Mundo Gremial

7 agosto, 2020

San Cayetano, lucha y religiosidad popular en tiempos de crisis

Un santo del pueblo que cobra vitalidad en tiempos de crisis y una movilización con cuatro décadas de historia que hoy encabeza un nuevo sector de la clase trabajadora.

Nicolás Castelli

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“El que debe responder no ha de ser San Cayetano, los que deben responder están mirando a otro lado”, dice la letra de una canción de Peteco Carabajal y Teresa Parodi.

A lo largo de nuestra historia no han sido pocas las veces que quienes deberían responder a las necesidades de los más humildes han mirado hacia otro lado, ya sea hacia el norte, el mercado y el poder económico concentrado, pero casi nunca hacia nuestro pueblo, tal como sucede hace cuatro años con el gobierno de la Alianza Cambiemos.

El credo popular siempre ha guardado relación con el contexto socioeconómico. En este sentido, los sectores populares han ido venerando a figuras que no responden necesariamente a la ortodoxia eclesiástica oficial, sino a su condición de héroes populares, como por ejemplo el Gauchito Gil. 

Pero a la vez, también han sido puestos en el altar determinados santos cuyas acciones benéficas constituyen una respuesta esperanzadora a necesidades insatisfechas y derechos vulnerados de las mayorías populares.

Un poco de historia

Tal es el caso de San Cayetano, patrono del Pan y el Trabajo, surgido en el marco de la crisis mundial capitalista de 1930 que en nuestro país tuvo como correlato el golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen, la restauración del régimen oligárquico/conservador y el inicio de la denominada “Década Infame”. 

Aquellos años de penuria comenzaron a posicionar a San Cayetano como uno de los santos con más devotos en nuestro pueblo que así como en tiempos de crisis se crea su propia economía para subsistir, también apela a sus propios símbolos para seguir creyendo.

El 7 de Agosto -día en que se celebra la festividad del santo del trabajo en la parroquia del barrio porteño de Liniers- ha ido convirtiéndose a través del tiempo en un fenómeno de religiosidad popular y a la vez en un termómetro de la situación social y económica de los sectores populares.

Durante la última dictadura cívico-militar y en los años noventa se dieron las celebraciones con mayor masividad.

Considerada años después como una de las primeras marchas contra la dictadura genocida, el 7 de noviembre de 1981, la CGT Brasil, conducida por Saúl Ubaldini, llamó a movilizar desde la cancha de Vélez a la parroquia de San Cayetano bajo la consiga Pan, Paz y Trabajo. 

En años de terrorismo de Estado, de la plata dulce y la destrucción del aparato productivo del país, el culto popular a San Cayetano actuó como un catalizador de la esperanza del pueblo trabajador en un futuro mejor y como expresión de resistencia de un pueblo castigado económica y socialmente.

En los años menemistas y de la primera Alianza, la fe popular tampoco fue ajena al contexto social de exclusión generado por la aplicación de las políticas neoliberales del Consenso de Washington. Los altos índices de desocupación y la extrema pobreza de aquellos años congregaron a más de cuatro millones de personas para el día de San Cayetano en el año 2000.  

Casi 30 cuadras de cola durante días y horas para entrar solo unos minutos a la iglesia, prenderle una vela al santo y pedirle el pan y el trabajo que la política de Domingo Cavallo, Carlos Melconian y Federico Sturzenegger les había quitado.

Las nuevas realidades

Esta movilización tuvo su inspiración en la que la CGT liderada por Ubaldini hizo hace casi 40 años. Y como aquella, volvió a conjugar religiosidad y reclamos populares en tiempos de crisis, con la diferencia que en esta época el recorrido cruza toda la ciudad desde Liniers hasta Plaza de Mayo.

Pero además de la trayectoria de la marcha, la composición de la misma muestra una clase trabajadora mucho más heterogénea que la de aquel entonces, donde las nuevas realidades del mundo del trabajo –como la economía popular- salen a la calle junto a los trabajadores y trabajadoras de la economía formal para decirle basta una vez más a otra ofensiva neoliberal.

La marcha de San Cayetano en 2016 fue el bautismo en las calles de la economía popular organizada que hizo visible a una parte del pueblo trabajador que existía hace tiempo pero que muchos desconocían en su realidad productiva, magnitud y alcance.

Desde ese entonces, la economía popular fue constituyéndose, junto al movimiento feminista, en uno de los actores políticos y sociales más dinámicos en la lucha contra el macrismo y en el caso de la UTEP, el emergente de una gremialidad de nuevo tipo que hoy nadie puede desconocer.

Con una fuerte capacidad de movilización en estos años de pérdida de derechos, el gremio de la economía popular presentó proyectos en el Congreso de la Nación que luego se hicieron ley, ganando derechos para el sector más desprotegido del movimiento de trabajadores y trabajadoras. 

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