En esa ciudad del noroeste de Estados Unidos las protestas tras la muerte de George Floyd nunca se detuvieron. Donald Trump decidió enviar fuerzas federales de asalto para reprimir violentamente a los manifestantes.

Nicolás Zyssholtz

@likasisol

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El Noroeste del Pacífico es una región con una reputación progresista en Estados Unidos. Especialmente los dos grandes centros poblacionales de la zona, las ciudades de Seattle, Washington, y Portland, Oregon. Esta última se convirtió desde principios de mes en un verdadero campo de batalla donde el gobierno de ultraderecha de Donald Trump intenta hacer una demostración de fuerza de cara a las elecciones de noviembre.

Las protestas en Portland comenzaron en mayo, como en prácticamente todas las otras ciudades grandes y medianas del país, luego del asesinato a manos de la policía de un hombre afroamericano, George Floyd, en la ciudad de Minneapolis. Si bien el movimiento que se generó ya dejó una marca en la política local, lo cierto es que las manifestaciones empezaron a decaer desde mediados de junio. Pero allí, en el estado de Oregon, no: hasta el 28 de julio inclusive, son 62 los días consecutivos de protestas en las calles.

Como sus vecinos de Seattle, que llegaron a tomar una pequeña porción del centro de la ciudad y declararlo “zona libre”, en Portland los manifestantes demostraron niveles altos de organización y claridad política.

Donald Trump ya había lanzado el 26 de junio un decreto que entregaba la defensa de edificios y monumentos pertenecientes al gobierno federal al Departamento de Seguridad Nacional, un monstruo creado en 2002 por George W. Bush para proteger al país de la “amenaza terrorista”, que también tiene a su cargo tareas de persecución a inmigrantes pobres y a militantes de izquierda.

Pero el decreto llegó demasiado tarde, cuando la ola de protestas ya había entrado en un período de reflujo. Para ese entonces, solamente quedaba Portland para hacer una demostración de fuerza. La represión recrudeció en los últimos días de julio en la ciudad, y las denuncias de abusos policiales y detenciones injustificadas se extendieron.

Como consecuencia, volvió a haber protestas en otras ciudades del país, y en Portland la masividad creció. Objetivo logrado: el presidente estadounidense busca mostrar caos, y mostrarse como la única persona capaz de controlarlo.

Trump considera que el centro está perdido y que la única manera de ganar las elecciones de noviembre es arrastrar la mayor cantidad de votos a la derecha pegada a la pared en la que su gobierno se ubica. Aunque la conciliación nunca fue su fuerte, ahora es evidente que radicalizar su discurso y sus acciones es el camino que va a transitar desde ahora hasta el día en que enfrente a Joe Biden en las urnas.

Mientras las calles de Portland se incendian, simbólicamente pero también en sentido literal, se da otra batalla entre las élites gobernantes. Una demanda del estado de Oregon contra el gobierno federal pidiendo el retiro de las tropas convirtió la crisis política y social en, además, una crisis constitucional.

Liderados por Ted Wheeler, el alcalde demócrata de Portland, intendentes progresistas de varias ciudades importantes piden que el Congreso prohíba la presencia de tropas del gobierno nacional en territorios estatales.

Mientras los muertos por coronavirus se siguen contando por miles todos los días, Trump decide no pelear contra la pandemia y, en cambio, convertir en campo de batalla las calles de su país. Quién saldrá victorioso lo sabremos en noviembre.

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